Porque hay a quien le gusta el olor reciente de un café cortado. Porque hay quien grita "touché!" cuando se encuentra una mirada diferente. Porque cruzar en rojo da la vida y con los ojos cerrados se llega antes a ese otro lado adictivo, furtivo y agridulce. Porque las entrelineas guardan los secretos y ayudan a imaginar. Bienvenidos, pasen y lean...

30 noviembre 2009

In the firebreak

I.

Arrasas a tu paso
como el cráneo de un bebé,

(allá en la cuarenta semana lunar),
y el horizonte sanguíneo parece
Darwin a la salida del colegio.

Nunca supiste diferenciar entre
asesinato, proceso de selección natural

y follarme a la deriva.
Nunca viste un vaso de gasolina,

ni al pirómano del condado

orinando en tu acera.




II. (rain in the firebreak)

Arrasas a tu paso
como el cráneo de un bebé,

suave,

acabalgado en tu mínimo diámetro,

blando.


Moldeas la carne como si fuera el arte

de soplar vidrio templado,

abriendo esferas transparentes en el aire

donde acunarme los días de ráfagas de viento.


Eres carne de mi carne
porque quiero dar a luz

cada célula convexa del amor de tus ideas.

16 noviembre 2009

DE VUELTA (Y MEDIA)

Llamaste nueve o diez veces puta a tu madre, en silencio claro. Zorra no, pero porque a los siete no andabas muy bien de polisémicas, y lo único a lo que hacia referencia esa palabra era a la prima lejana del cabrón del lobo de Caperucita. La llamabas puta, decía, cuando no te dejaba tocar nada. Porque se manchaba. Eso te provocó innumerables traumas que quedaron acantonados en tu cerebro, como si fuera un virus herpético, que volvía a brotar cada vez que tus defensas mentales caían en picado, como todos los electros que te hicieron antes de descubrir tu problema. Giros mentales que hacían que hicieses todas esas cosas, como lo de pegar los cromos de los futbolistas con la cabeza hacia abajo, verter la leche en la caja de cereales, escribir redacciones fantasma sobre tus vacaciones que suponían un suspenso, pues la goma sobre papel blanco solo la podía leer la gente como tú. Lo de empezar a los dieciocho besando el pubis a las chicas de tu edad, te hizo sin querer ser el rey y descubridor de las Américas sexuales cuando en la frente de tus compañeros no quedaba medio milímetro cuadrado libre del monstruo del acné.
Y quince años después vuelves a llamar puta a tu madre, esta vez gritando, porque aunque sigues con la piel al revés, manchando de sangre todo lo que tocas, con el corazón a la derecha, asustando de muerte a todos los residentes de cardiología del hospital universitario, aunque todo sigue igual de al revés que a los 7, ahora cuando yo estoy de vuelta tu ya te has ido y la puta de tu madre no sabe lo que te gustaría ponerme perdida a dos manos.

09 octubre 2009

09 septiembre 2009

PULPOS EN EL PECHO

Hay que joderse, porque juro que no lo sabía. No hacía falta contratar un asesino de lunes a viernes para matar el hambre. Somos mendigos de festivo que explotan como piñatas al son del ron con limón, y se quedan vacíos por dentro. Y más de medio sueldo en hombres con cara de loco asqueroso. Hay que joderse, insisto. Menos mal que la conciencia y el mar de Cortés. Porque para poder dormir había que hacer algo, calmar a las termitas que te roen la retina y te hacen mirar fino. Porque me tiraba horas en las aguas del mar de Cortés ayudando a crías de ballena a cruzar la línea que les separaba del plancton. Me encantaba mirar el movimiento de sus pequeñas colas bajo el agua, como cuchillos que acarician el H2 para que el O se les quede pegado a la piel hasta la siguiente curva. Me encantaba cerrar los ojos y sentirme una marioneta entre sus movimientos perfectos, que como casi todos los perfectos ni siquiera me rozan. Y dejar de ser un poco, a secas. Mojada. Menos mal que la conciencia. Y los asesinos, y que para dormir tú también nadabas con crías de ballena, porque no me gusta tener el árbol bronquial lleno de algas. Menos mal que la mermelada de fresa y el queso de cabra con miel y el zumo recién exprimido de naranja y muerte al hambre y a las ganas de cualquier cosa que no seas tú.
Hay que joderse, porque los asesinos que ya no contratamos nos mandan huesos de animales muertos para que hagamos caldo, supongo, los días de frío pero ni siquiera vienen a probarlo.

03 agosto 2009

Siempre tuve miedo a todo lo que no fueran
tus alturas,
y dicen
que la torre más alta que ha caído,
tenía vistas
a los pies de tu cama.

15 julio 2009

de partido

Pasarías por ellas como pasa el aire a través de un tiempo muerto
esquivando gotas de sudor en la frente de un rubio del norte,
setenta kilos,
deslizándote por ese trozo de piel dorada y rectangular,
que bien podría ser la cara interna de un transatlántico inglés
o de mi muslo cuando termina septiembre.
De la polio asintomática a la endocarditis infecciosa,
treinta y siete y medio -el termómetro en una bombilla-
y de ahí a la farmacia a por una caja de doce.
Yo, ya sabes, antes o después iría a la cárcel
pero nuestro sofá,
a eso de las diez de la mañana,
iba a ser el más feliz de todo el vecindario.

29 junio 2009

Se quedó a dormir con Irán,
que reprimía su inspiración como él en el baño

los gritos a los quince.

La hipoxia no entiende de edad,

ya sabes,

me decía con los labios azules y el mercurio desparramándose

entre las juntas de las baldosas,

como el amor en primavera.

22 junio 2009

STRIGIDAE

Separaba las plumas con el tenedor,
y cortaba con esfuerzo los tendones de sus patas en rigor mortis.
Destacaba la suciedad extrema del plumaje del búho con el brillo del filo de plata de la vajilla.
Un regalo de la abuela. Aún con las tripas fuera, el búho,
tenía mejor aspecto que la abuela.
Un trozo de carne le colgaba de la barbilla, y escurría un hilo de sangre propio de la carne cruda. Gotas de sangre y saliva mezcladas entre el vello de su barbilla.
Hirsutismo.
Una distribución del vello, propiamente masculina, en la mujer, debido a una sobreproducción de andrógenos. Eso le dijeron en aquella consulta. Un tumor en la médula de la glándula suprarrenal, que al comprimirse, (cuando defecaba, por ejemplo, al vestir pantalones que apretaban su cintura, por ejemplo) expulsaba una cantidad extra de hormonas masculinas a su torrente circulatorio.
Sonó el teléfono en el silencio de la casa.
Necesitaba un trapo. La servilleta estaba demasiado impregnada de la sangre del búho.
Un trapo en la boca.
Iba a vomitar.

15 junio 2009

CV

Antes de dedicarse a viajar por el mundo recortando con unas tijeras verdes erratas de libros escritos en cualquier idioma para después meterlas en cajas de música, se había dedicado a plantar huesos de durazno en la cuneta del kilómetro cero de cada estado. Para lo cual dejó su anterior empleo, que no era otro que robar cucharillas de café, luego fundirlas y dar forma a canalones para que cuando dejasen pasar lluvia a su través, el olor a Colombia inundase toda la avenida. Mucho antes había introducido su hocico en la compraventa de caballos mansos a los que volvía salvajes recitándoles palabras obscenas al oído sílaba por sílaba, hora tras hora, y haciendo el amor delante de ellos como si fuera un animal que al final del combate lame los ojos de su amante. Previamente tuvo que dejar el trabajo artesanal. Crear con sus manos ojos de muñecas, huecas por dentro, en las que los contrabandistas metían opio en el país. Claro, todo esto fue antes de que le echasen de la agencia literaria, y mucho antes de estudiar economía. Lo que nadie entendía era cómo cada 9 de septiembre ella metía todo lo que tenía en una maleta para seguirle y dedicarse, según decía, a aquello para lo que había nacido. Nadie pensaba, claro, que se refería a eso tan bien remunerado de ser feliz.

