Porque hay a quien le gusta el olor reciente de un café cortado. Porque hay quien grita "touché!" cuando se encuentra una mirada diferente. Porque cruzar en rojo da la vida y con los ojos cerrados se llega antes a ese otro lado adictivo, furtivo y agridulce. Porque las entrelineas guardan los secretos y ayudan a imaginar. Bienvenidos, pasen y lean...

29 junio 2009

Se quedó a dormir con Irán,
que reprimía su inspiración como él en el baño

los gritos a los quince.

La hipoxia no entiende de edad,

ya sabes,

me decía con los labios azules y el mercurio desparramándose

entre las juntas de las baldosas,

como el amor en primavera.

22 junio 2009

STRIGIDAE

Separaba las plumas con el tenedor,
y cortaba con esfuerzo los tendones de sus patas en rigor mortis.
Destacaba la suciedad extrema del plumaje del búho con el brillo del filo de plata de la vajilla.
Un regalo de la abuela. Aún con las tripas fuera, el búho,
tenía mejor aspecto que la abuela.
Un trozo de carne le colgaba de la barbilla, y escurría un hilo de sangre propio de la carne cruda. Gotas de sangre y saliva mezcladas entre el vello de su barbilla.
Hirsutismo.
Una distribución del vello, propiamente masculina, en la mujer, debido a una sobreproducción de andrógenos. Eso le dijeron en aquella consulta. Un tumor en la médula de la glándula suprarrenal, que al comprimirse, (cuando defecaba, por ejemplo, al vestir pantalones que apretaban su cintura, por ejemplo) expulsaba una cantidad extra de hormonas masculinas a su torrente circulatorio.
Sonó el teléfono en el silencio de la casa.
Necesitaba un trapo. La servilleta estaba demasiado impregnada de la sangre del búho.
Un trapo en la boca.
Iba a vomitar.

15 junio 2009

CV

Antes de dedicarse a viajar por el mundo recortando con unas tijeras verdes erratas de libros escritos en cualquier idioma para después meterlas en cajas de música, se había dedicado a plantar huesos de durazno en la cuneta del kilómetro cero de cada estado. Para lo cual dejó su anterior empleo, que no era otro que robar cucharillas de café, luego fundirlas y dar forma a canalones para que cuando dejasen pasar lluvia a su través, el olor a Colombia inundase toda la avenida. Mucho antes había introducido su hocico en la compraventa de caballos mansos a los que volvía salvajes recitándoles palabras obscenas al oído sílaba por sílaba, hora tras hora, y haciendo el amor delante de ellos como si fuera un animal que al final del combate lame los ojos de su amante. Previamente tuvo que dejar el trabajo artesanal. Crear con sus manos ojos de muñecas, huecas por dentro, en las que los contrabandistas metían opio en el país. Claro, todo esto fue antes de que le echasen de la agencia literaria, y mucho antes de estudiar economía. Lo que nadie entendía era cómo cada 9 de septiembre ella metía todo lo que tenía en una maleta para seguirle y dedicarse, según decía, a aquello para lo que había nacido. Nadie pensaba, claro, que se refería a eso tan bien remunerado de ser feliz.

08 junio 2009

4/1

Acabo de salir.
Dos horas en un aula magna en la que destripan enfermos de cáncer en preguntas tipo test, (penalización 4/1), para que elijamos, muchas veces al azar, opiáceos que aliviarán levemente su dolor animal y metastásico. Quizá óseo, prostático, tal vez pulmonar. Obviamente no les curará de la muerte el hecho de que se les administren vía intravenosa, o el de que yo haya puesto una cruz negra, paradójicamente, en la opción A.
Acabo de salir.
Les tengo calados. A todos. Son simples. O yo muy lista. El cielo está nublado y la humedad del ambiente arruga los gestos como si fueran yemas de dedos de niños tras un baño caliente. Camino deprisa y sudo. Bajo unos 5 centímetros la cremallera de la cazadora hasta que destapo la porción superior de mi cuello. Esa que estaría abultada si tuviera pene, o si hiciera todo lo posible por tenerlo. Noto cómo el sudor se va enfriando, creando una película gélida que envuelve la base de mi cabeza, mientras el pelo, empujado por el aire, me oculta trozos de cara. Una mujer camina perpendicularmente a mí en un cruce. En esa esquina en la que hay una tienda de interruptores. ¿Cómo coño puede existir una tienda que exclusivamente venda interruptores? Me jugaría un ovario, ese que estaba crujiendo hace una hora, a que en el sótano hay doce blancas del este prostituyéndose treinta horas al día. La mujer se cruza por delante. Camina con los brazos balanceándose en un abrigo gris, abre la boca y deja caer mirando al suelo un escupitajo. Puedo ver perfectamente las burbujas cristalinas nadando en la saliva blanca y poco consistente de la mujer. Se gira levemente. Es demasiado posible que me haya visto el asco en la cara. Sigo caminando. Llego a la plaza del Oeste. Está en obras, no lo sabía. Parece que hace más de una semana que salí de aquí. Me cambio de acera. Me cruzo con una chica con el pelo corto, morena, ropa ancha. Lesbiana. Mucho. Me suena su cara. Mucho. Ana. Se llama Ana. Y fue conmigo durante un par de años al colegio. No la veía desde los cinco años.
Acabo de salir.
Doblo otra esquina. Una panadería. El panadero es rubio y parece ruso. Es exactamente igual que Pocholo. Con la coca espolvoreada sobre las magdalenas pone a tono a las putas del sótano de la tienda de interruptores. Me juego el otro. Ese no cruje. Sigo. Paso por la frutería. El chico debería haber dejado de intentar echarme un polvo el primer día que no respondí a su mirada entre las cajas de fresas. Ya ni siquiera le miro, pero sé que él sigue el movimiento coordinado de mi muslo y mi cadera hasta que me pierde de vista. Sigo, cruzo, acabo de salir y voy a entrar. Saco las llaves. Está empezando a pintinear. Ya sé que no existe esa palabra. Me la suda. Subo en el ascensor. Mi compañero de piso no está. Estoy sudando. Entro en mi cuarto. Ha hecho la cama. Se ha dejado su mp4 verde y ha hecho la cama. Me quito la ropa lo más rápido que puedo y me pongo el cabezal de un uniforme de quirófano. Sacyl. Lo robé en una práctica de anestesia. Éste y otro. La pelusa de debajo de la mesa tiene edad para emanciparse. Mi ropa interior está doblada encima de la cama. Volverá en 15 minutos y me mirará escribir tumbado.
Acabo de salir.
El opio. El monstruo del cáncer. Las rubias del sótano. El polvo de dentro de 15 minutos. Ser feliz. ¿Ser feliz ? La opción A.

16 mayo 2009

Together Better!!


30 de mayo a las 22:30
en Soul Station,
Cuesta de santo domingo 22
5€ en
6€ en taquilla
Te lo vas a perder???

11 mayo 2009

VOZ-ALES (o el Área de Broka)


Tenía que decir, y dije,
que un paraguas abría en canal mi esófago,
desgarrándolo como el útero de Dios,
y que la sangre tomaba el camino alternativo
que separa mi lengua del resto de las lenguas.


Dar la vuelta a la cuchilla, subirme descalza
y aliñar con el sudor del neopreno
el sudor de los ángulos obtusamente abiertos.


Dije que los dedos de los niños llevarían al infierno
a quien no supiese del diámetro mínimo de vida,
que un ramo de arrugas se muere de silencio
y que hacerle el amor (shhh) te dejaría completamente ciego.


Y ahora que ya no tengo nada que decir,
absolutamente nada,
que el mundo va perdiendo más decibelios que vinagre
y menos grados que líquido anticongelante,
ahora que callo como esas dignas mujeres que fuman,
simplemente me dedico a mirar la boca de los mudos,
porque ellos, al fin y al cabo,
siempre supieron lo que se hacían.

