Porque hay a quien le gusta el olor reciente de un café cortado. Porque hay quien grita "touché!" cuando se encuentra una mirada diferente. Porque cruzar en rojo da la vida y con los ojos cerrados se llega antes a ese otro lado adictivo, furtivo y agridulce. Porque las entrelineas guardan los secretos y ayudan a imaginar. Bienvenidos, pasen y lean...

04 mayo 2014

04052014

Era el año del mundial, el año en que murió el último guerrero. Los gigantes telefónicos compraban paradas de metro como si fueran bolsas de pipas. Los filtros fotográficos hacían la realidad aun más bella, y el setenta por ciento de la población mundial había sido infectada por un virus que los hacía correr de un lado a otro con cronómetros de muñeca, como si un batallón alienigena les persiguiera. 
Tu cumplías treinta y tres, la edad de Cristo, y yo conquistaba la capital después de siglos a las puertas. Tenías aquella barba siempre perfecta, en la que me gustaba meter los dedos, hacerlos desaparecer, jugando como en un saco lleno de paja cobriza. Y la sonrisa. Siempre la sonrisa. Como un aspersor de tranquilidad, de calma mentolada, aunque fuera todo ardiera, tú siempre estabas lleno de agua fresca. Yo tenía la cabeza dura, la piel de melocotón y manos ágiles de alfarera. Nos corría la vida entre los dedos, entre las piernas. Masticábamos la felicidad como el cereal, despacio, y respirábamos profundo hasta que dolía.
Era cuatro de mayo de 2014 y nos fundimos en un abrazo eterno, como dos osos milenarios antes del último de los inviernos. Eso y tu pecho es lo último que recuerdo. Quizá sea porque todo lo demás no importa.

Felices 33...

04 mayo 2013

Treinta y dos torres de Manhattan


Corría. Se podría decir que se pasaba la vida corriendo, corriéndose. De un lado para otro. Como esos animales que buscan en la velocidad la libertad, mientras les brilla el pelo, despeinado por el aire, y entonces sus músculos, duros como piedras, se deslizan ágiles y engranados, como suizos puntuales.
A mi me encantaba mirarlo. Siempre a la misma hora me asomaba a la ventana y veía cómo se escapaba del mundo y cómo volvía a él cuarenta o cincuenta minutos después impregnado de sudor espacial.
Un par de asteroides en los bolsillos, un trago de la vía láctea y de paso bajaba de dos o tres árboles a dos o tres gatos a los que les engañó la vista.
Nadie en el vecindario sabía que era un superhéroe. Pero quien puede imaginar que hoy en día visten más de decahtlon que de capa y cabina.
Luego estaba lo de su trabajo tapadera, los ojos verde eléctrico y la paz en la ciudad: morían tres asesinos a la semana y dejaban sin blanca a diez políticos al día.

El día que desmanteló mi red de tráfico de drogas era plena primavera. Mi distribuidor me había mandado quinientos kilos de la más pura desde Bangkok. Llevaba dos años y medio preparando el movimiento y poniéndome en contacto con pequeños vendedores. Durante la entrega, en el puerto, salió un rayo verde de sus ojos y la explosión fue tal, que una nube blanca y plateada flotó por el cielo de toda la ciudad. Supongo que me habría matado después de no ser por el efecto de la droga en su organismo celestial. Un millón y medio de habitantes estuvo tres días haciendo el amor por todas partes, allí donde la nube les había encontrado. Desperdigados como virutas de chocolate y felices como los niños que se las comen. Al tercer día estaba tan manchado de mí que no pudo matarme. Pasamos el mono desnudos en una bañera gigante en el centro de Manhattan, mordiendo manzanas y planeando cómo salvar el mundo otra vez.


Felicidades, superhéroe...

09 octubre 2012

Penicilina

Tú,
rey de las batallas perdidas 
antes de empezar.
Con esa lengua tuya que sabe a tiesto seco
y deja astillas de hueso en las encías los días de luto  nacional.
Jugabas de niño
con trozos de animales rotos
a los que ponías nombre de héroe herido de guerra,
y te chupabas los dedos
cada jodido viernes santo.
Tú,
que me haces lo mismo que la penicilina 
a los muertos,
has dejado de soñar.

08 abril 2012

words&music

Siempre he separado la música de las letras.
Y es una auténtica estupidez.
No pueden ir más unidas.
Ahora que escribo tan poco creo que es el momento de
dejarme escuchar.

http://www.youtube.com/watch?v=RI4eZJy1Mi8


http://www.myspace.com/rojahastadoler



Besos rojos

09 febrero 2012

The Fantastic Flying Books of Mr. Who





Quiero ser tu libro más bonito.



http://www.youtube.com/watch?v=_s-zbwm1f7M






09 septiembre 2011

Flor de naranjo

Los días han sido peces hambrientos,
que nos mordían los dedos

dejando las espinas detrás de los semáforos,

detrás de las farolas.

Claro que espinas, son lo que nos sobra.


Han corrido tan rápido, amor...

Han nadado hasta quedarse sin saliva propia

durante tres maravillosas primaveras,

en las que nosotros,

huéspedes perennes y afrutados

de la habitación número 10

hemos vivido felices comiendo flores de naranjo.


Veo en tu iris marítimo y abrupto

la vacuna de la cuarta guerra mundial,
la novena maravilla del mundo,
la energía más limpia y renovable

a punta de beso
de todo el universo.
Y no quiero dejar de mirar.


Nos queda la pólvora de medio mundo
y agua lo suficientemente potable
,
como para dejarnos en besos la sed.
Así que te juro que
sonreirás,
sonreirás y todos los naranjos
volverán a estar en flor


para llenarnos los labios de miles de primaveras.

22 agosto 2011

Los hijos bastardos del apagón

Tengo todos los cajones llenos de pequeñas bombillas,
vivimos en la ciudad de los terremotos,
y cuando no, mis horcajadas sobre ti
hacen revolverse a Richter en el metro cuadrado de su nicho.
Los días de lluvia y temblor, las bombillas,
forman una hilera en el esqueleto de madera que las contiene.
Y comienzan a ondear como culebras lumínicas entre nuestras pertenencias.
Mis bragas se adornan como árboles
de falsa, negra y transparente navidad con encaje
ante los que te arrodillas al son del miserere
con mil lenguas de fuego.

Vivimos, amor, en la ciudad de los rascacielos
y los terremotos.
Dormimos en olas 2x2 de lluvias torrenciales.
Bebemos las naranjas más salvajes del planeta
.
Soñamos con lobos que nos muerden sin dientes
.
Limpiamos con el mantel la gota de sangre del plato de sopa.
Nos soñamos como bebés hambrientos que respiran lento.
Mientras tanto,
las culebras fluorescentes de este pequeño piso
escriben nuestro amor en letras de neón
y ya sabes,
que se joda el resto de tipografías.

09 junio 2011

Ensayo sobre la ceguera

Me has visto
absolutamente de todas las maneras posibles,

desde todas las perspectivas de ojo de araña.


Con las yemas de los dedos arrugadas
después de un largo baño de espuma
o una infusión de carne joven y humana.

Con los ojos abiertos, entreabiertos, cerrados,

por vacaciones, defunción, sueño, miedo, y placer.

Con los labios rojos, rosas, azules-de-frío, color carne,

incluso sin labios.