08 junio 2009

4/1

Acabo de salir.
Dos horas en un aula magna en la que destripan enfermos de cáncer en preguntas tipo test, (penalización 4/1), para que elijamos, muchas veces al azar, opiáceos que aliviarán levemente su dolor animal y metastásico. Quizá óseo, prostático, tal vez pulmonar. Obviamente no les curará de la muerte el hecho de que se les administren vía intravenosa, o el de que yo haya puesto una cruz negra, paradójicamente, en la opción A.
Acabo de salir.
Les tengo calados. A todos. Son simples. O yo muy lista. El cielo está nublado y la humedad del ambiente arruga los gestos como si fueran yemas de dedos de niños tras un baño caliente. Camino deprisa y sudo. Bajo unos 5 centímetros la cremallera de la cazadora hasta que destapo la porción superior de mi cuello. Esa que estaría abultada si tuviera pene, o si hiciera todo lo posible por tenerlo. Noto cómo el sudor se va enfriando, creando una película gélida que envuelve la base de mi cabeza, mientras el pelo, empujado por el aire, me oculta trozos de cara. Una mujer camina perpendicularmente a mí en un cruce. En esa esquina en la que hay una tienda de interruptores. ¿Cómo coño puede existir una tienda que exclusivamente venda interruptores? Me jugaría un ovario, ese que estaba crujiendo hace una hora, a que en el sótano hay doce blancas del este prostituyéndose treinta horas al día. La mujer se cruza por delante. Camina con los brazos balanceándose en un abrigo gris, abre la boca y deja caer mirando al suelo un escupitajo. Puedo ver perfectamente las burbujas cristalinas nadando en la saliva blanca y poco consistente de la mujer. Se gira levemente. Es demasiado posible que me haya visto el asco en la cara. Sigo caminando. Llego a la plaza del Oeste. Está en obras, no lo sabía. Parece que hace más de una semana que salí de aquí. Me cambio de acera. Me cruzo con una chica con el pelo corto, morena, ropa ancha. Lesbiana. Mucho. Me suena su cara. Mucho. Ana. Se llama Ana. Y fue conmigo durante un par de años al colegio. No la veía desde los cinco años.
Acabo de salir.
Doblo otra esquina. Una panadería. El panadero es rubio y parece ruso. Es exactamente igual que Pocholo. Con la coca espolvoreada sobre las magdalenas pone a tono a las putas del sótano de la tienda de interruptores. Me juego el otro. Ese no cruje. Sigo. Paso por la frutería. El chico debería haber dejado de intentar echarme un polvo el primer día que no respondí a su mirada entre las cajas de fresas. Ya ni siquiera le miro, pero sé que él sigue el movimiento coordinado de mi muslo y mi cadera hasta que me pierde de vista. Sigo, cruzo, acabo de salir y voy a entrar. Saco las llaves. Está empezando a pintinear. Ya sé que no existe esa palabra. Me la suda. Subo en el ascensor. Mi compañero de piso no está. Estoy sudando. Entro en mi cuarto. Ha hecho la cama. Se ha dejado su mp4 verde y ha hecho la cama. Me quito la ropa lo más rápido que puedo y me pongo el cabezal de un uniforme de quirófano. Sacyl. Lo robé en una práctica de anestesia. Éste y otro. La pelusa de debajo de la mesa tiene edad para emanciparse. Mi ropa interior está doblada encima de la cama. Volverá en 15 minutos y me mirará escribir tumbado.
Acabo de salir.
El opio. El monstruo del cáncer. Las rubias del sótano. El polvo de dentro de 15 minutos. Ser feliz. ¿Ser feliz ? La opción A.

16 mayo 2009

Together Better!!


30 de mayo a las 22:30
en Soul Station,
Cuesta de santo domingo 22
5€ en
6€ en taquilla
Te lo vas a perder???

11 mayo 2009

VOZ-ALES (o el Área de Broka)


Tenía que decir, y dije,
que un paraguas abría en canal mi esófago,
desgarrándolo como el útero de Dios,
y que la sangre tomaba el camino alternativo
que separa mi lengua del resto de las lenguas.


Dar la vuelta a la cuchilla, subirme descalza
y aliñar con el sudor del neopreno
el sudor de los ángulos obtusamente abiertos.


Dije que los dedos de los niños llevarían al infierno
a quien no supiese del diámetro mínimo de vida,
que un ramo de arrugas se muere de silencio
y que hacerle el amor (shhh) te dejaría completamente ciego.


Y ahora que ya no tengo nada que decir,
absolutamente nada,
que el mundo va perdiendo más decibelios que vinagre
y menos grados que líquido anticongelante,
ahora que callo como esas dignas mujeres que fuman,
simplemente me dedico a mirar la boca de los mudos,
porque ellos, al fin y al cabo,
siempre supieron lo que se hacían.

04 mayo 2009

EUREKA

Para tus 28 luces de Neón,
que ya las quisiera Edison...



El día que descubrió cómo la primera había crecido en su vientre fue el más extraño de su vida. La vio cuando después de matar a golpes al despertador, se metió en la ducha, dejando en el suelo su bata de guatiné, mientras el agua le iba surcando el torso. Pasó la mano un palmo más allá de su séptima costilla y notó su superficie fría y lisa. Los días siguientes fueron apareciendo más, de diferentes tamaños y potencias. En la cara interna de los antebrazos, en el cuello, en la espalda, pequeñas y de colores entre los dedos. Cualquier empresa de publicidad le hubiese contratado indefinidamente y miles de mujeres hubiesen arrancado orgasmos eléctricos de su regazo. Pero la mañana en la que tuvo una gran idea la explosión de su cuerpo fue tal, que los meses posteriores a su muerte no dejaron de crecer en los alrededores de su casa flores con filamentos de tungsteno como estambres.

29 abril 2009

ESTA NOCHE...

EN RADIO PERSONA

A LAS 22:00

EN EL CAFÉ MODERNO



26 abril 2009

CAMBIO CLIMÁTICO

Para Lara...

Siempre tuviste un mar en cada ojo y la calma en la palma de las manos. Todas las respuestas en la base de la lengua, que jugaba con los dientes como delfines en un plato. Y de la punta de tus pies a la punta de mis pies un par de décimas de fiebre o un par de marcapasos. Por eso me gustaba caminar a tu lado entre los restos de septiembre de los restos del verano, ver alguna que otra película, seguir vías neuronales, reírnos de la falda bioestadística por excelencia y provocar anemia de twist al torrente sanguíneo de la máquina de monedas. Y en cambio, el cambio climático nos cogió poco a poco y por sorpresa. Nos heló el chocolate, los planes, las monedas, nos confundimos de acera y de país inventado, y cada una cogiendo al mundo por un lado. Y tú como la mano invisible del padre en la bicicleta, y yo, sin frenos, cogiendo curvas en el extrarradio. Y menos mal que otro cambio de los nuestros absurdos y climáticos ha traído de las orejas y de vuelta al verano. Porque te echaba demasiado de menos, y regar con ojos (y pañuelos de menta) el casco antiguo ha sido el antídoto del año.

18 abril 2009

EN CONCIERTO...



Esta vez no es un recital de poesía
ni tampoco una colaboración...
Por primera vez este miércoles cantaré todas mis canciones
en El Savor y con la compañía del genial Javi Ezpeleta

Sería un placer que nos cruzaseis...

(San Justo 28, a las 22:30)

13 abril 2009

COSAS DE NIÑOS (de más de siete niños)

Es sencillo imaginarlo. Como hacen los niños pequeños con la crin albina de los unicornios y la piel dura del lomo de un dragón. Imaginar sus ojos rojos y sus manos frías, llenando un vaso de agua a la mitad. O quizá un poco menos. Rompiendo la parte superior de un sobre que se reza dueño del sabor de las naranjas. Vertiendo el contenido en el agua y doblando sobre sí mismo el sobre, con las puntas de los dedos, lentamente, para luego remover con él el polvo de la fruta plantada en un vaso de cristal con tres dedos de agua. También puedo imaginar como tocaría su frente caliente y besaría unas décimas por encima de la media, que harían de su piel el vientre perfecto del verano de mi vida. O cómo brotan las flores del naranjo diminuto que creció en el vaso medio lleno que olvidamos a la luz de ventana. Si cerrase los ojos, podría incluso verlo. La yemas de mis dedos paseando por su brazo, rozando el umbral de las cosquillas, para luego clavar las uñas en el spring final (sí, de primavera), hasta llegar a la meta del escalofrío en forma de sonrisa con barba. Imaginar los Newtons que ejercen las falanges de sus dedos sobre una lazada en los zapatos, acostumbrados, más que al suelo, al aire que durante los terremotos se desliza entre los surcos de las suelas. Como el amor que a veces se cuela entre las sábanas de hotel en las noches de sexo. Imaginar su ropa doblada al revés, sufriendo la metamorfosis del reverso al contacto con el primer rayo de sol, sus pestañas amenazando la compostura del cielo de Londres, las teclas gastadas de su ordenador, y el olor de su cuello cuando dista de la punta de mi nariz un límite que tiende a menos infinito. Cosas de niños, ya sabes, las de poder imaginar absolutamente todo lo que quieres o de poder querer (tanto) aquello que imaginas. Además siempre tuvo un unicornio y un dragón en la caja de mimbre que guardaba sus juguetes.