04 mayo 2009

EUREKA

Para tus 28 luces de Neón,
que ya las quisiera Edison...



El día que descubrió cómo la primera había crecido en su vientre fue el más extraño de su vida. La vio cuando después de matar a golpes al despertador, se metió en la ducha, dejando en el suelo su bata de guatiné, mientras el agua le iba surcando el torso. Pasó la mano un palmo más allá de su séptima costilla y notó su superficie fría y lisa. Los días siguientes fueron apareciendo más, de diferentes tamaños y potencias. En la cara interna de los antebrazos, en el cuello, en la espalda, pequeñas y de colores entre los dedos. Cualquier empresa de publicidad le hubiese contratado indefinidamente y miles de mujeres hubiesen arrancado orgasmos eléctricos de su regazo. Pero la mañana en la que tuvo una gran idea la explosión de su cuerpo fue tal, que los meses posteriores a su muerte no dejaron de crecer en los alrededores de su casa flores con filamentos de tungsteno como estambres.

29 abril 2009

ESTA NOCHE...

EN RADIO PERSONA

A LAS 22:00

EN EL CAFÉ MODERNO



26 abril 2009

CAMBIO CLIMÁTICO

Para Lara...

Siempre tuviste un mar en cada ojo y la calma en la palma de las manos. Todas las respuestas en la base de la lengua, que jugaba con los dientes como delfines en un plato. Y de la punta de tus pies a la punta de mis pies un par de décimas de fiebre o un par de marcapasos. Por eso me gustaba caminar a tu lado entre los restos de septiembre de los restos del verano, ver alguna que otra película, seguir vías neuronales, reírnos de la falda bioestadística por excelencia y provocar anemia de twist al torrente sanguíneo de la máquina de monedas. Y en cambio, el cambio climático nos cogió poco a poco y por sorpresa. Nos heló el chocolate, los planes, las monedas, nos confundimos de acera y de país inventado, y cada una cogiendo al mundo por un lado. Y tú como la mano invisible del padre en la bicicleta, y yo, sin frenos, cogiendo curvas en el extrarradio. Y menos mal que otro cambio de los nuestros absurdos y climáticos ha traído de las orejas y de vuelta al verano. Porque te echaba demasiado de menos, y regar con ojos (y pañuelos de menta) el casco antiguo ha sido el antídoto del año.

18 abril 2009

EN CONCIERTO...



Esta vez no es un recital de poesía
ni tampoco una colaboración...
Por primera vez este miércoles cantaré todas mis canciones
en El Savor y con la compañía del genial Javi Ezpeleta

Sería un placer que nos cruzaseis...

(San Justo 28, a las 22:30)

13 abril 2009

COSAS DE NIÑOS (de más de siete niños)

Es sencillo imaginarlo. Como hacen los niños pequeños con la crin albina de los unicornios y la piel dura del lomo de un dragón. Imaginar sus ojos rojos y sus manos frías, llenando un vaso de agua a la mitad. O quizá un poco menos. Rompiendo la parte superior de un sobre que se reza dueño del sabor de las naranjas. Vertiendo el contenido en el agua y doblando sobre sí mismo el sobre, con las puntas de los dedos, lentamente, para luego remover con él el polvo de la fruta plantada en un vaso de cristal con tres dedos de agua. También puedo imaginar como tocaría su frente caliente y besaría unas décimas por encima de la media, que harían de su piel el vientre perfecto del verano de mi vida. O cómo brotan las flores del naranjo diminuto que creció en el vaso medio lleno que olvidamos a la luz de ventana. Si cerrase los ojos, podría incluso verlo. La yemas de mis dedos paseando por su brazo, rozando el umbral de las cosquillas, para luego clavar las uñas en el spring final (sí, de primavera), hasta llegar a la meta del escalofrío en forma de sonrisa con barba. Imaginar los Newtons que ejercen las falanges de sus dedos sobre una lazada en los zapatos, acostumbrados, más que al suelo, al aire que durante los terremotos se desliza entre los surcos de las suelas. Como el amor que a veces se cuela entre las sábanas de hotel en las noches de sexo. Imaginar su ropa doblada al revés, sufriendo la metamorfosis del reverso al contacto con el primer rayo de sol, sus pestañas amenazando la compostura del cielo de Londres, las teclas gastadas de su ordenador, y el olor de su cuello cuando dista de la punta de mi nariz un límite que tiende a menos infinito. Cosas de niños, ya sabes, las de poder imaginar absolutamente todo lo que quieres o de poder querer (tanto) aquello que imaginas. Además siempre tuvo un unicornio y un dragón en la caja de mimbre que guardaba sus juguetes.

06 abril 2009

PRONÓSTICO RESERVADO

1.
El paciente número uno paseaba la vida hacia atrás. Incapaz de darse la vuelta, caminaba siempre de espaldas, así que empezó a criar talones en las puntas de los pies, y los dedos de sus manos tenían sabor a codo. Dormía boca arriba, así que por lo menos conseguía librarse de los asesinatos de la mafia.
Llegó a urgencias a las veintidós treinta del sábado 21, refiriendo un intenso dolor de cabeza provocado por un golpe despistado en la nuca.
Pendiente de diagnóstico.


2.

La paciente número dos acude regularmente a consulta en psiquiatría para tratar sus trastornos obsesivo compulsivos. Uno de ellos le obliga a lavarse las manos con jabón de coco cada vez que toca algo que no sea su pelo. También se trata su ecolalia transitoria por la cual, a veces, repite de forma inmediata, fiel y sin sentido palabras o frases pronunciadas por otras personas y que acaba de oír. Además presenta una esterotipia motora, es decir una repetición reiterada e innecesaria de un gesto, que en su caso consiste en mesarse el cabello. Por todo lo anterior la paciente acude a terapia en el centro dos veces por semana, los miércoles y sábados.
Salió de su terapia el sábado a las veintidós veintidós, a las veintidós veintitrés volvió a entrar cruzando la puerta a la pata coja, salió de nuevo, volvió a entrar y a salir a las veintidós veinticuatro, otra vez a la pata coja. Continúa entrando y saliendo hasta las veintidós veintinueve del sábado 21, cuando al salir por enésima vez, justo en la puerta de urgencias, se golpea la cabeza contra un transeúnte que caminaba de espaldas.
Pendiente de diagnóstico.

3.
La paciente número tres llega en camilla a las veintidós treinta y uno. Refiere un desmayo justo en la puerta de urgencias, y presenta un nerviosismo generalizado. En las pruebas iniciales se aprecia un estancamiento de personalidad, que se ha quedado en la etapa infantil en la que se aprende a seguir con la vista y el cuerpo cualquier objeto que se cruza frente a los ojos. En este caso, la paciente se enlaza de manera directa con cualquier persona que le cruce la mirada, y se queda frente a ella mientras dure el contacto visual. Como el noventa y nueve por ciento de las personas apartan la mirada tarde o temprano, la paciente es vagabunda.
Entra en urgencias el sábado 21 a las veintidós treinta y dos, después de haber seguido la mirada de un hombre que caminaba de espaldas, desmayada al verle caer en la puerta.
Pendiente.

4.
El paciente número cuatro es uno de nuestros enfermeros. Aquejado de un excesivo celo y de un excesivo desinterés personal e interés por los demás. Acude a la salida de urgencias para socorrer a tres personas semi-inconscientes, pero justo cuando cruza la puerta empieza a convulsionar por un shock anafiláctico. Uno de sus compañeros de planta que había estado con él unos minutos antes relata ambos habían bajado juntos en el ascensor del hospital. Al entrar en éste, el enfermero golpeó sin querer a una mujer que estaba dentro tocándose un mechón de pelo y le pidió disculpas, acto seguido la mujer comenzó a hacerle burla y él sonriendo le besó la mano. El enfermero presenta alergia al coco.