Con el pelo largo, corto, revuelto, atado,
trenzado, empapado, arrancado y sin pelo.
Y te encantó. Siempre te encanta.

Me has visto llorar horas y horas,
has escuchado el roce de mis fluidos cayendo por la almohada,
y mis días con suerte los has recogido con la lengua.


Me has visto gritar, reír, cometer delitos que me llevarían
a la cárcel y a pedirte mucho dinero.
Vestirme de puta y de princesa.
Con boca de lobo, piel de cordero y licencia de armas (tomar).
Me has visto tan triste, tan excitada, tan feliz y tan desesperada,
Me has visto tanto, tanto y tanto.
Y siempre te encanta.

Por dentro, por fuera, haciendo pimientos rellemos,
cantando con hombres, encima, debajo, más encima
que debajo, con bata blanca, lencería negra,
regando tomates, gimiendo, ensuciandote el coche,
insultando a tus ex, jugando al poker, llevando tacones,
diciendo mentiras
y siempre te encanta.

Y te encanta y te encanta y te encanta
y me has visto de todas las formas posibles,
desde todas las perspectivas de esta puta jungla,

y siempre te encanta.

Y yo solo quiero que no dejes nunca de mirarme
y de pedirme que te coma para verme también
por dentro.

04 mayo 2011

TREINTA CÍNIFES


El día que le conocí volví descalza a casa y acribillada. Quizá debí haberle hecho antes uno de esos test psicológicos que muestran el porcentaje de psicopatía, histrionismo, depresión o salud mental. Pero me entretuve en sus ojos. Eran exactamente igual que el laberinto del Resplandor. Verdes, infinitos y con una banda sonora que te vuelve completamente loca.
Después todo lo sectario.
Los ritos, las pieles de animales, los animales sin piel, una lengua nueva, la sed. Toda la sed, y la felicidad. Con mayúsculas. El hecho de que supiese hacer magdalenas de zanahoria con azúcar moreno y que me susurrase cuentos antes de dormir no hizo más que ayudarme a dar el primer paso. Mi bautizo fue en un afluente del río a su paso por la ciudad interior. Desnuda, notaba cómo los pequeños peces pasaban rozando mis muslos, con el lomo tan plateado que Judas me hubiese vendido por un par de ellos. Después me tumbó en la hierba y comenzó mi iniciación. Mientras me besaba en los labios, treinta cínifes se posaban en distintos lugares de la capa más superficial de mi piel. Con la libertad absoluta que les daban sus alas y la ausencia de vello. Después todos a la vez intercambiaban su veneno por una gota de sangre. Era como una descarga eléctrica de bajo voltaje, un híbrido de dolor y placer. El equilibrio absoluto entre creación y destrucción. Cuando terminó de besarme los cínifes levantaron el vuelo.

Yo nunca imaginé que se podía estar descalza tan cerca del cielo.
Tú sólo tienes toda una vida para no enseñarme el camino de vuelta.






Felicidades...

26 abril 2011

El amor en tiempos tse-tse

El amor era como una luciérnaga apagada de alto consumo,
con su filamento fosfórico apuntando, íntegro y caliente,
hacia el más profundo de tus trozos de carne,
allí donde convergen tu sexual arquitectura
y la circunvolución de la belleza.

El amor no era más que tu cuerpo
flotando mar adentro, mecido
por olas que huelen a cabello de bebé
y dorado al sol como pan crujiente.

El amor en tiempos tse-tse, me susurraba
una centenaria en el último puesto del mercado,
removiendo sus nudosos y largos dedos
que olían a azafrán y pimientos verdes,
el amor en tiempos tse-tse, te hará soñar toda una vida
y abrir los ojos cuando se apague
la última luciérnaga de la camada.


20 febrero 2011

Fish & Chips

En estos tiempos miserables en los que nuestra memoria

es la memoria de los peces,

esos peces, con esa memoria

que nada en diminutos cerebros que nadan en agua y mierda,

a partes iguales,

sólo nos queda creer en el amor.


Y tú me dirás,

amor,

que para creer con tanta fuerza que se nos caiga el pelo,

hasta el pelo áspero que nos enraiza el pubis,

que para que quedemos tan desérticos como el hábitat que rodea a una bomba nuclear,

y después, como pez que nada en mierda,

a los tres

putos

segundos

se nos olvide,

no merece la pena.


Menos mal que te diré

que la pena es no revolcarnos en los ojos de los peces,

o en el aceite hirviendo del McDonald's las 24 horas del dia,

o en cualquier cosa que te haga gritar como cuando te corres,

o como cuando después de contar hasta tres,

grito yo,

mirando el segundero.


05 enero 2011

shhh

Leo, no veo. ¡Joder Leo! ¡Leo!
Perdona, lo siento. Perdóname Leo. Creí... Lo siento Leo. Cualquier día de estos tengo la sensación de que voy a abrir los ojos y no voy a ver. No voy a verte. Como en esas películas en las que se pierde la conciencia y cuando se intenta parpadear es como si nada. Y hablar. En esas películas no suelen poder hablar, ni mover las muñecas. ¿Me entiendes Leo? No quiero que mis ojos estén en el fondo de un vaso. Como la dentadura de la abuela. Entiéndelo por favor. Tengo un pánico terrible. Por eso a veces me cuesta dormir contigo, a tu lado. Todo se pega dicen. Claro, que a ti te pasará igual, ¿qué pasa si un día no me oyes? ¿qué pasa si el silencio se vuelve tan jodidamente denso que te cuesta tragar, y tu laringe no puede discriminar entre aire y cemento? Que te ahogas Leo. Pasa que te ahogas. No quiero que tus oídos sean una hormigonera.
Por favor da la luz. Por favor.
Gracias Leo.
Por favor. Dime algo. Me encanta ver como mueves los labios. Eres mi libro preferido.
Me encantaría oírte aunque sólo fuera una vez.
Leo no la apagues, por favor, no la apagues nunca. Nunca. Nunca...

24 noviembre 2010

No hay parking en el cielo, ni hay ascensor

Todos los elefantes estaban muertos. Absolutamente todos. Abrías los ojos como si quisieras enseñarle el cerebro al mundo. Proyectando axones neuronales a tu alrededor que parecían patas de araña. Como cuando yo me pongo rimel. Querías hacerles el boca a boca. Es curioso cómo en estas situaciones no te preguntas qué coño hacen cincuenta elefantes en tu casa. Cómo han llegado allí. Cómo han entrado por la puerta. Simplemente esas neuronas que te salían por los ojos se ponen a dar vueltas en el circuito eléctrico de la muerte de marfil. Olía a una mezcla se sexo y azufre. O eso te parecía a ti. Porque el azufre no lo frecuentabas demasiado, y el sexo... El sexo, antes, creías mezclarlo con amor. Es como las copas me decías. A veces pedir el licor y el refresco por separado merece la pena. Con tu propia mezcla te ahorras los céntimos justos para la huída en taxi del final de la noche. Y aunque no me lo dices se que sigues preguntándote dónde se compra el amor.
Sacarlos. Tenías que sacarlos de allí. Empezaste a sudar por todos los poros de tu piel. Miles de microgotas de agua daban una dimensión adicional a tu cuerpo. Parecía que te movías en más direcciones de las existentes. Cogiste las llaves y bajaste. Recordabas que el portero tenía un hacha. Alguna vez la habías visto en sus manos. Con una patada rompiste la cerradura del cuarto de contadores y la buscaste. Parecías un trastornado de una película americana. Con la camisa de cuadros completamente sudada y con un hacha made in Elm Street.
Volviste a casa y empezaste a descuartizar elefantes. Uno detrás de otro. Muy poco a poco. Te preguntabas por qué tenían la piel tan jodidamente dura. Y la sangre tan espesa. Tú, que eras de esos pocos hombres que saben cuidar el parqué, ni siquiera te fijabas en el río se sangre que discurría entre los cordones de tus zapatillas y el suelo.
Siete días después habías terminado. Habías perdido doce kilos de peso y el volumen de tus brazos se había multiplicado por uno y medio.
Compraste cientos de bolsas de basura y en un par de días más todo volvió a estar limpio.
Nunca hablaste de ello, pero yo aun puedo ver por tus ojos un mar de circunvoluciones.
Un hábitat lejano en el que todo es perfecto.