06 abril 2009

PRONÓSTICO RESERVADO

1.
El paciente número uno paseaba la vida hacia atrás. Incapaz de darse la vuelta, caminaba siempre de espaldas, así que empezó a criar talones en las puntas de los pies, y los dedos de sus manos tenían sabor a codo. Dormía boca arriba, así que por lo menos conseguía librarse de los asesinatos de la mafia.
Llegó a urgencias a las veintidós treinta del sábado 21, refiriendo un intenso dolor de cabeza provocado por un golpe despistado en la nuca.
Pendiente de diagnóstico.


2.

La paciente número dos acude regularmente a consulta en psiquiatría para tratar sus trastornos obsesivo compulsivos. Uno de ellos le obliga a lavarse las manos con jabón de coco cada vez que toca algo que no sea su pelo. También se trata su ecolalia transitoria por la cual, a veces, repite de forma inmediata, fiel y sin sentido palabras o frases pronunciadas por otras personas y que acaba de oír. Además presenta una esterotipia motora, es decir una repetición reiterada e innecesaria de un gesto, que en su caso consiste en mesarse el cabello. Por todo lo anterior la paciente acude a terapia en el centro dos veces por semana, los miércoles y sábados.
Salió de su terapia el sábado a las veintidós veintidós, a las veintidós veintitrés volvió a entrar cruzando la puerta a la pata coja, salió de nuevo, volvió a entrar y a salir a las veintidós veinticuatro, otra vez a la pata coja. Continúa entrando y saliendo hasta las veintidós veintinueve del sábado 21, cuando al salir por enésima vez, justo en la puerta de urgencias, se golpea la cabeza contra un transeúnte que caminaba de espaldas.
Pendiente de diagnóstico.

3.
La paciente número tres llega en camilla a las veintidós treinta y uno. Refiere un desmayo justo en la puerta de urgencias, y presenta un nerviosismo generalizado. En las pruebas iniciales se aprecia un estancamiento de personalidad, que se ha quedado en la etapa infantil en la que se aprende a seguir con la vista y el cuerpo cualquier objeto que se cruza frente a los ojos. En este caso, la paciente se enlaza de manera directa con cualquier persona que le cruce la mirada, y se queda frente a ella mientras dure el contacto visual. Como el noventa y nueve por ciento de las personas apartan la mirada tarde o temprano, la paciente es vagabunda.
Entra en urgencias el sábado 21 a las veintidós treinta y dos, después de haber seguido la mirada de un hombre que caminaba de espaldas, desmayada al verle caer en la puerta.
Pendiente.

4.
El paciente número cuatro es uno de nuestros enfermeros. Aquejado de un excesivo celo y de un excesivo desinterés personal e interés por los demás. Acude a la salida de urgencias para socorrer a tres personas semi-inconscientes, pero justo cuando cruza la puerta empieza a convulsionar por un shock anafiláctico. Uno de sus compañeros de planta que había estado con él unos minutos antes relata ambos habían bajado juntos en el ascensor del hospital. Al entrar en éste, el enfermero golpeó sin querer a una mujer que estaba dentro tocándose un mechón de pelo y le pidió disculpas, acto seguido la mujer comenzó a hacerle burla y él sonriendo le besó la mano. El enfermero presenta alergia al coco.

5.
Es muy tierno verles follar en la sala de cuidados intensivos. Tumbado en el suelo, el paciente incapaz de darse la vuelta mira fijamente a los ojos a aquella que no le aparta la mirada. Nuestro enfermero, ya recuperado, les da de comer cinco o seis veces al día, los asea e incluso les lee novelas contemporáneas de éxito, mientras recibe un masaje en la espalda de una mano enfundada en un guante de latex que viste una mujer que se mesa el cabello de coco con la otra.

30 marzo 2009

GESTIÓN Y CONFECCIÓN

Lisérgica escena, te comento, la de la regencia de las piernas cuando el cuento acaba siendo griego. Y ya ves que las abejas se hacen la boca crema en el centro de Madrid y aquí la lengua clavel en ocho y sidra sin gaitero. Lisérgica escena también, la puta de Carmen, y el amor de su compañero, los zapatos viejos, la sonrisa en el aire y los pies infectados de todo lo que duerme sin techo. Que me encanta que llenes de risa la casa y me dejes vacío el abrazo, cuando tuerces el paso y te dejas caer por mi trozo de vida, al final de la fiesta (a la derecha) cuando a algunos les quedan vivas media neurona y media. Vente, que ya lo decía ése. Vente antes de un vente maleado en compañía y devórame el parásito de invierno que se nutre de las crías de la primavera.
Y tú vente, para siempre, corazón y devórame en lo verde. Lisérgica escena en la que tiemblas sin ver que quien te hace quemazón no es nadie más que yo. No me busques las tres bocas abiertas y tápame una con la base de la lengua. Que te crezcan mis encinas en ausencia y florezcan cuando te bebas mi vera.
Vente, vente que te quiero, vente...
.
.
.
.
.
Por un fin de semana
mirado a través
de un culo de vaso.
Porque volváis lo más pronto posible.
Porque os echo ferozmente de menos...








22 marzo 2009

POESÍA DE PRIMEROS AUXILIOS


Este martes 24 a las 22:30 en el Savor
(San Justo 28, Salamanca)

Al mando de las letras:

El hombre que
(www.el_hombre_que.blogspot.com)

A la música:

Xavi Martín, de Lila dit ça
(www.myspace.com/lilaruido)

Y una Roja servidora,
a un poquito de todo:

(www.myspace.com/rojahastadoler)



¿Nos cruzas?

16 marzo 2009

LA VICTORIA DEL PERDEDOR

El perdedor tiene los ojos oscuros y secos, y la suerte en el bolsillo derecho de la chaqueta. De esa chaqueta que viste desde que se recuerda a sí mismo, marrón e integrada casi en el trozo plastificado de su identidad. No camina lento, como quien sabe de las nubes o de las formas de las copas de los árboles, ni rápido, como si tuviera algo más que hacer que rumiarse las entrañas los días festivos. Sus pasos se clavan en los trozos de tierra sin asfaltar, intentando sembrar un poco de vida artificial, y flotan en las aceras para hacer en la ciudad el ruido de los muertos. La mirada del perdedor es su órgano vital. Directa, ladrillo cara vista, lijada, a un paso de la tristeza crónica y a dos de la serenidad. Penetrante. Tanto, que es considerada un arma blanca para quien se pone a tiro. Reniega del espejo y así evita la ley del efecto del escupitajo en contra del viento y el buscar de los perdidos. Los individuos de esta especie casi siempre mueren ahogados en su propio jugo. Encharcamiento de pulmones, o de cuentas pendientes con el tiempo, aunque el tiempo les importe medio carajo. El perdedor, ya sabes, nunca sonríe. Sólo algunas veces, al final de la batalla, cuando la medalla de oro cristaliza en el trozo de mierda que dejan a su paso, y que, ya sabes, no deja de ser su única victoria.

09 marzo 2009

EL HOMBRE DEL FARO

El hombre del faro copió en sus ojos el color que el mar tiene cuando acaricia a los peces, por eso siempre que mira algo, extiende una fina capa de salitre, que sería casi imperceptible si nadie posase el dorso de la lengua sobre ella, como una mariposa. El hombre del faro sube cada mañana noventa escalones con forma de caracol para dar los buenos días a la marea baja, y limpia con un paño blanco el gigante cristal que guarda al foco su reflectante cara. Tiene en la tez dorada arrugas, que forman los lazos de las rutas que llevan al Mar Caspio. El color de su barba es castaño, como un campo bañado en nuez moscada, y sus manos ásperas de tanto jugar a las escamas. Cena cada noche pescado, hecho a fuego lento a los pies del faro, cuando éste está apagado y lo único que alumbra son las almas que hablan con las llamas y los millones de estrellas que observan desde el cielo el sublime ritual. Viste colores claros y telas frescas que al aire ondean con orgullo el descuido masculino y sus sábanas tienen aroma a resaca dulce y bebé de ballena. Guarda en un baúl entero de madera los tesoros de dos millones de vidas. Cartas amarillentas y carcomidas por los bordes, que relee cada vez que le entra hambre de carne, tinta china y seda. Una pluma tallada en ébano, que trajo de Sri Lanka en uno de sus viajes, y con la que le escribía cartas amarillentas y carcomidas por los bordes a una mujer de labios rojos y vestidos cortos. Y una caja de cartón llena de monedas de todos los rincones del mundo, menos aquel rincón danés que se llevó en la boca la aquella mujer cambiado por sus bragas. El baúl tiene un candado de cobre roído porque siempre pensó que los pulpos hablaban latín y resolvían ecuaciones y la puerta del faro el hueco del tamaño de unas caderas, porque siempre pensó que alguien volvería reclamando unas bragas y el resto de una vida mecida por las olas.