5.
Es muy tierno verles follar en la sala de cuidados intensivos. Tumbado en el suelo, el paciente incapaz de darse la vuelta mira fijamente a los ojos a aquella que no le aparta la mirada. Nuestro enfermero, ya recuperado, les da de comer cinco o seis veces al día, los asea e incluso les lee novelas contemporáneas de éxito, mientras recibe un masaje en la espalda de una mano enfundada en un guante de latex que viste una mujer que se mesa el cabello de coco con la otra.

30 marzo 2009

GESTIÓN Y CONFECCIÓN

Lisérgica escena, te comento, la de la regencia de las piernas cuando el cuento acaba siendo griego. Y ya ves que las abejas se hacen la boca crema en el centro de Madrid y aquí la lengua clavel en ocho y sidra sin gaitero. Lisérgica escena también, la puta de Carmen, y el amor de su compañero, los zapatos viejos, la sonrisa en el aire y los pies infectados de todo lo que duerme sin techo. Que me encanta que llenes de risa la casa y me dejes vacío el abrazo, cuando tuerces el paso y te dejas caer por mi trozo de vida, al final de la fiesta (a la derecha) cuando a algunos les quedan vivas media neurona y media. Vente, que ya lo decía ése. Vente antes de un vente maleado en compañía y devórame el parásito de invierno que se nutre de las crías de la primavera.
Y tú vente, para siempre, corazón y devórame en lo verde. Lisérgica escena en la que tiemblas sin ver que quien te hace quemazón no es nadie más que yo. No me busques las tres bocas abiertas y tápame una con la base de la lengua. Que te crezcan mis encinas en ausencia y florezcan cuando te bebas mi vera.
Vente, vente que te quiero, vente...
.
.
.
.
.
Por un fin de semana
mirado a través
de un culo de vaso.
Porque volváis lo más pronto posible.
Porque os echo ferozmente de menos...








22 marzo 2009

POESÍA DE PRIMEROS AUXILIOS


Este martes 24 a las 22:30 en el Savor
(San Justo 28, Salamanca)

Al mando de las letras:

El hombre que
(www.el_hombre_que.blogspot.com)

A la música:

Xavi Martín, de Lila dit ça
(www.myspace.com/lilaruido)

Y una Roja servidora,
a un poquito de todo:

(www.myspace.com/rojahastadoler)



¿Nos cruzas?

16 marzo 2009

LA VICTORIA DEL PERDEDOR

El perdedor tiene los ojos oscuros y secos, y la suerte en el bolsillo derecho de la chaqueta. De esa chaqueta que viste desde que se recuerda a sí mismo, marrón e integrada casi en el trozo plastificado de su identidad. No camina lento, como quien sabe de las nubes o de las formas de las copas de los árboles, ni rápido, como si tuviera algo más que hacer que rumiarse las entrañas los días festivos. Sus pasos se clavan en los trozos de tierra sin asfaltar, intentando sembrar un poco de vida artificial, y flotan en las aceras para hacer en la ciudad el ruido de los muertos. La mirada del perdedor es su órgano vital. Directa, ladrillo cara vista, lijada, a un paso de la tristeza crónica y a dos de la serenidad. Penetrante. Tanto, que es considerada un arma blanca para quien se pone a tiro. Reniega del espejo y así evita la ley del efecto del escupitajo en contra del viento y el buscar de los perdidos. Los individuos de esta especie casi siempre mueren ahogados en su propio jugo. Encharcamiento de pulmones, o de cuentas pendientes con el tiempo, aunque el tiempo les importe medio carajo. El perdedor, ya sabes, nunca sonríe. Sólo algunas veces, al final de la batalla, cuando la medalla de oro cristaliza en el trozo de mierda que dejan a su paso, y que, ya sabes, no deja de ser su única victoria.

09 marzo 2009

EL HOMBRE DEL FARO

El hombre del faro copió en sus ojos el color que el mar tiene cuando acaricia a los peces, por eso siempre que mira algo, extiende una fina capa de salitre, que sería casi imperceptible si nadie posase el dorso de la lengua sobre ella, como una mariposa. El hombre del faro sube cada mañana noventa escalones con forma de caracol para dar los buenos días a la marea baja, y limpia con un paño blanco el gigante cristal que guarda al foco su reflectante cara. Tiene en la tez dorada arrugas, que forman los lazos de las rutas que llevan al Mar Caspio. El color de su barba es castaño, como un campo bañado en nuez moscada, y sus manos ásperas de tanto jugar a las escamas. Cena cada noche pescado, hecho a fuego lento a los pies del faro, cuando éste está apagado y lo único que alumbra son las almas que hablan con las llamas y los millones de estrellas que observan desde el cielo el sublime ritual. Viste colores claros y telas frescas que al aire ondean con orgullo el descuido masculino y sus sábanas tienen aroma a resaca dulce y bebé de ballena. Guarda en un baúl entero de madera los tesoros de dos millones de vidas. Cartas amarillentas y carcomidas por los bordes, que relee cada vez que le entra hambre de carne, tinta china y seda. Una pluma tallada en ébano, que trajo de Sri Lanka en uno de sus viajes, y con la que le escribía cartas amarillentas y carcomidas por los bordes a una mujer de labios rojos y vestidos cortos. Y una caja de cartón llena de monedas de todos los rincones del mundo, menos aquel rincón danés que se llevó en la boca la aquella mujer cambiado por sus bragas. El baúl tiene un candado de cobre roído porque siempre pensó que los pulpos hablaban latín y resolvían ecuaciones y la puerta del faro el hueco del tamaño de unas caderas, porque siempre pensó que alguien volvería reclamando unas bragas y el resto de una vida mecida por las olas.

03 marzo 2009

23 febrero 2009

CAMINO A JAIPUR

Hacía mucho tiempo que no despertaba con un hombre en la garganta. Tenía cuadradas las uñas y sus cejas olían a pimienta molida y albahaca. He despertado con un hombre en la garganta y en sus ojos dos cuencos de azafrán y hierbabuena, especiada la parte alta de la espalda. De su espalda.
Dicen que a veces, cuando cierras los ojos y los vuelves a abrir despiertas en un párpado de buey, colocado en la última pared de una casa verde, fundida y orientada en la parte asiática de la entraña de Turquía. Despiertas con el grito agudo de las mariposas posadas en la ventana, y el olor a fresa de la hierba recién cortada rajando el epitelio de tus fosas nasales. Un epitelio plano estratificado y no queratinizado, rajado con el cobre de la hoz de las frambuesas. Y aquí, en este lugar, situado en el justo y aristotélico exacto punto (medio) de los ojos entreabiertos y cerrados, entre sábanas color hueso bordadas a mano, por ancianas madres del resto del mundo, por ancianas falanges de los grumos de la tierra, por difuntos arañazos de las manos de los restos de los sueños. Allí despiertas con un hombre en la garganta, que hace equilibrios entre tus cuerdas vocales, especiando el vaivén del funambulismo con el caldo de tu sangre, soplando del cuenco de sus ojos, cuadrando en sus cuadradas uñas el mapa de un par de escalofríos. Despiertas con el hombre de tu vida en la encrucijada aérea de la garganta, y cuando despiertas, coges con saña un abrecartas, cierras los ojos con la fuerza de las apisonadoras y lo introduces hasta el fondo de tu páncreas, porque al fin y al cabo quedan más de cuatro horas de vuelo.