09 septiembre 2010


Si se acaba la gasolina, me muero.



23 agosto 2010

Los mosquitos de Shanghái

Hay una especie de mosquitos que viene a morir a mis bombillas. Sus pequeñas alas dejan de moverse y dibujan tirabuzones en el aire antes de estrellarse en el parqué. Me recuerdan a esos primeros aviones rusos. Me pregunto qué hubiera pasado si el Ilya Muromets hubiera venido a morir a mi lámpara de araña.
Mi suelo no tiene nada que envidiar a un cementerio, a una alfombra negra y crujiente. A un festín tercermundista. Absolutamente nada.
Siempre imagino su largo viaje de muerte. Batir las alas en el Índico, después de haber estado horas pegados a las lámparas de papel de los burdeles chinos, de haber atravesado el vaho que deja el sudor de las prostitutas sedosas de Shanghái perfectamente vestidas de ácidos colores y zapatos pequeños. Muy pequeños. Supongo que solo los animales que lo han visto todo tienen la capacidad de elegir el momento de morir sin ápice de miedo. Y el lugar.
A veces me dan pena, y entonces me visto y bailo como esas prostitutas de porcelana, para que los últimos segundos en el techo hagan el boca a boca al resto de las especies, y se sientan como en casa.

09 agosto 2010

PAC-MAN

Te mueves como un puto pez de circo por calles oscuras. Uno de esos mojados y rápidos, que en el número final del espectáculo dejan al aforo boca-abierta y las focas aplaudiendo encima de sus graciosas pelotitas, los payasos muertos de envidia y el domador de leones, los leones, el equilibrista en salto mortal aplaudiendo también, palomitas por el suelo, los dulces de colores, elefantes, las siamesas japonesas retorcidas, la barbuda, el gigante y el enano y los cocodrilos y los niños. Los niños no quitándote ojo en el final de tu número final, en el que te ganas a pulso un par de filetitos de pescado fino como premio, ya sabes, el reflejo condicionado, Pavlov hablando en ruso, la saliva...
Y no solo te deslizas, angosto y boquiabierto, además te tragas todas las luces amarillas. El terror de las farolas de Elm Street y de todo aquello que genera energía lumínica, nuclear, potable. Y vuelves al circo a enseñar lo aprendido mientras tu estómago se llena de cristales masticados de bombilla y los dosmilquinientos ojos en pie a 360º (no se ya si centígrados también) vuelven a hacer piruetas y aplauden y ríen y lloran y gritan y otros dos trocitos de pescado caro para el pez, por favor.

Pobres fantasmas de colores. Creo que no saben lo que son y te persiguen como medusas y se creen peligrosos porque ignoran que tienes los bolsillos llenos de mi, y que te da igual consumirme en moneda pequeña. Y yo siempre te digo que me caces uno. Que yo lo cuido y que prometo no ponerle esa ropita ridícula de perro. Y siempre me dices que no, que va a ser imposible levantarme a las 7 de la mañana para que los saque a pasear por calles negras los días de diario.

Pero te lo advierto, ni aunque te gastes todos los ahorros de vida tras vida en el siguiente insert coin, amor, no me voy a cansar de ver al rey del barrio llenándose la boca de frutitas rojas. Además, el lanzador de cuchillos tiene acorralado al dueño delgaducho del local. Hoy aquí no se cierra hasta que las vidas extras nos salgan por las venas.


*Nota a tus pies:

El nombre original de Pacman es "Paku-Paku", que en japonés significa comer. Al llegar a Estados Unidos cambiaron el nombre del juego, debido a las similitudes entre las palabras "Puck" y "Fuck".


El mejor jugador del mundo Fue Billy Mitchel que hace más de 20 años consiguió una puntuación de 3.333.360 puntos llegando al nivel 255 (penúltimo nivel) con la primera vida. A partir del nivel 18 los fantasmas no se vuelven azules.

Hay 256 niveles.
Adelante, valiente...


15 junio 2010

Bubble gum

Tenía quistes. Quistes por todo el cuerpo. Por dentro, claro. Poliquistosis familiar le habían dicho. Sus padres estaban muertos y lo único que le habían dejado eran un par de deudas que le hacían trabajar como un cabrón de sol a sol. Y quistes. Muchos quistes.
Si mirabas una radiografía, de cualquier parte de su cuerpo no veías más que burbujas. Parecía que un niño muy muy pequeño, diminuto, se había colado por una de sus fosas nasales con un botecito de esos llenos de Fairy, y se había puesto a soplar y a soplar. Esferas de diferentes tamaños, como puños, como ojos, como cabezas de alfiler, de paredes finas y nítidas e interior transparente.
A ella le encantaba lamerle los dedos, los labios, el cuello, el sexo, la punta de la nariz. Le quería a rabiar. A morir. A matar.
Dónde coño le iba a caber a él tanto amor, si no estuviese lleno de cajones de carne.

Todos los días, de sol a sol, le daba las gracias a sus padres.

26 abril 2010

Pseudoestío o falso verano

Los termómetros a finales de abril se suben la cremallera como si fueran putas inversas.
Y nadie sabe que los recién nacidos, los borrachos y los viejos son canditatos número del uno al tres para ganar una hipotermia cuatro estrellas. Los niños por niños, los viejos por viejos y los borrachos porque no saben que el alcohol les provoca una vasodilatación cutánea que deja escapar todo el calor de su núcleo de lava. El papel de fumar de su etílica piel separa su sangre de una muerte polar. Pero ellos no lo saben. No saben nada de termodinámica ni de putas inversas. Los niños por niños, los viejos por viejos y los borrachos, ya sabes.

A finales de abril hace demasiado calor en los verdes cementerios.

09 marzo 2010

Tú y el circo

Todos los colores. Absolutamente todos. Me lo dijiste al oído un día en tu trastero. Me decías que cielo, que pez payaso, que el corazón de la sandía, que los lunes de trapo (de trapo de colores, claro), que la sangre del cordero, que algas en los ojos, que verde cocodrilo y amarillo accidente reflectante. Tenías las pupilas como platos de niño de siete y un tesoro en forma de televisor. Yo sonreía y te abrazaba y no se si por la caja tonta, en la que los señores de Elbe habían metido el circo entero, y con él tus ganas de equilibrios, cuerda floja, y tragar fuego a los leones o porque cuando te abrazaba después el ruido, y después mojados, y después la falda en el suelo a modo de cadáver con tiza de contorno. Y el secreto. Me encantan los secretos de manos pegajosas y columpio y tierra en los zapatos. Y nunca le voy a decir a nadie lo del superhéroe. Te lo prometo. Ni lo de los enanos y gigantes del trastero. Al fin y al cabo terminé contándote también lo de la sangre.
A veces cuando sales de un sitio y miras a tu alrededor todo es diferente, aunque hayan sido unos minutos o no haya luz o huela a gasolina. Sobre todo si huele a gasolina. Luego te lo cuentan todo sin palabras y te das cuenta de que llevan año y medio saliéndote arcoiris por lo ojos.