03 marzo 2009

23 febrero 2009

CAMINO A JAIPUR

Hacía mucho tiempo que no despertaba con un hombre en la garganta. Tenía cuadradas las uñas y sus cejas olían a pimienta molida y albahaca. He despertado con un hombre en la garganta y en sus ojos dos cuencos de azafrán y hierbabuena, especiada la parte alta de la espalda. De su espalda.
Dicen que a veces, cuando cierras los ojos y los vuelves a abrir despiertas en un párpado de buey, colocado en la última pared de una casa verde, fundida y orientada en la parte asiática de la entraña de Turquía. Despiertas con el grito agudo de las mariposas posadas en la ventana, y el olor a fresa de la hierba recién cortada rajando el epitelio de tus fosas nasales. Un epitelio plano estratificado y no queratinizado, rajado con el cobre de la hoz de las frambuesas. Y aquí, en este lugar, situado en el justo y aristotélico exacto punto (medio) de los ojos entreabiertos y cerrados, entre sábanas color hueso bordadas a mano, por ancianas madres del resto del mundo, por ancianas falanges de los grumos de la tierra, por difuntos arañazos de las manos de los restos de los sueños. Allí despiertas con un hombre en la garganta, que hace equilibrios entre tus cuerdas vocales, especiando el vaivén del funambulismo con el caldo de tu sangre, soplando del cuenco de sus ojos, cuadrando en sus cuadradas uñas el mapa de un par de escalofríos. Despiertas con el hombre de tu vida en la encrucijada aérea de la garganta, y cuando despiertas, coges con saña un abrecartas, cierras los ojos con la fuerza de las apisonadoras y lo introduces hasta el fondo de tu páncreas, porque al fin y al cabo quedan más de cuatro horas de vuelo.




15 febrero 2009

Silogismos

Tengo en una arruga
.
todo tu intestino.
.
Si tienes hambre
.
tendrás que hacerte viejo
.
en el pliegue de mi axila.

19 enero 2009

LA ÚLTIMA HOJA

(A la desaparición de la hoja del lector de Tribuna Universitaria después de tantos años salvándonos los lunes)

Recuerdo haber prometido no volver a comer turrón, ni a tomar café en esa cafetería, ni a escaparme en un autobús, ni a salir de compras con todas las tarjetas de crédito, ni a decir exactamente siempre lo que pienso. Juré no volver a enamorarme, ni a beber tequila, ni a dejarlo todo para la última semana. Y en cambio lo he terminado haciendo, comiendo, bebiendo, comprando, y gritando. Así, me asomo por aquí antes de febrero desdiciéndome porque al lunes le alcanzó la muerte súbita después de que le extirpasen de urgencia la última hoja. Y vestida la lengua de luto le doy las gracias a Tribuna Universitaria, por haberme dejado asomar las letras de vez en cuando y meterme así entre manos ajenas, colarme un poco en la vida de aquellos que me hayan leído alguna vez en papel, perdiendo con ello un trozo de su tiempo. A ellos más que gracias. Y termino diciendo que ha sido un honor estar en la misma página que esa gente que escribe tan bien, que como ya te dije, me parece increíble que no viva de ello. Que voy a echar de menos sorber el antídoto del lunes desparramado en un trapo, y que el mejor texto que he leído en mi vida sigue siendo El pabellón de los ciegos. Supongo que ya sólo nos queda mudarnos al domingo y escribir nuestra historia en otro formato.

29 diciembre 2008

SIETE MÁS UNO

(Al poeta, por el otoño-invierno de la punta de la lengua que murió de felicidad chupada sin medida alguna)
(Al maestro de esgrima, que vivió lentamente haciéndome sangre)
Mis abuelos se casaron por tercera y alguien abrió una cafetería esquinada en la avenida que tenía las paredes malva. Aprendimos el arte de coser carne de hombre en un cuarto de hora y el rey dijo la palabra crisis. Luis me llamó por segunda para decirme que había roto otro condón y me alegré por un momento de estar durmiendo sola. Saqué el teórico y suspendí una vez el práctico. Aprendí a aliñar ensaladas con miel y soja y me enganché al té de fresas con nata. Jose se mudó a la habitación de enfrente y me pintó la vida con abrazos. Me hice con la planta seis, blefarospasmos, la argentina de Marsol y el café de los adjuntos casi sin quitarme ropa. Me ofrecieron un puesto de amante y otro de comercial, y a los dos dije "el siguiente". Me echaron de clase y un cura me preguntó si trabajaba en radio. Chaouen cantó semilla en la tierra después de la tercera voz y Bea durmió en el salón. Conocí poetas, genios, camareros, idiotas, dueños, un par de grandes con guitarra y luces amarillas de Savor. Enamoré a varios hombres y me volví loca por uno. Aprendí a robar objetos sin valor y mandé tantas cartas que el cartero se jubiló antes de tiempo. Rebeca, Lau, María, Sara y yo bebimos en el Molly tanto que volvieron a brotar barbaridades con denominación de origen. Mi padre descubrió que su hija no era tan golfa y se llevó una decepción. Metimos un perchero blanco en un Ibiza blanco, nos persiguió la Sexta, y la nieve nos caló en una ciudad que no era tuya ni mía, pero un poco de los dos. Aprendí a hacer el amor. Me reí del sexo. Bebí más de lo que pagué. Pagué menos de lo que te debía. El desayuno se convirtió en vocación y el allanamiento de morada en puro vicio. No pisé historia, patología general ni el suelo bajo la mesa de tu jefa. Mudé los pies al salpicadero y las plantas al parabrisas mientas conducías. Y volé en el ocho. Volé tanto en el año ocho que me dan ganas de volarlo todo si el nueve no se viste de tu boca escarbándome con rabia las células del pecho.
Que
dan
ganas
de romper
con todo,
Que.
(que te quiero)

¡¡¡Feliz año a todos!!!
Espero que metáis el pecho en el nueve
rompiéndole la espalda al resto del invierno.
Nos vemos en febrero (quizá...)
Hasta entonces...un beso rojo



22 diciembre 2008

EL DON DE LA SABIDURÍA

Ahora que lo sabes,
ahora que saben cuantos elefantes ahogaría en la bañera
si el tapón fuese redondo,
y corriendo por un borde llegase a todo
lo que al otro, tiene tu puñetero nombre.

Caramelizado como la manta

con la que te tapo cuando el mundo grita suerte.

Y ahora que saben que la suerte
la tenemos refractada en el tercio de todo lo invisible
cuando el aire se me empacha
de follarte en el sofá como quien devora sauces.

Ahora que lo sabes,
que sabes lo que se me clavan los doscientos incisivos
ahórrate el frío y niévame el resto de diciembres
porque que yo recuerde,
no tendré nada mejor que hacer en primavera.



12 diciembre 2008

ROJA, QUE & DELGADO

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Roja Que & Delgado
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Cruzando(te) la boca en El Savor
Miércoles 17 a las 22:30...
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08 diciembre 2008

MIDNIGHT PASSION

Se pintaba lentamente las uñas de la mano derecha. Se pintaba con una sutil y voraz delicadeza las uñas de la mano derecha mientras contemplaba a segundos alternos su reflejo en el espejo del armario, que por alguna razón seguía abierto. Si giraba la cabeza rozándose la nuca con el pelo podía observar, delirante, las puntas del electrocardiograma del cielo de Madrid. Y si hubiera disuelto lo disuelto de sus ojos en las olas de la mesa, se habría ahogado en el mar Rojo de su taza humeante de té de fresas con nata. El radiador de la esquina, ese radiador cuya anterior dueña podría perfectamente haberse llamado Felisa, o incluso Gúdula, adornaba la habitación con una temperatura que permitía que su piel quedara al aire, y bailando con éste, los primeros acordes de Why does it always rain on me? Probablemente fuera llovía la muerte del color carne, y probablemente yo ni siquiera escuchaba el tambor de las gotas de agua sobre la poyata. Se pintaba lenta y vorazmente las uñas de la mano derecha porque era con la derecha con la que me masturbaba. O eso fue lo que me respondió cuando le pregunté por la izquierda. Después saboreó altivo y encantado mi cambio de color mientras el Midnight Passion se secaba a la revolución autocrática del clímax de sus falanges.