15 febrero 2009

Silogismos

Tengo en una arruga
.
todo tu intestino.
.
Si tienes hambre
.
tendrás que hacerte viejo
.
en el pliegue de mi axila.

19 enero 2009

LA ÚLTIMA HOJA

(A la desaparición de la hoja del lector de Tribuna Universitaria después de tantos años salvándonos los lunes)

Recuerdo haber prometido no volver a comer turrón, ni a tomar café en esa cafetería, ni a escaparme en un autobús, ni a salir de compras con todas las tarjetas de crédito, ni a decir exactamente siempre lo que pienso. Juré no volver a enamorarme, ni a beber tequila, ni a dejarlo todo para la última semana. Y en cambio lo he terminado haciendo, comiendo, bebiendo, comprando, y gritando. Así, me asomo por aquí antes de febrero desdiciéndome porque al lunes le alcanzó la muerte súbita después de que le extirpasen de urgencia la última hoja. Y vestida la lengua de luto le doy las gracias a Tribuna Universitaria, por haberme dejado asomar las letras de vez en cuando y meterme así entre manos ajenas, colarme un poco en la vida de aquellos que me hayan leído alguna vez en papel, perdiendo con ello un trozo de su tiempo. A ellos más que gracias. Y termino diciendo que ha sido un honor estar en la misma página que esa gente que escribe tan bien, que como ya te dije, me parece increíble que no viva de ello. Que voy a echar de menos sorber el antídoto del lunes desparramado en un trapo, y que el mejor texto que he leído en mi vida sigue siendo El pabellón de los ciegos. Supongo que ya sólo nos queda mudarnos al domingo y escribir nuestra historia en otro formato.

29 diciembre 2008

SIETE MÁS UNO

(Al poeta, por el otoño-invierno de la punta de la lengua que murió de felicidad chupada sin medida alguna)
(Al maestro de esgrima, que vivió lentamente haciéndome sangre)
Mis abuelos se casaron por tercera y alguien abrió una cafetería esquinada en la avenida que tenía las paredes malva. Aprendimos el arte de coser carne de hombre en un cuarto de hora y el rey dijo la palabra crisis. Luis me llamó por segunda para decirme que había roto otro condón y me alegré por un momento de estar durmiendo sola. Saqué el teórico y suspendí una vez el práctico. Aprendí a aliñar ensaladas con miel y soja y me enganché al té de fresas con nata. Jose se mudó a la habitación de enfrente y me pintó la vida con abrazos. Me hice con la planta seis, blefarospasmos, la argentina de Marsol y el café de los adjuntos casi sin quitarme ropa. Me ofrecieron un puesto de amante y otro de comercial, y a los dos dije "el siguiente". Me echaron de clase y un cura me preguntó si trabajaba en radio. Chaouen cantó semilla en la tierra después de la tercera voz y Bea durmió en el salón. Conocí poetas, genios, camareros, idiotas, dueños, un par de grandes con guitarra y luces amarillas de Savor. Enamoré a varios hombres y me volví loca por uno. Aprendí a robar objetos sin valor y mandé tantas cartas que el cartero se jubiló antes de tiempo. Rebeca, Lau, María, Sara y yo bebimos en el Molly tanto que volvieron a brotar barbaridades con denominación de origen. Mi padre descubrió que su hija no era tan golfa y se llevó una decepción. Metimos un perchero blanco en un Ibiza blanco, nos persiguió la Sexta, y la nieve nos caló en una ciudad que no era tuya ni mía, pero un poco de los dos. Aprendí a hacer el amor. Me reí del sexo. Bebí más de lo que pagué. Pagué menos de lo que te debía. El desayuno se convirtió en vocación y el allanamiento de morada en puro vicio. No pisé historia, patología general ni el suelo bajo la mesa de tu jefa. Mudé los pies al salpicadero y las plantas al parabrisas mientas conducías. Y volé en el ocho. Volé tanto en el año ocho que me dan ganas de volarlo todo si el nueve no se viste de tu boca escarbándome con rabia las células del pecho.
Que
dan
ganas
de romper
con todo,
Que.
(que te quiero)

¡¡¡Feliz año a todos!!!
Espero que metáis el pecho en el nueve
rompiéndole la espalda al resto del invierno.
Nos vemos en febrero (quizá...)
Hasta entonces...un beso rojo



22 diciembre 2008

EL DON DE LA SABIDURÍA

Ahora que lo sabes,
ahora que saben cuantos elefantes ahogaría en la bañera
si el tapón fuese redondo,
y corriendo por un borde llegase a todo
lo que al otro, tiene tu puñetero nombre.

Caramelizado como la manta

con la que te tapo cuando el mundo grita suerte.

Y ahora que saben que la suerte
la tenemos refractada en el tercio de todo lo invisible
cuando el aire se me empacha
de follarte en el sofá como quien devora sauces.

Ahora que lo sabes,
que sabes lo que se me clavan los doscientos incisivos
ahórrate el frío y niévame el resto de diciembres
porque que yo recuerde,
no tendré nada mejor que hacer en primavera.



12 diciembre 2008

ROJA, QUE & DELGADO

.
.

Roja Que & Delgado
.
.
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Cruzando(te) la boca en El Savor
Miércoles 17 a las 22:30...
.

08 diciembre 2008

MIDNIGHT PASSION

Se pintaba lentamente las uñas de la mano derecha. Se pintaba con una sutil y voraz delicadeza las uñas de la mano derecha mientras contemplaba a segundos alternos su reflejo en el espejo del armario, que por alguna razón seguía abierto. Si giraba la cabeza rozándose la nuca con el pelo podía observar, delirante, las puntas del electrocardiograma del cielo de Madrid. Y si hubiera disuelto lo disuelto de sus ojos en las olas de la mesa, se habría ahogado en el mar Rojo de su taza humeante de té de fresas con nata. El radiador de la esquina, ese radiador cuya anterior dueña podría perfectamente haberse llamado Felisa, o incluso Gúdula, adornaba la habitación con una temperatura que permitía que su piel quedara al aire, y bailando con éste, los primeros acordes de Why does it always rain on me? Probablemente fuera llovía la muerte del color carne, y probablemente yo ni siquiera escuchaba el tambor de las gotas de agua sobre la poyata. Se pintaba lenta y vorazmente las uñas de la mano derecha porque era con la derecha con la que me masturbaba. O eso fue lo que me respondió cuando le pregunté por la izquierda. Después saboreó altivo y encantado mi cambio de color mientras el Midnight Passion se secaba a la revolución autocrática del clímax de sus falanges.

01 diciembre 2008

KAMCHATKA


Entonces respirar por la boca era como Kamchatka, y la sangre que pisábamos corriendo descalzos flechas de proximidad en la autopista. Y al final nunca pasamos por Nankín, ni descolgamos aquellas bragas del pomo dorado de la puerta. Tampoco fuimos a cazar zorros lanzándoles naranjas ni a vender órganos mudos de indigentes. No tuvimos hijos ni matamos perros. Respirábamos por la boca mientras corríamos recordando todo aquello de lo que no teníamos ni tendríamos recuerdo. Yo no enterré a tus padres y tú no desenterraste a los míos, ni mis abuelos resucitaron a los curas del pueblo, ni siquiera rompimos un espejo con el grito de un orgasmo. Corrías y nunca aprendiste a hacer arroz con leche, corría y nunca nadie supo lo que me encantaba que me pitasen los oídos y mi capacidad para que los demás se comprasen una trompeta. Ni complejo de clavo. Ni ojos de plato. Ni Edipo en el puchero. Y ya ves nunca nos hicimos viejos, ni volvió a nuestros ojos la República mientras comíamos pastas de té. Ni casi crujían los huesos de niños en los ceniceros. Al fin y al cabo correr por las vías en sentido contrario al tren que se dirigía a Kamckatka era como respirar por la boca. Y lo de resistir un estúpido cuento para cobardes que no entraba en nuestros planes.