17 febrero 2010

LA UNIDAD CORONARIA

La unidad coronaria está en el ala oeste. Hay que atravesar un pasillo muy largo en el que cada paso te aleja un poco más del mundo interno y sonoro de las sillas de ruedas, los plásticos de los caramelos de las visitas y las agujas que caen al suelo. Sólo ciertos animales desérticos son capaces de apreciar todos los matices cilíndricos, metálicos y diminutos de esos monstruos huecos que hacen llorar a los niños. El suelo no está acolchado, pero lo parece. Porque a medida que vas avanzando, en los oídos se expande el silencio en tapones imaginarios. Yo prefiero llamarla unidad de relojería. En la unidad de relojería hay ingenieros suizos con batas blancas, y habitaciones que son máquinas del tiempo. En cada una de ellas hay visitantes de diferentes mundos paralelos. Tienen corazones que viven de acuerdo a su propio espacio temporal, y sus latidos, acelerados, lentos, cabalgantes o asincrónicos, miden el mundo a su ritmo, creando así un espacio visceral donde los colores se confunden y todo ocurre a deshora.
Si hubiese un sistema que permitiese escuchar por un altavoz los latidos de todos los pacientes al mismo tiempo, estoy convencida de que se oiría llover. Sería como una noche de lluvia en gotas gordas, chocando contra el hierro de los balcones. Aunque tengo una segunda teoría, porque quizá, solo quizá, sonase El invierno de Vivaldi. La culpa. Siempre se busca un culpable. La aguja tonta del segundero o el vaso derramado de vino. Coronarias estrechas, miocardios famélicos o válvulas viejas, que como las malas perdedoras, se retiran más tarde de lo que deberían.
A pesar de los fallos de fábrica, me encanta caminar despacio por la unidad de relojería, como de puntillas por el laberinto blanquecino que separa las granos de una granada. Sabiendo que detrás de cada puerta hay un agujero rojo y ácido de tiempo en el que perder el hilo del calendario.

30 noviembre 2009

In the firebreak

I.

Arrasas a tu paso
como el cráneo de un bebé,

(allá en la cuarenta semana lunar),
y el horizonte sanguíneo parece
Darwin a la salida del colegio.

Nunca supiste diferenciar entre
asesinato, proceso de selección natural

y follarme a la deriva.
Nunca viste un vaso de gasolina,

ni al pirómano del condado

orinando en tu acera.




II. (rain in the firebreak)

Arrasas a tu paso
como el cráneo de un bebé,

suave,

acabalgado en tu mínimo diámetro,

blando.


Moldeas la carne como si fuera el arte

de soplar vidrio templado,

abriendo esferas transparentes en el aire

donde acunarme los días de ráfagas de viento.


Eres carne de mi carne
porque quiero dar a luz

cada célula convexa del amor de tus ideas.

16 noviembre 2009

DE VUELTA (Y MEDIA)

Llamaste nueve o diez veces puta a tu madre, en silencio claro. Zorra no, pero porque a los siete no andabas muy bien de polisémicas, y lo único a lo que hacia referencia esa palabra era a la prima lejana del cabrón del lobo de Caperucita. La llamabas puta, decía, cuando no te dejaba tocar nada. Porque se manchaba. Eso te provocó innumerables traumas que quedaron acantonados en tu cerebro, como si fuera un virus herpético, que volvía a brotar cada vez que tus defensas mentales caían en picado, como todos los electros que te hicieron antes de descubrir tu problema. Giros mentales que hacían que hicieses todas esas cosas, como lo de pegar los cromos de los futbolistas con la cabeza hacia abajo, verter la leche en la caja de cereales, escribir redacciones fantasma sobre tus vacaciones que suponían un suspenso, pues la goma sobre papel blanco solo la podía leer la gente como tú. Lo de empezar a los dieciocho besando el pubis a las chicas de tu edad, te hizo sin querer ser el rey y descubridor de las Américas sexuales cuando en la frente de tus compañeros no quedaba medio milímetro cuadrado libre del monstruo del acné.
Y quince años después vuelves a llamar puta a tu madre, esta vez gritando, porque aunque sigues con la piel al revés, manchando de sangre todo lo que tocas, con el corazón a la derecha, asustando de muerte a todos los residentes de cardiología del hospital universitario, aunque todo sigue igual de al revés que a los 7, ahora cuando yo estoy de vuelta tu ya te has ido y la puta de tu madre no sabe lo que te gustaría ponerme perdida a dos manos.

09 octubre 2009

09 septiembre 2009

PULPOS EN EL PECHO

Hay que joderse, porque juro que no lo sabía. No hacía falta contratar un asesino de lunes a viernes para matar el hambre. Somos mendigos de festivo que explotan como piñatas al son del ron con limón, y se quedan vacíos por dentro. Y más de medio sueldo en hombres con cara de loco asqueroso. Hay que joderse, insisto. Menos mal que la conciencia y el mar de Cortés. Porque para poder dormir había que hacer algo, calmar a las termitas que te roen la retina y te hacen mirar fino. Porque me tiraba horas en las aguas del mar de Cortés ayudando a crías de ballena a cruzar la línea que les separaba del plancton. Me encantaba mirar el movimiento de sus pequeñas colas bajo el agua, como cuchillos que acarician el H2 para que el O se les quede pegado a la piel hasta la siguiente curva. Me encantaba cerrar los ojos y sentirme una marioneta entre sus movimientos perfectos, que como casi todos los perfectos ni siquiera me rozan. Y dejar de ser un poco, a secas. Mojada. Menos mal que la conciencia. Y los asesinos, y que para dormir tú también nadabas con crías de ballena, porque no me gusta tener el árbol bronquial lleno de algas. Menos mal que la mermelada de fresa y el queso de cabra con miel y el zumo recién exprimido de naranja y muerte al hambre y a las ganas de cualquier cosa que no seas tú.
Hay que joderse, porque los asesinos que ya no contratamos nos mandan huesos de animales muertos para que hagamos caldo, supongo, los días de frío pero ni siquiera vienen a probarlo.

03 agosto 2009

Siempre tuve miedo a todo lo que no fueran
tus alturas,
y dicen
que la torre más alta que ha caído,
tenía vistas
a los pies de tu cama.

15 julio 2009

de partido

Pasarías por ellas como pasa el aire a través de un tiempo muerto
esquivando gotas de sudor en la frente de un rubio del norte,
setenta kilos,
deslizándote por ese trozo de piel dorada y rectangular,
que bien podría ser la cara interna de un transatlántico inglés
o de mi muslo cuando termina septiembre.
De la polio asintomática a la endocarditis infecciosa,
treinta y siete y medio -el termómetro en una bombilla-
y de ahí a la farmacia a por una caja de doce.
Yo, ya sabes, antes o después iría a la cárcel
pero nuestro sofá,
a eso de las diez de la mañana,
iba a ser el más feliz de todo el vecindario.