01 diciembre 2008

KAMCHATKA


Entonces respirar por la boca era como Kamchatka, y la sangre que pisábamos corriendo descalzos flechas de proximidad en la autopista. Y al final nunca pasamos por Nankín, ni descolgamos aquellas bragas del pomo dorado de la puerta. Tampoco fuimos a cazar zorros lanzándoles naranjas ni a vender órganos mudos de indigentes. No tuvimos hijos ni matamos perros. Respirábamos por la boca mientras corríamos recordando todo aquello de lo que no teníamos ni tendríamos recuerdo. Yo no enterré a tus padres y tú no desenterraste a los míos, ni mis abuelos resucitaron a los curas del pueblo, ni siquiera rompimos un espejo con el grito de un orgasmo. Corrías y nunca aprendiste a hacer arroz con leche, corría y nunca nadie supo lo que me encantaba que me pitasen los oídos y mi capacidad para que los demás se comprasen una trompeta. Ni complejo de clavo. Ni ojos de plato. Ni Edipo en el puchero. Y ya ves nunca nos hicimos viejos, ni volvió a nuestros ojos la República mientras comíamos pastas de té. Ni casi crujían los huesos de niños en los ceniceros. Al fin y al cabo correr por las vías en sentido contrario al tren que se dirigía a Kamckatka era como respirar por la boca. Y lo de resistir un estúpido cuento para cobardes que no entraba en nuestros planes.

24 noviembre 2008

HÉROES

Y resulta que las horas pasaban lentas. Tan lentas como quería que pasase cualquiera de esos días en los que no tenía nada más que hacer que desayunarme la mañana en labios verdes o frotar el envés de la piel de la razón contra los ventrículos abiertos de las colchas blancas y negras de Ikea. Y creo que sí, que las horas pasaban tan lentas en los pasillos infectados de desinfección como las lenguas de la mayoría de los animales vivíparos sobre el pelo recién nacido de sus crías. Y no quiero decir, para nada, que no fuese una sensación subjetiva, y tampoco que los relojes de arena que tengo en las axilas no siguieran las horas puntas de otro meridiano más cerca del cerco del horizonte de los días sin otoño, o de los de apellido Auto-res. Pero las horas pasaban demasiado lentas, tanto que me hacían escurrir en los ojos las cortinas. Y ahí es donde aparecía él. Sí, él. Él estaba sentado sobre su colcha de Ikea y me miraba. Me miraba mientras yo me recogía el pelo frente al espejo de su armario blanco. Como una palabra de autodefinido que se queda inmóvil, ya colocada, mirando el cuadrado negro que tiene enfrente, uno de esos agujeros negros que para las palabras de los autodefinidos deben ser como la materialización de lo desconocido. Pero la cuestión es que él me miró y me dijo que estaba guapa. O mona. O algo así. Quiero decir, una de esas cosas que se dicen, que en realidad no sé si quieren decir algo o son simplemente un beso solidificado. Así que me acerqué y le besé. Y entonces, mientras yo volvía al espejo él comenzó a leerme un fragmento de Héroes, de Ray Loriga. Un libro morado, con una fina franja color hierba en la contraportada, y en la portada uno de esos tipos a los que me follaría un día cualquiera sin amor. Porque para eso del amor ya estaba él. Bueno, y para follar también. La cuestión es que empezó a leer algo que un par de días después leería yo sola a bastantes kilómetros de distancia de su colcha de Ikea y de las ganas de parar el tiempo. Porque al fin y al cabo la cuestión sigue siendo que las horas pasaban tan lentas, que el único remedio para no clavarme en el colon los minutos de descuento era dejar correr diapositivas en las que me veía amando(le) sobre una colcha de Ikea mientras Ray Loriga se follaba desde la estantería a la envidia en contraportada.

17 noviembre 2008

CUENTA, CUENTA...

A la vuelta de la vuelta
de la vuelta de la esquina
junto a aquella marquesina
donde compras carne abierta
entre mis piernas y poesía
A la vuelta hay una cuerda
que sujeta el horizonte
a una estantería vieja,
un polizón perdido en caldo,
y creo que te debo algo...
Cuenta, cuenta con las muelas
porque si Dios son los padres
y los reyes los amantes
yo debo ser el demonio
y el infierno el baño de los bares
Y a la vuelta de mi vuelta
Poseidón en su pecera
Acércame el cerebro
lo he dejado en la mesilla
y recuperar tus dedos
lo siento, misión suicida
Y la vuelta santa Rita, Rita, Rita
tu alma en papel de regalo
no sabe lo que es el frío
quien no te ha dormido al lado
Y a la vuelta de la cuenta
cuenta que te debo algo
Cuenta,cuenta con las muelas
porque si Dios son los padres
y los reyes los amantes
yo debo ser el demonio
y el infierno el baño de los bares,
y el infierno todo lo que no sea, cielo
no estar dentro del reflejo de tu aliento


10 noviembre 2008

ESTOCOLMO

No recuerdo cómo he llegado aquí. Lo último que bebí fue un trago de té americano y ahora estoy desnuda y me tiemblan las manos. Tirada, mirando la bóveda del techo. Desnuda. Y no recuerdo cómo he llegado aquí ni cuantas horas han pasado.
La moqueta húmeda del suelo, húmeda como las manos tristes de una madre, me enrojece la piel de la espalda. Me arrodillo. La cabeza entre las piernas. El desnudo balanceo no es salida de emergencia. La entrada emergente a la salida. Salirme de la entrada sumergida. Deliro. Grito. Deliro. Y caminar vestida de piel propia nunca fue del todo un problema. Me incorporo. Me incorporo tocando con las yemas de los dedos la pared empapelada de este lugar sin ventanas. Con pequeños ojos de buey que riegan con luz carmesí y máximos caudales el completo de la estancia. Y sin ventanas.
Camino. Entro. Desemboco. Salgo. Boca a boca. Deliro.
Hay cuatro habitaciones separadas por tabiques, comunicados dos a dos. No se cómo he llegado aquí. ¡No se cómo coño he llegado aquí!
Los gritos se convierten en eco cuando chupan el esqueleto a las bóvedas del techo. He marcado con números y uñas el marco de las puertas para no volverme loca. Loca. Loca. ¿Por qué estoy desnuda?
Las habitaciones noreste y noroeste tienen curvas las esquinas, y no se comunican. La sureste y suroeste forman dos triángulos de suelo y se visten de gruesas paredes. No sé. No sé cómo he llegado aquí. Y la luz sigue siendo carmesí, cálida, como la lengua del infierno. Y ya no me importa poner de bandera a la aorta en el escalón máximo de la falta de vergüenza. Y camino. Y miro y sigo. Y digo. Y no. Y pienso y deliro. Y abro cajones al noreste llenos de champagne, donde nadan cientos de caballos negros de mar hablando de burbujas. Miles de mapas de carretera esparcidos por el suelo del sureste, el papel de fumar de las paredes, llenas de historias para no dormir y verse, periódicos universitarios esparcidos por varias de las grietas de los meses. Armarios al noroeste con miles de corbatas, suaves como manos de pianistas neonatales. Y yo, no sé cómo, temblando, he llegado aquí. Y vuelvo a la noroeste, que me lleva a la suroeste donde hay, en el centro, una mesa de roble con un sobre cerrado con lacre y una vela a medias consumida. Y la inexistencia de huellas en la roja y húmeda moqueta. Hay restos de fruta y un sobre sobre la mesa, y ponga dentro lo que ponga, escúchame bien, ponga dentro lo que ponga, no sé cómo he llegado aquí, pero vas a tener que latir jodidamente fuerte para que saque mi cuerpo del tuyo.

07 noviembre 2008

¿NOS CRUZAS?


Este domingo a las 7 de la tarde
(hora punta de dioses y demonios)
en el MalaBar
(calle del Granero, junto a la Plaza del Oeste)
(Salamanca)
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Pd: abstenerse cuerdos patológicos, personas con bypass, criadores de tomates con colmillos, almas fácilmente impresionables, cerebros políticamente correctos, ojos, oídos y lenguas con sentido del pudor, o niveles bajos en sangre del caldo de la desvergüenza...