24 noviembre 2008

HÉROES

Y resulta que las horas pasaban lentas. Tan lentas como quería que pasase cualquiera de esos días en los que no tenía nada más que hacer que desayunarme la mañana en labios verdes o frotar el envés de la piel de la razón contra los ventrículos abiertos de las colchas blancas y negras de Ikea. Y creo que sí, que las horas pasaban tan lentas en los pasillos infectados de desinfección como las lenguas de la mayoría de los animales vivíparos sobre el pelo recién nacido de sus crías. Y no quiero decir, para nada, que no fuese una sensación subjetiva, y tampoco que los relojes de arena que tengo en las axilas no siguieran las horas puntas de otro meridiano más cerca del cerco del horizonte de los días sin otoño, o de los de apellido Auto-res. Pero las horas pasaban demasiado lentas, tanto que me hacían escurrir en los ojos las cortinas. Y ahí es donde aparecía él. Sí, él. Él estaba sentado sobre su colcha de Ikea y me miraba. Me miraba mientras yo me recogía el pelo frente al espejo de su armario blanco. Como una palabra de autodefinido que se queda inmóvil, ya colocada, mirando el cuadrado negro que tiene enfrente, uno de esos agujeros negros que para las palabras de los autodefinidos deben ser como la materialización de lo desconocido. Pero la cuestión es que él me miró y me dijo que estaba guapa. O mona. O algo así. Quiero decir, una de esas cosas que se dicen, que en realidad no sé si quieren decir algo o son simplemente un beso solidificado. Así que me acerqué y le besé. Y entonces, mientras yo volvía al espejo él comenzó a leerme un fragmento de Héroes, de Ray Loriga. Un libro morado, con una fina franja color hierba en la contraportada, y en la portada uno de esos tipos a los que me follaría un día cualquiera sin amor. Porque para eso del amor ya estaba él. Bueno, y para follar también. La cuestión es que empezó a leer algo que un par de días después leería yo sola a bastantes kilómetros de distancia de su colcha de Ikea y de las ganas de parar el tiempo. Porque al fin y al cabo la cuestión sigue siendo que las horas pasaban tan lentas, que el único remedio para no clavarme en el colon los minutos de descuento era dejar correr diapositivas en las que me veía amando(le) sobre una colcha de Ikea mientras Ray Loriga se follaba desde la estantería a la envidia en contraportada.

17 noviembre 2008

CUENTA, CUENTA...

A la vuelta de la vuelta
de la vuelta de la esquina
junto a aquella marquesina
donde compras carne abierta
entre mis piernas y poesía
A la vuelta hay una cuerda
que sujeta el horizonte
a una estantería vieja,
un polizón perdido en caldo,
y creo que te debo algo...
Cuenta, cuenta con las muelas
porque si Dios son los padres
y los reyes los amantes
yo debo ser el demonio
y el infierno el baño de los bares
Y a la vuelta de mi vuelta
Poseidón en su pecera
Acércame el cerebro
lo he dejado en la mesilla
y recuperar tus dedos
lo siento, misión suicida
Y la vuelta santa Rita, Rita, Rita
tu alma en papel de regalo
no sabe lo que es el frío
quien no te ha dormido al lado
Y a la vuelta de la cuenta
cuenta que te debo algo
Cuenta,cuenta con las muelas
porque si Dios son los padres
y los reyes los amantes
yo debo ser el demonio
y el infierno el baño de los bares,
y el infierno todo lo que no sea, cielo
no estar dentro del reflejo de tu aliento


10 noviembre 2008

ESTOCOLMO

No recuerdo cómo he llegado aquí. Lo último que bebí fue un trago de té americano y ahora estoy desnuda y me tiemblan las manos. Tirada, mirando la bóveda del techo. Desnuda. Y no recuerdo cómo he llegado aquí ni cuantas horas han pasado.
La moqueta húmeda del suelo, húmeda como las manos tristes de una madre, me enrojece la piel de la espalda. Me arrodillo. La cabeza entre las piernas. El desnudo balanceo no es salida de emergencia. La entrada emergente a la salida. Salirme de la entrada sumergida. Deliro. Grito. Deliro. Y caminar vestida de piel propia nunca fue del todo un problema. Me incorporo. Me incorporo tocando con las yemas de los dedos la pared empapelada de este lugar sin ventanas. Con pequeños ojos de buey que riegan con luz carmesí y máximos caudales el completo de la estancia. Y sin ventanas.
Camino. Entro. Desemboco. Salgo. Boca a boca. Deliro.
Hay cuatro habitaciones separadas por tabiques, comunicados dos a dos. No se cómo he llegado aquí. ¡No se cómo coño he llegado aquí!
Los gritos se convierten en eco cuando chupan el esqueleto a las bóvedas del techo. He marcado con números y uñas el marco de las puertas para no volverme loca. Loca. Loca. ¿Por qué estoy desnuda?
Las habitaciones noreste y noroeste tienen curvas las esquinas, y no se comunican. La sureste y suroeste forman dos triángulos de suelo y se visten de gruesas paredes. No sé. No sé cómo he llegado aquí. Y la luz sigue siendo carmesí, cálida, como la lengua del infierno. Y ya no me importa poner de bandera a la aorta en el escalón máximo de la falta de vergüenza. Y camino. Y miro y sigo. Y digo. Y no. Y pienso y deliro. Y abro cajones al noreste llenos de champagne, donde nadan cientos de caballos negros de mar hablando de burbujas. Miles de mapas de carretera esparcidos por el suelo del sureste, el papel de fumar de las paredes, llenas de historias para no dormir y verse, periódicos universitarios esparcidos por varias de las grietas de los meses. Armarios al noroeste con miles de corbatas, suaves como manos de pianistas neonatales. Y yo, no sé cómo, temblando, he llegado aquí. Y vuelvo a la noroeste, que me lleva a la suroeste donde hay, en el centro, una mesa de roble con un sobre cerrado con lacre y una vela a medias consumida. Y la inexistencia de huellas en la roja y húmeda moqueta. Hay restos de fruta y un sobre sobre la mesa, y ponga dentro lo que ponga, escúchame bien, ponga dentro lo que ponga, no sé cómo he llegado aquí, pero vas a tener que latir jodidamente fuerte para que saque mi cuerpo del tuyo.

07 noviembre 2008

¿NOS CRUZAS?


Este domingo a las 7 de la tarde
(hora punta de dioses y demonios)
en el MalaBar
(calle del Granero, junto a la Plaza del Oeste)
(Salamanca)
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Pd: abstenerse cuerdos patológicos, personas con bypass, criadores de tomates con colmillos, almas fácilmente impresionables, cerebros políticamente correctos, ojos, oídos y lenguas con sentido del pudor, o niveles bajos en sangre del caldo de la desvergüenza...