29 junio 2009

Se quedó a dormir con Irán,
que reprimía su inspiración como él en el baño

los gritos a los quince.

La hipoxia no entiende de edad,

ya sabes,

me decía con los labios azules y el mercurio desparramándose

entre las juntas de las baldosas,

como el amor en primavera.

22 junio 2009

STRIGIDAE

Separaba las plumas con el tenedor,
y cortaba con esfuerzo los tendones de sus patas en rigor mortis.
Destacaba la suciedad extrema del plumaje del búho con el brillo del filo de plata de la vajilla.
Un regalo de la abuela. Aún con las tripas fuera, el búho,
tenía mejor aspecto que la abuela.
Un trozo de carne le colgaba de la barbilla, y escurría un hilo de sangre propio de la carne cruda. Gotas de sangre y saliva mezcladas entre el vello de su barbilla.
Hirsutismo.
Una distribución del vello, propiamente masculina, en la mujer, debido a una sobreproducción de andrógenos. Eso le dijeron en aquella consulta. Un tumor en la médula de la glándula suprarrenal, que al comprimirse, (cuando defecaba, por ejemplo, al vestir pantalones que apretaban su cintura, por ejemplo) expulsaba una cantidad extra de hormonas masculinas a su torrente circulatorio.
Sonó el teléfono en el silencio de la casa.
Necesitaba un trapo. La servilleta estaba demasiado impregnada de la sangre del búho.
Un trapo en la boca.
Iba a vomitar.

15 junio 2009

CV

Antes de dedicarse a viajar por el mundo recortando con unas tijeras verdes erratas de libros escritos en cualquier idioma para después meterlas en cajas de música, se había dedicado a plantar huesos de durazno en la cuneta del kilómetro cero de cada estado. Para lo cual dejó su anterior empleo, que no era otro que robar cucharillas de café, luego fundirlas y dar forma a canalones para que cuando dejasen pasar lluvia a su través, el olor a Colombia inundase toda la avenida. Mucho antes había introducido su hocico en la compraventa de caballos mansos a los que volvía salvajes recitándoles palabras obscenas al oído sílaba por sílaba, hora tras hora, y haciendo el amor delante de ellos como si fuera un animal que al final del combate lame los ojos de su amante. Previamente tuvo que dejar el trabajo artesanal. Crear con sus manos ojos de muñecas, huecas por dentro, en las que los contrabandistas metían opio en el país. Claro, todo esto fue antes de que le echasen de la agencia literaria, y mucho antes de estudiar economía. Lo que nadie entendía era cómo cada 9 de septiembre ella metía todo lo que tenía en una maleta para seguirle y dedicarse, según decía, a aquello para lo que había nacido. Nadie pensaba, claro, que se refería a eso tan bien remunerado de ser feliz.

08 junio 2009

4/1

Acabo de salir.
Dos horas en un aula magna en la que destripan enfermos de cáncer en preguntas tipo test, (penalización 4/1), para que elijamos, muchas veces al azar, opiáceos que aliviarán levemente su dolor animal y metastásico. Quizá óseo, prostático, tal vez pulmonar. Obviamente no les curará de la muerte el hecho de que se les administren vía intravenosa, o el de que yo haya puesto una cruz negra, paradójicamente, en la opción A.
Acabo de salir.
Les tengo calados. A todos. Son simples. O yo muy lista. El cielo está nublado y la humedad del ambiente arruga los gestos como si fueran yemas de dedos de niños tras un baño caliente. Camino deprisa y sudo. Bajo unos 5 centímetros la cremallera de la cazadora hasta que destapo la porción superior de mi cuello. Esa que estaría abultada si tuviera pene, o si hiciera todo lo posible por tenerlo. Noto cómo el sudor se va enfriando, creando una película gélida que envuelve la base de mi cabeza, mientras el pelo, empujado por el aire, me oculta trozos de cara. Una mujer camina perpendicularmente a mí en un cruce. En esa esquina en la que hay una tienda de interruptores. ¿Cómo coño puede existir una tienda que exclusivamente venda interruptores? Me jugaría un ovario, ese que estaba crujiendo hace una hora, a que en el sótano hay doce blancas del este prostituyéndose treinta horas al día. La mujer se cruza por delante. Camina con los brazos balanceándose en un abrigo gris, abre la boca y deja caer mirando al suelo un escupitajo. Puedo ver perfectamente las burbujas cristalinas nadando en la saliva blanca y poco consistente de la mujer. Se gira levemente. Es demasiado posible que me haya visto el asco en la cara. Sigo caminando. Llego a la plaza del Oeste. Está en obras, no lo sabía. Parece que hace más de una semana que salí de aquí. Me cambio de acera. Me cruzo con una chica con el pelo corto, morena, ropa ancha. Lesbiana. Mucho. Me suena su cara. Mucho. Ana. Se llama Ana. Y fue conmigo durante un par de años al colegio. No la veía desde los cinco años.
Acabo de salir.
Doblo otra esquina. Una panadería. El panadero es rubio y parece ruso. Es exactamente igual que Pocholo. Con la coca espolvoreada sobre las magdalenas pone a tono a las putas del sótano de la tienda de interruptores. Me juego el otro. Ese no cruje. Sigo. Paso por la frutería. El chico debería haber dejado de intentar echarme un polvo el primer día que no respondí a su mirada entre las cajas de fresas. Ya ni siquiera le miro, pero sé que él sigue el movimiento coordinado de mi muslo y mi cadera hasta que me pierde de vista. Sigo, cruzo, acabo de salir y voy a entrar. Saco las llaves. Está empezando a pintinear. Ya sé que no existe esa palabra. Me la suda. Subo en el ascensor. Mi compañero de piso no está. Estoy sudando. Entro en mi cuarto. Ha hecho la cama. Se ha dejado su mp4 verde y ha hecho la cama. Me quito la ropa lo más rápido que puedo y me pongo el cabezal de un uniforme de quirófano. Sacyl. Lo robé en una práctica de anestesia. Éste y otro. La pelusa de debajo de la mesa tiene edad para emanciparse. Mi ropa interior está doblada encima de la cama. Volverá en 15 minutos y me mirará escribir tumbado.
Acabo de salir.
El opio. El monstruo del cáncer. Las rubias del sótano. El polvo de dentro de 15 minutos. Ser feliz. ¿Ser feliz ? La opción A.

16 mayo 2009

Together Better!!


30 de mayo a las 22:30
en Soul Station,
Cuesta de santo domingo 22
5€ en
6€ en taquilla
Te lo vas a perder???

11 mayo 2009

VOZ-ALES (o el Área de Broka)


Tenía que decir, y dije,
que un paraguas abría en canal mi esófago,
desgarrándolo como el útero de Dios,
y que la sangre tomaba el camino alternativo
que separa mi lengua del resto de las lenguas.


Dar la vuelta a la cuchilla, subirme descalza
y aliñar con el sudor del neopreno
el sudor de los ángulos obtusamente abiertos.


Dije que los dedos de los niños llevarían al infierno
a quien no supiese del diámetro mínimo de vida,
que un ramo de arrugas se muere de silencio
y que hacerle el amor (shhh) te dejaría completamente ciego.