03 noviembre 2008

EL GRITO DE LOS VIVOS

Supongo que si aquel bar de Lavapies hubiese estado más lleno cuando estrené el abrecartas que robó Markus para mí de aquel museo inglés, alguien habría escuchado, saliendo del baño de mujeres, los gritos del tipo que se retorcía entre mis brazos, y entonces el camarero habría llamado a la policía. Pero no fue así, y mientras la sangre iba sobrepasando los pliegues de su camisa, como un corredor de obstáculos exhausto ante las últimas vallas, yo, que también llevaba camisa, solo podía pensar en que el color de la escobilla del váter era perfecto. Por eso cuando le dejé sentado en el suelo y me empecé a pintar los labios frente al espejo, tampoco podía dejar sonreír y agradecer a algún dios de la mitología griega, que no sobrase nadie al otro lado de la pared, y que la burbuja acústica que formaba la poesía de las voces de Alan y Markus, insonorizara la distancia entre mis huesos y las ruinas de Carabanchel.
Pero siempre hay una gota que salta, o un fallo de cálculo en la velocidad del fluido en el aire, por eso suelo llevar conmigo un broche, que vuela imperdible sobre mi ropa de gota a gota roja. Después basta con lavarla a mano con agua oxigenada. Markus ese truco no lo sabía. Es de las pocas cosas que puedo enseñarle después de haber pasado con él días enteros desnuda.
Cuando nos alejamos de allí pensé que la primera vez que matas a alguien resulta casi tan excitante como la primera vez que gritas en la parte del medio de un coche. En un coche en general, vamos. Y tan peculiar como la primera vez que saltas al hipódromo y te subes al caballo número 7 mientras en tu cabeza, o en la de un par contando con la tuya, suena la pista número 5 de aquel disco, siendo únicamente el personal de seguridad quien piensa que ha terminado la partida. La primera vez que matas a alguien, es mejor que no sea de quien estás enamorado.
Al llegar a casa vivos, Markus y yo, hicimos el amor.
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A Teresa, María e Iván,
por estar allí, sentados
a la izquierda de mi izquierda.
A David, por su corbata,
su miedito y sus bestiales
quince lámparas de araña.
Y a Roberto por el aire,
la calle de la Esgrima,
los días con errata
y todo lo demás.
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26-11-08

27 octubre 2008

ACEITUNAS

A veces te miro a los ojos y me pierdo. Me pierdo como una diminuta peca en el universo infinito que rodea a tu perfecta y pequeña nariz. A veces se me pierde el origen bíblico de las palabras, en el laberinto eléctrico que hay tras el ojo de buey que intuyen tus imperceptibles pupilas. Frenéticas pupilas. Buscando siempre ese no sequé que desencadene la combustión orgánica del roce de todo lo que duerme en su potencia. O simplemente cinco minutos para jugar a las palas en la arena, después de sumergirme en la piel de Belber Ying y flotar, tú, en el mar del Principito.
A veces me asusta tu bestial circuito, compuesto por infinitos microchips, que crean una aurora de luces rojas y azules en el techo de tu habitación. Cuando me tumbo a tu lado y rezamos juntos. Porque tú y yo rezamos. Porque tú me dijiste, callado, que Dios existe. Y yo te creo cuando duermes.
Y a veces, muchas veces, se me pierden las ideas, y se me vuelan las manos, mientras agarras con la derecha la cucharilla y te llevas a la boca yogur de avellana. Saboreando cada cucharada. Despacio. Terminando antes que yo. Quedándote en la mesa marrón mientras preguntas claves tapaditas con un velo de falsas banalidades. Cuando me miras y sonríes guardándote en la manga diabólicas barbaridades.
Porque me pierdo siempre que vuelvo y mirándote fijamente a tus dos cuencos rebosantes de aceitunas negras, te beso.

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Para tí, por enseñarme tanto...

20 octubre 2008

NECESIDADES BÁSICAS

Era y es
hacer literatura hablando con las hienas
y sorber despiadada, como una esponja de mar,
(en contra de encontrarse de repente una pared)
la más básica, animal de las necesidades.
Al igual que oírte respirar,
lo es y era,
cuando sólo dormido olvidabas
mi cuerpo tibio y tendido
al otro lado del lado tuyo de la cama.

13 octubre 2008

INTÚITU

El barro se había secado sobre la piel oscura que rodeaba el resquicio de carne de sus pequeñas y huesudas piernas de niño de seis años con ojos de cincuenta, formando olas de un mar seco que se había evaporado entre pausa y pausa del aliento de Dios. El polvo se había quedado a vivir en la cumbre de sus hombros piramidales, para jugar con el amarillo ictérico del no blanco de sus ojos enormes, junto a unos pómulos prominentes como cuarenta grados a la sombra. Escarbaba desnudo en la arcilla con cinco alfileres derechos, sin saber que el intento se volvía caricia, y dejaba apreciar de una forma explicablemente exacta el rail abandonado de su columna vertebral. Una sucesión arqueada de montículos perennes en los que algún que otro buitre barajaría quedarse a vivir la siesta. Los rayos solares juzgaban cabezas por sí mismos tras cinco millones de años de derecho, y las gotas de sudor se creían soberbio disolvente en la frente de esa minoría de hombres cultos. El niño, que seguía arrodillado mirando al suelo, abrió la izquierda, y dejó caer en el diminuto hoyo que había cavado unos trozos naranjas de plástico arrugado, y tres piezas dentales que ayer no estaban más vivas que hoy sus manos.
A menos de cien metros nos vimos dejar de existir el alma en la boca del infierno. Y justo antes de volver al mundo, se nos extinguió Dios en el fondo de los ojos, al igual que ese último intúitu que expiramos al suelo de aquel rincón al norte de Eritrea.

06 octubre 2008

Y QUÉ SI NOS ODIAN...


Perder veintiún gramos de células
cada vez que nos besamos
hace que seamos cada vez
más brutalmente dioses
y menos vulgarmente humanos.

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(entrada nº 77)

29 septiembre 2008

AMÉN, HIERBABUENA

La Vega respira en el pulmón del Cañón del Colorado mientras descienden en mi lengua, cermeña, los adoquines de piedra de la calle Corredera. Y el servicio secreto me comenta, que en la zeta, Santa Clara y sus cafés-escaparate se disfrazan de Dublín al son de las flexiones inspiratorias del esqueleto de un viejo acordeón, rojo y ajado.
Como antes yo.
Como otro mundo en un cajón civilizado.
Y los suicidas, esos locos que viven en Suiza.
Mientras, las púas de un erizo que se volatiliza, quedan a las dos para hacer el amor en el centro de la tierra. Y dormirte el alma nunca fue, del todo, mala condena.
En la radio, advierten del peligro de unos dedos bajo un vestido negro, a plena luz del día, en un monumento de piedra amarilla. Guante blanco y aliento blando si el tiempo nos da una tregua. O si a mi me da la gana.
A ciento veinte de peor convencional, en un baño de baches que remueven las ganas de follarte con amor. O de amarte sin follarte.
Y el polvo amontonado sobre las aspas del ventilador nos recuerda el cambio de itinerario del sol y sus siervos. Y la señal de obligación de escaparse del mundo, siguiendo a galope a uno de esos ciervos, que cruzan en el rojo del asfalto el verde de la hierba.
Y con este van siete dedos de ron y otros siete de limón. Un puñado de hielo picado con las muelas contra el suelo, en honor al dios del Iceberg. Azúcar moreno en el fondo de mi fondo y disuelto en el rubor disimulado del borde altivo de un vaso afilado.
Y la hoja de hierbabuena, copiándote el olor, un nuevo vicio, o una nueva religión.