03 noviembre 2008

EL GRITO DE LOS VIVOS

Supongo que si aquel bar de Lavapies hubiese estado más lleno cuando estrené el abrecartas que robó Markus para mí de aquel museo inglés, alguien habría escuchado, saliendo del baño de mujeres, los gritos del tipo que se retorcía entre mis brazos, y entonces el camarero habría llamado a la policía. Pero no fue así, y mientras la sangre iba sobrepasando los pliegues de su camisa, como un corredor de obstáculos exhausto ante las últimas vallas, yo, que también llevaba camisa, solo podía pensar en que el color de la escobilla del váter era perfecto. Por eso cuando le dejé sentado en el suelo y me empecé a pintar los labios frente al espejo, tampoco podía dejar sonreír y agradecer a algún dios de la mitología griega, que no sobrase nadie al otro lado de la pared, y que la burbuja acústica que formaba la poesía de las voces de Alan y Markus, insonorizara la distancia entre mis huesos y las ruinas de Carabanchel.
Pero siempre hay una gota que salta, o un fallo de cálculo en la velocidad del fluido en el aire, por eso suelo llevar conmigo un broche, que vuela imperdible sobre mi ropa de gota a gota roja. Después basta con lavarla a mano con agua oxigenada. Markus ese truco no lo sabía. Es de las pocas cosas que puedo enseñarle después de haber pasado con él días enteros desnuda.
Cuando nos alejamos de allí pensé que la primera vez que matas a alguien resulta casi tan excitante como la primera vez que gritas en la parte del medio de un coche. En un coche en general, vamos. Y tan peculiar como la primera vez que saltas al hipódromo y te subes al caballo número 7 mientras en tu cabeza, o en la de un par contando con la tuya, suena la pista número 5 de aquel disco, siendo únicamente el personal de seguridad quien piensa que ha terminado la partida. La primera vez que matas a alguien, es mejor que no sea de quien estás enamorado.
Al llegar a casa vivos, Markus y yo, hicimos el amor.
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A Teresa, María e Iván,
por estar allí, sentados
a la izquierda de mi izquierda.
A David, por su corbata,
su miedito y sus bestiales
quince lámparas de araña.
Y a Roberto por el aire,
la calle de la Esgrima,
los días con errata
y todo lo demás.
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26-11-08

27 octubre 2008

ACEITUNAS

A veces te miro a los ojos y me pierdo. Me pierdo como una diminuta peca en el universo infinito que rodea a tu perfecta y pequeña nariz. A veces se me pierde el origen bíblico de las palabras, en el laberinto eléctrico que hay tras el ojo de buey que intuyen tus imperceptibles pupilas. Frenéticas pupilas. Buscando siempre ese no sequé que desencadene la combustión orgánica del roce de todo lo que duerme en su potencia. O simplemente cinco minutos para jugar a las palas en la arena, después de sumergirme en la piel de Belber Ying y flotar, tú, en el mar del Principito.
A veces me asusta tu bestial circuito, compuesto por infinitos microchips, que crean una aurora de luces rojas y azules en el techo de tu habitación. Cuando me tumbo a tu lado y rezamos juntos. Porque tú y yo rezamos. Porque tú me dijiste, callado, que Dios existe. Y yo te creo cuando duermes.
Y a veces, muchas veces, se me pierden las ideas, y se me vuelan las manos, mientras agarras con la derecha la cucharilla y te llevas a la boca yogur de avellana. Saboreando cada cucharada. Despacio. Terminando antes que yo. Quedándote en la mesa marrón mientras preguntas claves tapaditas con un velo de falsas banalidades. Cuando me miras y sonríes guardándote en la manga diabólicas barbaridades.
Porque me pierdo siempre que vuelvo y mirándote fijamente a tus dos cuencos rebosantes de aceitunas negras, te beso.

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Para tí, por enseñarme tanto...

20 octubre 2008

NECESIDADES BÁSICAS

Era y es
hacer literatura hablando con las hienas
y sorber despiadada, como una esponja de mar,
(en contra de encontrarse de repente una pared)
la más básica, animal de las necesidades.
Al igual que oírte respirar,
lo es y era,
cuando sólo dormido olvidabas
mi cuerpo tibio y tendido
al otro lado del lado tuyo de la cama.

13 octubre 2008

INTÚITU

El barro se había secado sobre la piel oscura que rodeaba el resquicio de carne de sus pequeñas y huesudas piernas de niño de seis años con ojos de cincuenta, formando olas de un mar seco que se había evaporado entre pausa y pausa del aliento de Dios. El polvo se había quedado a vivir en la cumbre de sus hombros piramidales, para jugar con el amarillo ictérico del no blanco de sus ojos enormes, junto a unos pómulos prominentes como cuarenta grados a la sombra. Escarbaba desnudo en la arcilla con cinco alfileres derechos, sin saber que el intento se volvía caricia, y dejaba apreciar de una forma explicablemente exacta el rail abandonado de su columna vertebral. Una sucesión arqueada de montículos perennes en los que algún que otro buitre barajaría quedarse a vivir la siesta. Los rayos solares juzgaban cabezas por sí mismos tras cinco millones de años de derecho, y las gotas de sudor se creían soberbio disolvente en la frente de esa minoría de hombres cultos. El niño, que seguía arrodillado mirando al suelo, abrió la izquierda, y dejó caer en el diminuto hoyo que había cavado unos trozos naranjas de plástico arrugado, y tres piezas dentales que ayer no estaban más vivas que hoy sus manos.
A menos de cien metros nos vimos dejar de existir el alma en la boca del infierno. Y justo antes de volver al mundo, se nos extinguió Dios en el fondo de los ojos, al igual que ese último intúitu que expiramos al suelo de aquel rincón al norte de Eritrea.

06 octubre 2008

Y QUÉ SI NOS ODIAN...


Perder veintiún gramos de células
cada vez que nos besamos
hace que seamos cada vez
más brutalmente dioses
y menos vulgarmente humanos.

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(entrada nº 77)

29 septiembre 2008

AMÉN, HIERBABUENA

La Vega respira en el pulmón del Cañón del Colorado mientras descienden en mi lengua, cermeña, los adoquines de piedra de la calle Corredera. Y el servicio secreto me comenta, que en la zeta, Santa Clara y sus cafés-escaparate se disfrazan de Dublín al son de las flexiones inspiratorias del esqueleto de un viejo acordeón, rojo y ajado.
Como antes yo.
Como otro mundo en un cajón civilizado.
Y los suicidas, esos locos que viven en Suiza.
Mientras, las púas de un erizo que se volatiliza, quedan a las dos para hacer el amor en el centro de la tierra. Y dormirte el alma nunca fue, del todo, mala condena.
En la radio, advierten del peligro de unos dedos bajo un vestido negro, a plena luz del día, en un monumento de piedra amarilla. Guante blanco y aliento blando si el tiempo nos da una tregua. O si a mi me da la gana.
A ciento veinte de peor convencional, en un baño de baches que remueven las ganas de follarte con amor. O de amarte sin follarte.
Y el polvo amontonado sobre las aspas del ventilador nos recuerda el cambio de itinerario del sol y sus siervos. Y la señal de obligación de escaparse del mundo, siguiendo a galope a uno de esos ciervos, que cruzan en el rojo del asfalto el verde de la hierba.
Y con este van siete dedos de ron y otros siete de limón. Un puñado de hielo picado con las muelas contra el suelo, en honor al dios del Iceberg. Azúcar moreno en el fondo de mi fondo y disuelto en el rubor disimulado del borde altivo de un vaso afilado.
Y la hoja de hierbabuena, copiándote el olor, un nuevo vicio, o una nueva religión.