Y ahora que ya no tengo nada que decir,
absolutamente nada,
que el mundo va perdiendo más decibelios que vinagre
y menos grados que líquido anticongelante,
ahora que callo como esas dignas mujeres que fuman,
simplemente me dedico a mirar la boca de los mudos,
porque ellos, al fin y al cabo,
siempre supieron lo que se hacían.

04 mayo 2009

EUREKA

Para tus 28 luces de Neón,
que ya las quisiera Edison...



El día que descubrió cómo la primera había crecido en su vientre fue el más extraño de su vida. La vio cuando después de matar a golpes al despertador, se metió en la ducha, dejando en el suelo su bata de guatiné, mientras el agua le iba surcando el torso. Pasó la mano un palmo más allá de su séptima costilla y notó su superficie fría y lisa. Los días siguientes fueron apareciendo más, de diferentes tamaños y potencias. En la cara interna de los antebrazos, en el cuello, en la espalda, pequeñas y de colores entre los dedos. Cualquier empresa de publicidad le hubiese contratado indefinidamente y miles de mujeres hubiesen arrancado orgasmos eléctricos de su regazo. Pero la mañana en la que tuvo una gran idea la explosión de su cuerpo fue tal, que los meses posteriores a su muerte no dejaron de crecer en los alrededores de su casa flores con filamentos de tungsteno como estambres.

29 abril 2009

ESTA NOCHE...

EN RADIO PERSONA

A LAS 22:00

EN EL CAFÉ MODERNO



26 abril 2009

CAMBIO CLIMÁTICO

Para Lara...

Siempre tuviste un mar en cada ojo y la calma en la palma de las manos. Todas las respuestas en la base de la lengua, que jugaba con los dientes como delfines en un plato. Y de la punta de tus pies a la punta de mis pies un par de décimas de fiebre o un par de marcapasos. Por eso me gustaba caminar a tu lado entre los restos de septiembre de los restos del verano, ver alguna que otra película, seguir vías neuronales, reírnos de la falda bioestadística por excelencia y provocar anemia de twist al torrente sanguíneo de la máquina de monedas. Y en cambio, el cambio climático nos cogió poco a poco y por sorpresa. Nos heló el chocolate, los planes, las monedas, nos confundimos de acera y de país inventado, y cada una cogiendo al mundo por un lado. Y tú como la mano invisible del padre en la bicicleta, y yo, sin frenos, cogiendo curvas en el extrarradio. Y menos mal que otro cambio de los nuestros absurdos y climáticos ha traído de las orejas y de vuelta al verano. Porque te echaba demasiado de menos, y regar con ojos (y pañuelos de menta) el casco antiguo ha sido el antídoto del año.

18 abril 2009

EN CONCIERTO...



Esta vez no es un recital de poesía
ni tampoco una colaboración...
Por primera vez este miércoles cantaré todas mis canciones
en El Savor y con la compañía del genial Javi Ezpeleta

Sería un placer que nos cruzaseis...

(San Justo 28, a las 22:30)

13 abril 2009

COSAS DE NIÑOS (de más de siete niños)

Es sencillo imaginarlo. Como hacen los niños pequeños con la crin albina de los unicornios y la piel dura del lomo de un dragón. Imaginar sus ojos rojos y sus manos frías, llenando un vaso de agua a la mitad. O quizá un poco menos. Rompiendo la parte superior de un sobre que se reza dueño del sabor de las naranjas. Vertiendo el contenido en el agua y doblando sobre sí mismo el sobre, con las puntas de los dedos, lentamente, para luego remover con él el polvo de la fruta plantada en un vaso de cristal con tres dedos de agua. También puedo imaginar como tocaría su frente caliente y besaría unas décimas por encima de la media, que harían de su piel el vientre perfecto del verano de mi vida. O cómo brotan las flores del naranjo diminuto que creció en el vaso medio lleno que olvidamos a la luz de ventana. Si cerrase los ojos, podría incluso verlo. La yemas de mis dedos paseando por su brazo, rozando el umbral de las cosquillas, para luego clavar las uñas en el spring final (sí, de primavera), hasta llegar a la meta del escalofrío en forma de sonrisa con barba. Imaginar los Newtons que ejercen las falanges de sus dedos sobre una lazada en los zapatos, acostumbrados, más que al suelo, al aire que durante los terremotos se desliza entre los surcos de las suelas. Como el amor que a veces se cuela entre las sábanas de hotel en las noches de sexo. Imaginar su ropa doblada al revés, sufriendo la metamorfosis del reverso al contacto con el primer rayo de sol, sus pestañas amenazando la compostura del cielo de Londres, las teclas gastadas de su ordenador, y el olor de su cuello cuando dista de la punta de mi nariz un límite que tiende a menos infinito. Cosas de niños, ya sabes, las de poder imaginar absolutamente todo lo que quieres o de poder querer (tanto) aquello que imaginas. Además siempre tuvo un unicornio y un dragón en la caja de mimbre que guardaba sus juguetes.

06 abril 2009

PRONÓSTICO RESERVADO

1.
El paciente número uno paseaba la vida hacia atrás. Incapaz de darse la vuelta, caminaba siempre de espaldas, así que empezó a criar talones en las puntas de los pies, y los dedos de sus manos tenían sabor a codo. Dormía boca arriba, así que por lo menos conseguía librarse de los asesinatos de la mafia.
Llegó a urgencias a las veintidós treinta del sábado 21, refiriendo un intenso dolor de cabeza provocado por un golpe despistado en la nuca.
Pendiente de diagnóstico.


2.

La paciente número dos acude regularmente a consulta en psiquiatría para tratar sus trastornos obsesivo compulsivos. Uno de ellos le obliga a lavarse las manos con jabón de coco cada vez que toca algo que no sea su pelo. También se trata su ecolalia transitoria por la cual, a veces, repite de forma inmediata, fiel y sin sentido palabras o frases pronunciadas por otras personas y que acaba de oír. Además presenta una esterotipia motora, es decir una repetición reiterada e innecesaria de un gesto, que en su caso consiste en mesarse el cabello. Por todo lo anterior la paciente acude a terapia en el centro dos veces por semana, los miércoles y sábados.
Salió de su terapia el sábado a las veintidós veintidós, a las veintidós veintitrés volvió a entrar cruzando la puerta a la pata coja, salió de nuevo, volvió a entrar y a salir a las veintidós veinticuatro, otra vez a la pata coja. Continúa entrando y saliendo hasta las veintidós veintinueve del sábado 21, cuando al salir por enésima vez, justo en la puerta de urgencias, se golpea la cabeza contra un transeúnte que caminaba de espaldas.
Pendiente de diagnóstico.

3.
La paciente número tres llega en camilla a las veintidós treinta y uno. Refiere un desmayo justo en la puerta de urgencias, y presenta un nerviosismo generalizado. En las pruebas iniciales se aprecia un estancamiento de personalidad, que se ha quedado en la etapa infantil en la que se aprende a seguir con la vista y el cuerpo cualquier objeto que se cruza frente a los ojos. En este caso, la paciente se enlaza de manera directa con cualquier persona que le cruce la mirada, y se queda frente a ella mientras dure el contacto visual. Como el noventa y nueve por ciento de las personas apartan la mirada tarde o temprano, la paciente es vagabunda.
Entra en urgencias el sábado 21 a las veintidós treinta y dos, después de haber seguido la mirada de un hombre que caminaba de espaldas, desmayada al verle caer en la puerta.
Pendiente.