22 septiembre 2008

HIROSHIMA

Quizá por haber presenciado algún que otro fin del mundo años atrás, forró las paredes de su corazón, extendiendo suavemente con las yemas de los dedos, como si fuese plastilina verde, una fina capa de Nobel 808, que no es más que aquel explosivo que los británicos crearon, con olor a almendras, bastante antes de la Segunda Guerra Mundial. Fue entonces cuando el señor que estaba sentado a su derecha comenzó a rezar un rosario frenéticamente, aferrándose a las pequeñas piedras de ámbar como se aferra el no tan recién nacido a la calidez innata del pecho femenino.
Ella caminaba arrastrando su maleta roja y media sonrisa, pensando que a estas alturas de septiembre, ni siquiera la crisis de los pobres mortales le había impedido pasar unas vacaciones en el epicentro del hombre que la esperaba apoyado en la pared.
Y como quien cree gozar de la posesión absoluta de la piel de los kamikazes, caminaron encajando sus pasos y el envés de sus retinas como sólo lo supo hacer el inventor del primer puzzle de la historia.
Y la conciencia de fin fue cristalizando por toda la ciudad, en forma de piernas en los bares de Horlaleza, de hojas en las vías del metro, de fresas en un plato negro, de mi dedo índice en el espesor de su barba. Cuando el cielo empezó a deshacerse en granizo de sudor, él la llevó a su habitación para comenzar el ritual apocalíptico que rezan casi todas las escrituras en braile. Y allí citaron desnudos a Ana Rossetti, adoraron al dios de los collares, al zócalo blanco y a las paredes autodefinidas de un armario.
El corazón de ella explotó mientras hacía el amor sobre la cama, la silla y la mesa y el de él, por inducción, mientras practicaba el sexo sobre la mesa, la silla y la cama. La habitación se volvió del color Hiroshima y cuando llegaron los bomberos, en el suelo sólo quedaban vivos siete puñados de almendras y un carcaj de madera, que dicen que es dónde bebieron la sangre del alma gemela que cazaron en su última cena
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08 septiembre 2008

QUIÉN SABE...


A veces, se pintaba

con luces de ojos

bebiéndose el fresco

de un patio de sombras.


Y a veces, extraía

gotas de sangre verde

del corazón de los tomates.

Dicen, (nadie), que

para desaprender a jugar

al desamor convencional (o nacional)

abrazada en sentido contrario,

a sus cartas de WhiteJack.

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¿O era al revés?

31 agosto 2008

SEPTIEMBRE NO EXISTE


Mientras el resto del mundo nadaba en la expresión cérea del automatismo, yo siempre supe que el efecto Von Restorff se materializaba en la línea continua que une tu ombligo y tu sexo. Quizá por eso, una vez cada cien años, se deja ver junto lo humano y lo divino. O quizá por eso siga barajando la teoría de que septiembre no existe en el ácido arco de mi espalda, y aquella de que el sol no es más que una bola de helado de limón. Así, mientras el resto de mortales nada en la expresión cérea de la cordura, yo te invito a una bola de sol en el blanco impoluto de mi calendario.

09 agosto 2008

EL LADO OBSCENO

Como una pandemia, mi momento de lucidez
Un incesto de fieras que llevan prendas de satén
y lamen glóbulos blancos, cristal y escapularios
El lado obsceno de tu pared,
del que rescuelga la pulpa amarga
del hijo del dios insomne que todos quieren ser
Como un golpe de estado, de tu ingrávido costado,
itinerante en el sudor de las vidrieras
El charol negro de las sustitutas de las enredaderas
Los días de calor, el cuerpo huye del cuerpo
Y el lado obsceno del ventilador
bebiendo de la rosa de los vientos
Como un universo destetado del quinto elemento,
que es el sin pudor de mi ornamento
cuando importa tanto nada
cuando habitas la humedad de mi epicentro
El lado obsceno de las marcas de la almohada
El lado obsceno
Y tú la arista con vistas carne adentro

27 julio 2008

EN EL OTRO EXTEMO


Abres los ojos lentamente. Observas cómo el humo del incienso se dispersa, y trepa por el aire hasta llegar al techo, donde muere dibujando ondas translúcidas que desaparecen. Deben ser más de las cuatro de la mañana en el mundo de los vivos.
Las paredes del salón se visten de puta con los tonos anaranjados que brotan de la lámpara medio rota del suelo. Agradeces respirar en la penumbra. Notas cómo la tela arrugada del sofá ha dejado marcas en tu cuello y tocas con las yemas de los dedos las carreteras que se desvían hacia tu nuca, enredadas entre los mechones de tu pelo. La brisa del puerto se cuela por las rendijas, densa, caliente, húmeda, como una manta de piel ajena y mojada. Sigues tumbada, con los ojos entreabiertos. En la mesa de madera hay hierba y un mechero. Él está dormido, a tu lado. Intentas recordar de qué hablaba cuando cerraste los ojos. De Buenos Aires, de Madrid, de los charcos. Respira profundo y ves el movimiento armónico de su pecho. Te levantas sin hacer ruido y caminas descalza. La música sigue sonando muy suave. Hay un chico dormido en el otro sofá y un par de cervezas en el suelo. Tiene el pelo rubio. Sus rastas cuelgan sobre reposabrazos y abraza un cojín verde con dibujos mayas.
Notas algo húmedo en el tobillo y te giras. Es Versus. Te mira con sus ojos redondos y sus orejas largas. Tiene la lengua fuera y jadea. Caminas hacia la cocina notando el frío de las baldosas en la planta de los pies. Versus te sigue, moviendo su cola marrón con el sigilo de un gato maleducado. Llenas de agua un cuenco de metal y lo dejas en el suelo con cuidado. El sonido del choque de la lengua con la superficie del agua rebota en las paredes del patio. Te cruzas con una mujer que camina desnuda hacia otra habitación, te sonríe y desaparece en la penumbra. Vuelves al salón y te detienes en el marco de la puerta. Hay un hombre en la ventana. Tiene el pelo gris y los ojos azul turquesa. Su barba algo más que recién nacida desafía la ley de las cuchillas bajo el labio inferior. No sabes calcular su edad. Cincuenta, quizá. Te mira fijamente mientras da una calada al cigarrillo. Una calada que parece atravesarle los pulmones llegando a la popa de su alma. Te hace un gesto con la mano. Te acercas y te apoyas en la ventana junto a él. Mientras te lías el último rebuscas en tu pozo de neuronas intentando recordar dónde has visto antes sus ojos hábiles y vidriosos. No lo recuerdas. Te da fuego.
-¿ Cuantos pedazos de piel te quedan? – te pregunta con un acento espeso y argentino mientras escupe una bocanada de humo que baila con la luna.
- Siete. – respondes, y te preguntas quién habla por tu boca cuando no quieres pensar.
- ¿Pecados?
- Castigos.
- Vos sos joven, quítate esos ojos antes de que te muerdan.- dice con voz seria.
El silencio se condensa en un par de minutos. Sólo se escuchan olas, jazz y respiración.
- ¿Crees que el diablo fuma?- le preguntas mirando al infinito.
- No...No le deja su mamá.- y sonríe con la garganta como quien guarda la boca en un túnel.
Tiras la colilla y echas el humo, dibujando un incendio apagado con la boca. Te pones las sandalias y la ropa y te diriges hacia la puerta. Antes de salir una mano te toca el hombro. Te das la vuelta y son sus ojos viejos.
- Discúlpame, ayer vos lloraste por mi culpa.
Y recuerdas su cara. Sus dedos en la guitarra. El saxo. Los bongos. Y flotando en la terraza de aquel café del puerto, su voz, que decía:

“Más y menos,
y en el otro extremo
de esa línea, estás tú
mi tormento
mi fabuloso complemento...”

Le sonríes algo ácidamente y cierras la puerta tras tu espalda. Bajas las escaleras de un tercer piso sin ascensor con vistas ruinosas a un mar ruinoso y caminas sin rumbo mirando al faro rojo de Ayamonte. Cantando con voz suave y lengua agria:
.
“Dulce magnetismo:
dos cargas opuestas
buscando lo mismo...."

Mientras unos ojos vidriosos te hacen los coros desde una ventana.

07 julio 2008

Y NADA TIENE QUE VER CON TROYA

Escuece
Escuece si la madera pierde papeles
allí donde el vientre de la madre tierra mece
espinas feroces en el plato de los reyes
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Pliegues
Pliegues de horizontalidad que en columnas crecen
al tiempo que tus dedos en mi piel revuelven
tumbas de arcángeles rojos y delincuentes
.
Haré arder lo que yo quiera
con mi camisita blanca
y la saliva de muñeca
Que soy esa pequeña cala
donde pasan los delfines
las últimas horas saladas
-
Arderá en mis rituales
el manual de tu garganta
.
Vuelve
Vuelve a magullarme el ansia de los botones
a un suicidio en acantilados de pantalones
con vistas al jodido filo del horizonte
.
Y me seguiré follando a Cronos cada martes
Venderé mi alma a Dios por una canción de Chaouen
Seguiré mordiendo, corazón, para que grites y no hables
Meteré tu dedo frío en un guante lleno de sangre
Clavaré las uñas al asfalto de la piel de los gigantes
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Y haré arder lo que yo quiera
mientras Maquiavelo duerme
en mi paladar de seda
Que soy esa pequeña cala
donde pasan los delfines
las últimas horas saladas
.
Y yo haré arder lo que yo quiera
Y tu serás cada diciembre el quicio de la primavera
Y yo haré arder lo que yo quiera...
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De fondo: "Semilla en la tierra"
Carlos Chaouen...