22 septiembre 2008

HIROSHIMA

Quizá por haber presenciado algún que otro fin del mundo años atrás, forró las paredes de su corazón, extendiendo suavemente con las yemas de los dedos, como si fuese plastilina verde, una fina capa de Nobel 808, que no es más que aquel explosivo que los británicos crearon, con olor a almendras, bastante antes de la Segunda Guerra Mundial. Fue entonces cuando el señor que estaba sentado a su derecha comenzó a rezar un rosario frenéticamente, aferrándose a las pequeñas piedras de ámbar como se aferra el no tan recién nacido a la calidez innata del pecho femenino.
Ella caminaba arrastrando su maleta roja y media sonrisa, pensando que a estas alturas de septiembre, ni siquiera la crisis de los pobres mortales le había impedido pasar unas vacaciones en el epicentro del hombre que la esperaba apoyado en la pared.
Y como quien cree gozar de la posesión absoluta de la piel de los kamikazes, caminaron encajando sus pasos y el envés de sus retinas como sólo lo supo hacer el inventor del primer puzzle de la historia.
Y la conciencia de fin fue cristalizando por toda la ciudad, en forma de piernas en los bares de Horlaleza, de hojas en las vías del metro, de fresas en un plato negro, de mi dedo índice en el espesor de su barba. Cuando el cielo empezó a deshacerse en granizo de sudor, él la llevó a su habitación para comenzar el ritual apocalíptico que rezan casi todas las escrituras en braile. Y allí citaron desnudos a Ana Rossetti, adoraron al dios de los collares, al zócalo blanco y a las paredes autodefinidas de un armario.
El corazón de ella explotó mientras hacía el amor sobre la cama, la silla y la mesa y el de él, por inducción, mientras practicaba el sexo sobre la mesa, la silla y la cama. La habitación se volvió del color Hiroshima y cuando llegaron los bomberos, en el suelo sólo quedaban vivos siete puñados de almendras y un carcaj de madera, que dicen que es dónde bebieron la sangre del alma gemela que cazaron en su última cena
.

08 septiembre 2008

QUIÉN SABE...


A veces, se pintaba

con luces de ojos

bebiéndose el fresco

de un patio de sombras.


Y a veces, extraía

gotas de sangre verde

del corazón de los tomates.

Dicen, (nadie), que

para desaprender a jugar

al desamor convencional (o nacional)

abrazada en sentido contrario,

a sus cartas de WhiteJack.

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¿O era al revés?

31 agosto 2008

SEPTIEMBRE NO EXISTE


Mientras el resto del mundo nadaba en la expresión cérea del automatismo, yo siempre supe que el efecto Von Restorff se materializaba en la línea continua que une tu ombligo y tu sexo. Quizá por eso, una vez cada cien años, se deja ver junto lo humano y lo divino. O quizá por eso siga barajando la teoría de que septiembre no existe en el ácido arco de mi espalda, y aquella de que el sol no es más que una bola de helado de limón. Así, mientras el resto de mortales nada en la expresión cérea de la cordura, yo te invito a una bola de sol en el blanco impoluto de mi calendario.

09 agosto 2008

EL LADO OBSCENO

Como una pandemia, mi momento de lucidez
Un incesto de fieras que llevan prendas de satén
y lamen glóbulos blancos, cristal y escapularios
El lado obsceno de tu pared,
del que rescuelga la pulpa amarga
del hijo del dios insomne que todos quieren ser
Como un golpe de estado, de tu ingrávido costado,
itinerante en el sudor de las vidrieras
El charol negro de las sustitutas de las enredaderas
Los días de calor, el cuerpo huye del cuerpo
Y el lado obsceno del ventilador
bebiendo de la rosa de los vientos
Como un universo destetado del quinto elemento,
que es el sin pudor de mi ornamento
cuando importa tanto nada
cuando habitas la humedad de mi epicentro
El lado obsceno de las marcas de la almohada
El lado obsceno
Y tú la arista con vistas carne adentro

27 julio 2008

EN EL OTRO EXTEMO


Abres los ojos lentamente. Observas cómo el humo del incienso se dispersa, y trepa por el aire hasta llegar al techo, donde muere dibujando ondas translúcidas que desaparecen. Deben ser más de las cuatro de la mañana en el mundo de los vivos.
Las paredes del salón se visten de puta con los tonos anaranjados que brotan de la lámpara medio rota del suelo. Agradeces respirar en la penumbra. Notas cómo la tela arrugada del sofá ha dejado marcas en tu cuello y tocas con las yemas de los dedos las carreteras que se desvían hacia tu nuca, enredadas entre los mechones de tu pelo. La brisa del puerto se cuela por las rendijas, densa, caliente, húmeda, como una manta de piel ajena y mojada. Sigues tumbada, con los ojos entreabiertos. En la mesa de madera hay hierba y un mechero. Él está dormido, a tu lado. Intentas recordar de qué hablaba cuando cerraste los ojos. De Buenos Aires, de Madrid, de los charcos. Respira profundo y ves el movimiento armónico de su pecho. Te levantas sin hacer ruido y caminas descalza. La música sigue sonando muy suave. Hay un chico dormido en el otro sofá y un par de cervezas en el suelo. Tiene el pelo rubio. Sus rastas cuelgan sobre reposabrazos y abraza un cojín verde con dibujos mayas.
Notas algo húmedo en el tobillo y te giras. Es Versus. Te mira con sus ojos redondos y sus orejas largas. Tiene la lengua fuera y jadea. Caminas hacia la cocina notando el frío de las baldosas en la planta de los pies. Versus te sigue, moviendo su cola marrón con el sigilo de un gato maleducado. Llenas de agua un cuenco de metal y lo dejas en el suelo con cuidado. El sonido del choque de la lengua con la superficie del agua rebota en las paredes del patio. Te cruzas con una mujer que camina desnuda hacia otra habitación, te sonríe y desaparece en la penumbra. Vuelves al salón y te detienes en el marco de la puerta. Hay un hombre en la ventana. Tiene el pelo gris y los ojos azul turquesa. Su barba algo más que recién nacida desafía la ley de las cuchillas bajo el labio inferior. No sabes calcular su edad. Cincuenta, quizá. Te mira fijamente mientras da una calada al cigarrillo. Una calada que parece atravesarle los pulmones llegando a la popa de su alma. Te hace un gesto con la mano. Te acercas y te apoyas en la ventana junto a él. Mientras te lías el último rebuscas en tu pozo de neuronas intentando recordar dónde has visto antes sus ojos hábiles y vidriosos. No lo recuerdas. Te da fuego.
-¿ Cuantos pedazos de piel te quedan? – te pregunta con un acento espeso y argentino mientras escupe una bocanada de humo que baila con la luna.
- Siete. – respondes, y te preguntas quién habla por tu boca cuando no quieres pensar.
- ¿Pecados?
- Castigos.
- Vos sos joven, quítate esos ojos antes de que te muerdan.- dice con voz seria.
El silencio se condensa en un par de minutos. Sólo se escuchan olas, jazz y respiración.
- ¿Crees que el diablo fuma?- le preguntas mirando al infinito.
- No...No le deja su mamá.- y sonríe con la garganta como quien guarda la boca en un túnel.
Tiras la colilla y echas el humo, dibujando un incendio apagado con la boca. Te pones las sandalias y la ropa y te diriges hacia la puerta. Antes de salir una mano te toca el hombro. Te das la vuelta y son sus ojos viejos.
- Discúlpame, ayer vos lloraste por mi culpa.
Y recuerdas su cara. Sus dedos en la guitarra. El saxo. Los bongos. Y flotando en la terraza de aquel café del puerto, su voz, que decía:

“Más y menos,
y en el otro extremo
de esa línea, estás tú
mi tormento
mi fabuloso complemento...”

Le sonríes algo ácidamente y cierras la puerta tras tu espalda. Bajas las escaleras de un tercer piso sin ascensor con vistas ruinosas a un mar ruinoso y caminas sin rumbo mirando al faro rojo de Ayamonte. Cantando con voz suave y lengua agria:
.
“Dulce magnetismo:
dos cargas opuestas
buscando lo mismo...."

Mientras unos ojos vidriosos te hacen los coros desde una ventana.