4.
El paciente número cuatro es uno de nuestros enfermeros. Aquejado de un excesivo celo y de un excesivo desinterés personal e interés por los demás. Acude a la salida de urgencias para socorrer a tres personas semi-inconscientes, pero justo cuando cruza la puerta empieza a convulsionar por un shock anafiláctico. Uno de sus compañeros de planta que había estado con él unos minutos antes relata ambos habían bajado juntos en el ascensor del hospital. Al entrar en éste, el enfermero golpeó sin querer a una mujer que estaba dentro tocándose un mechón de pelo y le pidió disculpas, acto seguido la mujer comenzó a hacerle burla y él sonriendo le besó la mano. El enfermero presenta alergia al coco.

5.
Es muy tierno verles follar en la sala de cuidados intensivos. Tumbado en el suelo, el paciente incapaz de darse la vuelta mira fijamente a los ojos a aquella que no le aparta la mirada. Nuestro enfermero, ya recuperado, les da de comer cinco o seis veces al día, los asea e incluso les lee novelas contemporáneas de éxito, mientras recibe un masaje en la espalda de una mano enfundada en un guante de latex que viste una mujer que se mesa el cabello de coco con la otra.

30 marzo 2009

GESTIÓN Y CONFECCIÓN

Lisérgica escena, te comento, la de la regencia de las piernas cuando el cuento acaba siendo griego. Y ya ves que las abejas se hacen la boca crema en el centro de Madrid y aquí la lengua clavel en ocho y sidra sin gaitero. Lisérgica escena también, la puta de Carmen, y el amor de su compañero, los zapatos viejos, la sonrisa en el aire y los pies infectados de todo lo que duerme sin techo. Que me encanta que llenes de risa la casa y me dejes vacío el abrazo, cuando tuerces el paso y te dejas caer por mi trozo de vida, al final de la fiesta (a la derecha) cuando a algunos les quedan vivas media neurona y media. Vente, que ya lo decía ése. Vente antes de un vente maleado en compañía y devórame el parásito de invierno que se nutre de las crías de la primavera.
Y tú vente, para siempre, corazón y devórame en lo verde. Lisérgica escena en la que tiemblas sin ver que quien te hace quemazón no es nadie más que yo. No me busques las tres bocas abiertas y tápame una con la base de la lengua. Que te crezcan mis encinas en ausencia y florezcan cuando te bebas mi vera.
Vente, vente que te quiero, vente...
.
.
.
.
.
Por un fin de semana
mirado a través
de un culo de vaso.
Porque volváis lo más pronto posible.
Porque os echo ferozmente de menos...








22 marzo 2009

POESÍA DE PRIMEROS AUXILIOS


Este martes 24 a las 22:30 en el Savor
(San Justo 28, Salamanca)

Al mando de las letras:

El hombre que
(www.el_hombre_que.blogspot.com)

A la música:

Xavi Martín, de Lila dit ça
(www.myspace.com/lilaruido)

Y una Roja servidora,
a un poquito de todo:

(www.myspace.com/rojahastadoler)



¿Nos cruzas?

16 marzo 2009

LA VICTORIA DEL PERDEDOR

El perdedor tiene los ojos oscuros y secos, y la suerte en el bolsillo derecho de la chaqueta. De esa chaqueta que viste desde que se recuerda a sí mismo, marrón e integrada casi en el trozo plastificado de su identidad. No camina lento, como quien sabe de las nubes o de las formas de las copas de los árboles, ni rápido, como si tuviera algo más que hacer que rumiarse las entrañas los días festivos. Sus pasos se clavan en los trozos de tierra sin asfaltar, intentando sembrar un poco de vida artificial, y flotan en las aceras para hacer en la ciudad el ruido de los muertos. La mirada del perdedor es su órgano vital. Directa, ladrillo cara vista, lijada, a un paso de la tristeza crónica y a dos de la serenidad. Penetrante. Tanto, que es considerada un arma blanca para quien se pone a tiro. Reniega del espejo y así evita la ley del efecto del escupitajo en contra del viento y el buscar de los perdidos. Los individuos de esta especie casi siempre mueren ahogados en su propio jugo. Encharcamiento de pulmones, o de cuentas pendientes con el tiempo, aunque el tiempo les importe medio carajo. El perdedor, ya sabes, nunca sonríe. Sólo algunas veces, al final de la batalla, cuando la medalla de oro cristaliza en el trozo de mierda que dejan a su paso, y que, ya sabes, no deja de ser su única victoria.

09 marzo 2009

EL HOMBRE DEL FARO

El hombre del faro copió en sus ojos el color que el mar tiene cuando acaricia a los peces, por eso siempre que mira algo, extiende una fina capa de salitre, que sería casi imperceptible si nadie posase el dorso de la lengua sobre ella, como una mariposa. El hombre del faro sube cada mañana noventa escalones con forma de caracol para dar los buenos días a la marea baja, y limpia con un paño blanco el gigante cristal que guarda al foco su reflectante cara. Tiene en la tez dorada arrugas, que forman los lazos de las rutas que llevan al Mar Caspio. El color de su barba es castaño, como un campo bañado en nuez moscada, y sus manos ásperas de tanto jugar a las escamas. Cena cada noche pescado, hecho a fuego lento a los pies del faro, cuando éste está apagado y lo único que alumbra son las almas que hablan con las llamas y los millones de estrellas que observan desde el cielo el sublime ritual. Viste colores claros y telas frescas que al aire ondean con orgullo el descuido masculino y sus sábanas tienen aroma a resaca dulce y bebé de ballena. Guarda en un baúl entero de madera los tesoros de dos millones de vidas. Cartas amarillentas y carcomidas por los bordes, que relee cada vez que le entra hambre de carne, tinta china y seda. Una pluma tallada en ébano, que trajo de Sri Lanka en uno de sus viajes, y con la que le escribía cartas amarillentas y carcomidas por los bordes a una mujer de labios rojos y vestidos cortos. Y una caja de cartón llena de monedas de todos los rincones del mundo, menos aquel rincón danés que se llevó en la boca la aquella mujer cambiado por sus bragas. El baúl tiene un candado de cobre roído porque siempre pensó que los pulpos hablaban latín y resolvían ecuaciones y la puerta del faro el hueco del tamaño de unas caderas, porque siempre pensó que alguien volvería reclamando unas bragas y el resto de una vida mecida por las olas.

03 marzo 2009

23 febrero 2009

CAMINO A JAIPUR

Hacía mucho tiempo que no despertaba con un hombre en la garganta. Tenía cuadradas las uñas y sus cejas olían a pimienta molida y albahaca. He despertado con un hombre en la garganta y en sus ojos dos cuencos de azafrán y hierbabuena, especiada la parte alta de la espalda. De su espalda.
Dicen que a veces, cuando cierras los ojos y los vuelves a abrir despiertas en un párpado de buey, colocado en la última pared de una casa verde, fundida y orientada en la parte asiática de la entraña de Turquía. Despiertas con el grito agudo de las mariposas posadas en la ventana, y el olor a fresa de la hierba recién cortada rajando el epitelio de tus fosas nasales. Un epitelio plano estratificado y no queratinizado, rajado con el cobre de la hoz de las frambuesas. Y aquí, en este lugar, situado en el justo y aristotélico exacto punto (medio) de los ojos entreabiertos y cerrados, entre sábanas color hueso bordadas a mano, por ancianas madres del resto del mundo, por ancianas falanges de los grumos de la tierra, por difuntos arañazos de las manos de los restos de los sueños. Allí despiertas con un hombre en la garganta, que hace equilibrios entre tus cuerdas vocales, especiando el vaivén del funambulismo con el caldo de tu sangre, soplando del cuenco de sus ojos, cuadrando en sus cuadradas uñas el mapa de un par de escalofríos. Despiertas con el hombre de tu vida en la encrucijada aérea de la garganta, y cuando despiertas, coges con saña un abrecartas, cierras los ojos con la fuerza de las apisonadoras y lo introduces hasta el fondo de tu páncreas, porque al fin y al cabo quedan más de cuatro horas de vuelo.




15 febrero 2009

Silogismos

Tengo en una arruga
.
todo tu intestino.
.
Si tienes hambre
.
tendrás que hacerte viejo
.
en el pliegue de mi axila.

19 enero 2009

LA ÚLTIMA HOJA

(A la desaparición de la hoja del lector de Tribuna Universitaria después de tantos años salvándonos los lunes)

Recuerdo haber prometido no volver a comer turrón, ni a tomar café en esa cafetería, ni a escaparme en un autobús, ni a salir de compras con todas las tarjetas de crédito, ni a decir exactamente siempre lo que pienso. Juré no volver a enamorarme, ni a beber tequila, ni a dejarlo todo para la última semana. Y en cambio lo he terminado haciendo, comiendo, bebiendo, comprando, y gritando. Así, me asomo por aquí antes de febrero desdiciéndome porque al lunes le alcanzó la muerte súbita después de que le extirpasen de urgencia la última hoja. Y vestida la lengua de luto le doy las gracias a Tribuna Universitaria, por haberme dejado asomar las letras de vez en cuando y meterme así entre manos ajenas, colarme un poco en la vida de aquellos que me hayan leído alguna vez en papel, perdiendo con ello un trozo de su tiempo. A ellos más que gracias. Y termino diciendo que ha sido un honor estar en la misma página que esa gente que escribe tan bien, que como ya te dije, me parece increíble que no viva de ello. Que voy a echar de menos sorber el antídoto del lunes desparramado en un trapo, y que el mejor texto que he leído en mi vida sigue siendo El pabellón de los ciegos. Supongo que ya sólo nos queda mudarnos al domingo y escribir nuestra historia en otro formato.

29 diciembre 2008

SIETE MÁS UNO

(Al poeta, por el otoño-invierno de la punta de la lengua que murió de felicidad chupada sin medida alguna)
(Al maestro de esgrima, que vivió lentamente haciéndome sangre)
Mis abuelos se casaron por tercera y alguien abrió una cafetería esquinada en la avenida que tenía las paredes malva. Aprendimos el arte de coser carne de hombre en un cuarto de hora y el rey dijo la palabra crisis. Luis me llamó por segunda para decirme que había roto otro condón y me alegré por un momento de estar durmiendo sola. Saqué el teórico y suspendí una vez el práctico. Aprendí a aliñar ensaladas con miel y soja y me enganché al té de fresas con nata. Jose se mudó a la habitación de enfrente y me pintó la vida con abrazos. Me hice con la planta seis, blefarospasmos, la argentina de Marsol y el café de los adjuntos casi sin quitarme ropa. Me ofrecieron un puesto de amante y otro de comercial, y a los dos dije "el siguiente". Me echaron de clase y un cura me preguntó si trabajaba en radio. Chaouen cantó semilla en la tierra después de la tercera voz y Bea durmió en el salón. Conocí poetas, genios, camareros, idiotas, dueños, un par de grandes con guitarra y luces amarillas de Savor. Enamoré a varios hombres y me volví loca por uno. Aprendí a robar objetos sin valor y mandé tantas cartas que el cartero se jubiló antes de tiempo. Rebeca, Lau, María, Sara y yo bebimos en el Molly tanto que volvieron a brotar barbaridades con denominación de origen. Mi padre descubrió que su hija no era tan golfa y se llevó una decepción. Metimos un perchero blanco en un Ibiza blanco, nos persiguió la Sexta, y la nieve nos caló en una ciudad que no era tuya ni mía, pero un poco de los dos. Aprendí a hacer el amor. Me reí del sexo. Bebí más de lo que pagué. Pagué menos de lo que te debía. El desayuno se convirtió en vocación y el allanamiento de morada en puro vicio. No pisé historia, patología general ni el suelo bajo la mesa de tu jefa. Mudé los pies al salpicadero y las plantas al parabrisas mientas conducías. Y volé en el ocho. Volé tanto en el año ocho que me dan ganas de volarlo todo si el nueve no se viste de tu boca escarbándome con rabia las células del pecho.
Que
dan
ganas
de romper
con todo,
Que.
(que te quiero)

¡¡¡Feliz año a todos!!!
Espero que metáis el pecho en el nueve
rompiéndole la espalda al resto del invierno.
Nos vemos en febrero (quizá...)
Hasta entonces...un beso rojo



22 diciembre 2008

EL DON DE LA SABIDURÍA

Ahora que lo sabes,
ahora que saben cuantos elefantes ahogaría en la bañera
si el tapón fuese redondo,
y corriendo por un borde llegase a todo
lo que al otro, tiene tu puñetero nombre.

Caramelizado como la manta

con la que te tapo cuando el mundo grita suerte.

Y ahora que saben que la suerte
la tenemos refractada en el tercio de todo lo invisible
cuando el aire se me empacha
de follarte en el sofá como quien devora sauces.

Ahora que lo sabes,
que sabes lo que se me clavan los doscientos incisivos
ahórrate el frío y niévame el resto de diciembres
porque que yo recuerde,
no tendré nada mejor que hacer en primavera.



12 diciembre 2008

ROJA, QUE & DELGADO

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Roja Que & Delgado
.
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Cruzando(te) la boca en El Savor
Miércoles 17 a las 22:30...
.

08 diciembre 2008

MIDNIGHT PASSION

Se pintaba lentamente las uñas de la mano derecha. Se pintaba con una sutil y voraz delicadeza las uñas de la mano derecha mientras contemplaba a segundos alternos su reflejo en el espejo del armario, que por alguna razón seguía abierto. Si giraba la cabeza rozándose la nuca con el pelo podía observar, delirante, las puntas del electrocardiograma del cielo de Madrid. Y si hubiera disuelto lo disuelto de sus ojos en las olas de la mesa, se habría ahogado en el mar Rojo de su taza humeante de té de fresas con nata. El radiador de la esquina, ese radiador cuya anterior dueña podría perfectamente haberse llamado Felisa, o incluso Gúdula, adornaba la habitación con una temperatura que permitía que su piel quedara al aire, y bailando con éste, los primeros acordes de Why does it always rain on me? Probablemente fuera llovía la muerte del color carne, y probablemente yo ni siquiera escuchaba el tambor de las gotas de agua sobre la poyata. Se pintaba lenta y vorazmente las uñas de la mano derecha porque era con la derecha con la que me masturbaba. O eso fue lo que me respondió cuando le pregunté por la izquierda. Después saboreó altivo y encantado mi cambio de color mientras el Midnight Passion se secaba a la revolución autocrática del clímax de sus falanges.