07 julio 2008

Y NADA TIENE QUE VER CON TROYA

Escuece
Escuece si la madera pierde papeles
allí donde el vientre de la madre tierra mece
espinas feroces en el plato de los reyes
.
Pliegues
Pliegues de horizontalidad que en columnas crecen
al tiempo que tus dedos en mi piel revuelven
tumbas de arcángeles rojos y delincuentes
.
Haré arder lo que yo quiera
con mi camisita blanca
y la saliva de muñeca
Que soy esa pequeña cala
donde pasan los delfines
las últimas horas saladas
-
Arderá en mis rituales
el manual de tu garganta
.
Vuelve
Vuelve a magullarme el ansia de los botones
a un suicidio en acantilados de pantalones
con vistas al jodido filo del horizonte
.
Y me seguiré follando a Cronos cada martes
Venderé mi alma a Dios por una canción de Chaouen
Seguiré mordiendo, corazón, para que grites y no hables
Meteré tu dedo frío en un guante lleno de sangre
Clavaré las uñas al asfalto de la piel de los gigantes
.
Y haré arder lo que yo quiera
mientras Maquiavelo duerme
en mi paladar de seda
Que soy esa pequeña cala
donde pasan los delfines
las últimas horas saladas
.
Y yo haré arder lo que yo quiera
Y tu serás cada diciembre el quicio de la primavera
Y yo haré arder lo que yo quiera...
.
.
.
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De fondo: "Semilla en la tierra"
Carlos Chaouen...

23 junio 2008

¿MAMÁ?

Nunca fue buena para las fechas señaladas. Ni cumpleaños, ni método ogino, ni santos, ni descuento en el árbol, pero hay números que no se olvidan.
Perdió a su madre el día en que nació su tercera hija, que fue el mismo en el que el Atlético de Madrid ganaba con esfuerzo su séptima Copa del Rey. Aquel sábado en el que la perra, de la perra, de la vecina se quedaba preñada y los pimientos subían diez pesetas. Exactamente el mismo en que su marido decidió irse con su amante cubana, diez años más joven que él. Pero lo peor, con mucha diferencia, de ese veintinueve de junio fue la decisión del abuelo de la criatura, que con toda la buena fe que cabe en las arrugas de un hombre de setenta años, decidió llamar a la pequeña como su difunta esposa. Catalina. Y fue lo peor porque ella no soportaba a su madre. Y fue lo peor porque después de los dolores del parto y aún con la frente empapada en sudor, el cordón umbilical sin cortar y la explosión hormonal de oxitocina, ya había olvidado lo que era estar casada. Y es que no le importaba demasiado dejar de lavarle los calzoncillos a quien había convertido su abdomen en un campo de estrías y su vida en un aburrido programa de ordenador que ignora el significado de la palabra movimiento aleatorio.
También es verdad que aquello de la reencarnación le sonaba parecido a las letras rojas del panfleto que estaba debajo del teléfono, y que decían no se qué de arroz tres delicias con gambas.
El segundo día que nunca olvidará fue aquel en el que entendió todo. Entendió por qué Catalina no dormía la siesta como los bebes normales y lloraba cuando quitaban la telenovela de la dos. Entendió por qué no se iba a la cuna sin mojar antes el chupete en chinchón el día que intentó hacer las croquetas de su madre. Aquel día, Catalina, sentada en la trona con un babero rosa muy grande colgado del cuello, agarró una croqueta y se la metió en la boca. Cuando tragó el trocito que había mordido, bebió agua y dijo mirando a su madre: “Mira que te lo dije, que no te casaras con ese desgraciado, que no hay nada como el jabón de lagarto y que la bechamel hay que removerla todo el rato. Anda, llévame al sofá que va a empezar la novela”

16 junio 2008

¿SABES QUÉ?


Podría decirte que hay quien confunde el cajón de mi ropa interior con la lengua de una geisha, o que cambié de planes para comerme a cucharadas el número dieciocho de la carta del Mandala. Podría hablarte de la médula espinal de los paraguas y del terciopelo rojo de la lámpara que vive esquinada en mi salón. Quizá te contase la leyenda del hombre que se convirtió en fibra muscular, la teoría encendida de la luciérnaga apagada, y el cuento de la carne de aceituna de un olivo en la carretera. Descansaría siete segundos para beber un trago de tequila de contrabando (directo desde la Ciudad del Viento hasta la veleta incompetente de mi comisura), y (te) confesaría que (a mí) me gusta hacerlo a secas y enfrente de un espejo, y que odio la sopa. Te diría lo poco que me importa la huelga de transportistas, pues sólo desayuno flores de naranja y corazones que ruedan, solos, por la calle Compañía. Te hablaría de una marca de nacimiento con forma de estrecho de Gibraltar, de musas que mandaron a la mierda el paro, de los ojos de buey (morados), del terremoto de Lisboa, las plumas de las nubes y la república independiente de mi cama. Del delirio nihilista, de las cinco letras de mi nombre o de la relación proporcional que existe entre los kilos de césped recién cortado y la intensidad del olor a sandía. Del síndrome del ascensor en la biblioteca, de incienso de menta, del maullido de los perros con tacones, del cayado de la aorta y de que Nadal cree que soy pelirroja. Te diría que el parqué derretido es una droga dura, que las cosas sí son lo que parecen, o incluso peor, que siempre quise tener un maestro de esgrima... Pero entonces, sabrías demasiado y no me quedaría más remedio que matarte o hacerme un cinturón con tus cuerdas vocales.

09 junio 2008

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Quizá debas pensar que esta vez las paredes no se mojaron de lágrimas
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01 junio 2008

DECRÉPITA CONQUISTA

Disuelta en el arco que acoge
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el aplomo aguado
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de tu luminiscencia.
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Afanada por sentir viva la piedra
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y el bonsái de tu derrota.
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Decrépita conquista
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la del reino de mis piernas,
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la del llanto del artista,
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la del circular cubista
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que busca en su cuerpo siluetas,
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ignorando que quizá lo que palpita
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no sea más
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que el corazón de una cereza muerta.
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Escrito para
SALAMANCA LETRA
CONTEMPORANEA

26 mayo 2008

QUE NO RESUCITEN LOS SABIOS...

La madera de las mesas del Molly tiene miedo, adicción y fósiles grabados a golpe de bic, colmillo y boca abierta. Guarda secretos y delitos entre sus astillas, como ases en la manga de un sabio muerto.
Hacía demasiado que no se veían y tenían demasiadas cosas que contar.
Pidieron cuatro cervezas, se sentaron en una mesa al fondo a la derecha, y la ronda de exclusivas dio comienzo.
W bebía un trago mientras en voz baja, sólo al principio, decía que no sabía exactamente si le iba el sado, pero que casi se dan de ostias, y que la sangre de los arañazos en las sábanas confirma que a él todavía le tiene que escocer la espalda. X no puede dejar de reír. Ya sabía la historia porque al día siguiente W le llamó para cenar fideuá en su casa y desahogarse. Y y Z no dan crédito.
Y cuenta que no sabe si dejar a su novio, con el que lleva varios años, para volver con su ex, que por cierto, ha engordado bastante, y lleva al acecho desde que lo dejaron. Pero dice que va a esperar a que se asienten las ideas y terminen los exámenes. W X y Z llevaban algún tiempo sin verla ilusionada...
X, entre trago y sonrisa y trago, cuenta que ha descubierto que es multiorgásmica gracias a un tipo que le saca 14 años y del que puede que vuelva a ser amante alguna vez más, además de que cree que se ha enamorado de otro que tiene los ojos azules y con el que nunca ha hablado. Y y Z le dicen eso de: “no tienes remedio...”
Z deja que pase un ángel, y escupe que ha vuelto con su ex porque después de estos meses se ha dado cuenta de que es más feliz con él que sin él.
El culo de los cuatro vasos hacía ya tiempo que había visto la luz y una vez más las astillas de la mesa y las mangas de los sabios se cebaron con barbaridades, carcajadas y silencios, mientras ellas se dejaban arrastrar por la fuerza centrífuga de un "¿Tomamos otra?"