23 junio 2008

¿MAMÁ?

Nunca fue buena para las fechas señaladas. Ni cumpleaños, ni método ogino, ni santos, ni descuento en el árbol, pero hay números que no se olvidan.
Perdió a su madre el día en que nació su tercera hija, que fue el mismo en el que el Atlético de Madrid ganaba con esfuerzo su séptima Copa del Rey. Aquel sábado en el que la perra, de la perra, de la vecina se quedaba preñada y los pimientos subían diez pesetas. Exactamente el mismo en que su marido decidió irse con su amante cubana, diez años más joven que él. Pero lo peor, con mucha diferencia, de ese veintinueve de junio fue la decisión del abuelo de la criatura, que con toda la buena fe que cabe en las arrugas de un hombre de setenta años, decidió llamar a la pequeña como su difunta esposa. Catalina. Y fue lo peor porque ella no soportaba a su madre. Y fue lo peor porque después de los dolores del parto y aún con la frente empapada en sudor, el cordón umbilical sin cortar y la explosión hormonal de oxitocina, ya había olvidado lo que era estar casada. Y es que no le importaba demasiado dejar de lavarle los calzoncillos a quien había convertido su abdomen en un campo de estrías y su vida en un aburrido programa de ordenador que ignora el significado de la palabra movimiento aleatorio.
También es verdad que aquello de la reencarnación le sonaba parecido a las letras rojas del panfleto que estaba debajo del teléfono, y que decían no se qué de arroz tres delicias con gambas.
El segundo día que nunca olvidará fue aquel en el que entendió todo. Entendió por qué Catalina no dormía la siesta como los bebes normales y lloraba cuando quitaban la telenovela de la dos. Entendió por qué no se iba a la cuna sin mojar antes el chupete en chinchón el día que intentó hacer las croquetas de su madre. Aquel día, Catalina, sentada en la trona con un babero rosa muy grande colgado del cuello, agarró una croqueta y se la metió en la boca. Cuando tragó el trocito que había mordido, bebió agua y dijo mirando a su madre: “Mira que te lo dije, que no te casaras con ese desgraciado, que no hay nada como el jabón de lagarto y que la bechamel hay que removerla todo el rato. Anda, llévame al sofá que va a empezar la novela”

16 junio 2008

¿SABES QUÉ?


Podría decirte que hay quien confunde el cajón de mi ropa interior con la lengua de una geisha, o que cambié de planes para comerme a cucharadas el número dieciocho de la carta del Mandala. Podría hablarte de la médula espinal de los paraguas y del terciopelo rojo de la lámpara que vive esquinada en mi salón. Quizá te contase la leyenda del hombre que se convirtió en fibra muscular, la teoría encendida de la luciérnaga apagada, y el cuento de la carne de aceituna de un olivo en la carretera. Descansaría siete segundos para beber un trago de tequila de contrabando (directo desde la Ciudad del Viento hasta la veleta incompetente de mi comisura), y (te) confesaría que (a mí) me gusta hacerlo a secas y enfrente de un espejo, y que odio la sopa. Te diría lo poco que me importa la huelga de transportistas, pues sólo desayuno flores de naranja y corazones que ruedan, solos, por la calle Compañía. Te hablaría de una marca de nacimiento con forma de estrecho de Gibraltar, de musas que mandaron a la mierda el paro, de los ojos de buey (morados), del terremoto de Lisboa, las plumas de las nubes y la república independiente de mi cama. Del delirio nihilista, de las cinco letras de mi nombre o de la relación proporcional que existe entre los kilos de césped recién cortado y la intensidad del olor a sandía. Del síndrome del ascensor en la biblioteca, de incienso de menta, del maullido de los perros con tacones, del cayado de la aorta y de que Nadal cree que soy pelirroja. Te diría que el parqué derretido es una droga dura, que las cosas sí son lo que parecen, o incluso peor, que siempre quise tener un maestro de esgrima... Pero entonces, sabrías demasiado y no me quedaría más remedio que matarte o hacerme un cinturón con tus cuerdas vocales.

09 junio 2008

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Quizá debas pensar que esta vez las paredes no se mojaron de lágrimas
.
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01 junio 2008

DECRÉPITA CONQUISTA

Disuelta en el arco que acoge
.
el aplomo aguado
.
de tu luminiscencia.
.
Afanada por sentir viva la piedra
.
y el bonsái de tu derrota.
.
Decrépita conquista
.
la del reino de mis piernas,
.
la del llanto del artista,
.
la del circular cubista
.
que busca en su cuerpo siluetas,
.
ignorando que quizá lo que palpita
.
no sea más
.
que el corazón de una cereza muerta.
.
.
.
Escrito para
SALAMANCA LETRA
CONTEMPORANEA

26 mayo 2008

QUE NO RESUCITEN LOS SABIOS...

La madera de las mesas del Molly tiene miedo, adicción y fósiles grabados a golpe de bic, colmillo y boca abierta. Guarda secretos y delitos entre sus astillas, como ases en la manga de un sabio muerto.
Hacía demasiado que no se veían y tenían demasiadas cosas que contar.
Pidieron cuatro cervezas, se sentaron en una mesa al fondo a la derecha, y la ronda de exclusivas dio comienzo.
W bebía un trago mientras en voz baja, sólo al principio, decía que no sabía exactamente si le iba el sado, pero que casi se dan de ostias, y que la sangre de los arañazos en las sábanas confirma que a él todavía le tiene que escocer la espalda. X no puede dejar de reír. Ya sabía la historia porque al día siguiente W le llamó para cenar fideuá en su casa y desahogarse. Y y Z no dan crédito.
Y cuenta que no sabe si dejar a su novio, con el que lleva varios años, para volver con su ex, que por cierto, ha engordado bastante, y lleva al acecho desde que lo dejaron. Pero dice que va a esperar a que se asienten las ideas y terminen los exámenes. W X y Z llevaban algún tiempo sin verla ilusionada...
X, entre trago y sonrisa y trago, cuenta que ha descubierto que es multiorgásmica gracias a un tipo que le saca 14 años y del que puede que vuelva a ser amante alguna vez más, además de que cree que se ha enamorado de otro que tiene los ojos azules y con el que nunca ha hablado. Y y Z le dicen eso de: “no tienes remedio...”
Z deja que pase un ángel, y escupe que ha vuelto con su ex porque después de estos meses se ha dado cuenta de que es más feliz con él que sin él.
El culo de los cuatro vasos hacía ya tiempo que había visto la luz y una vez más las astillas de la mesa y las mangas de los sabios se cebaron con barbaridades, carcajadas y silencios, mientras ellas se dejaban arrastrar por la fuerza centrífuga de un "¿Tomamos otra?"

18 mayo 2008

LA SOMBRA DE LA LAGARTIJA




Siempre le gustaron las bolsas de envasar al vacío y las partidas largas de tetris. El sol se ponía lentamente mientras la sombra de una lagartija corría por la arena, esquivando espuma amarilla que parecía caída del cielo de algún siglo pasado. Tocaba con las yemas de los dedos dunas que rozaban suavemente sus piernas, mientras la brisa del mar espolvoreaba su pelo largo con salitre. Pensaba en sus ojos color fresa antes del solsticio, en la boca desmarcada, en los gritos en silencio, y sonreía. Miraba el horizonte perdida en un mundo probablemente inexistente, como los restos de su olor en la corbata manchada. Se levantó lentamente y caminó hacia la casa de madera que se sostenía a pocos metros de la orilla. Las tablas del suelo crujían como mandíbulas de bestias hambrientas al paso de sus pies, que dejaban un leve rastro de arena. Cuando llegó a la cocina abrió el congelador, en el que estaban encajados 50 trozos de él envasados al vacío. Se quedó quieta observando su partida de tetris perfecta, mientras desde el suelo la sombra de una lagartija le miraba fijamente a los ojos.

06 mayo 2008

TU CIENCIA FICCIÓN

Mi voz sonaba sólo en tu cabeza
La cerveza la bebiste a dos botellas
Las estrellas no pierden la ropa en su portal
Quien te hizo sudar no era la perla negra
era una borrasca tropical

No me reces, no me reces
Que no existo, que no me has visto
Soy el producto infinito de los dragones
de la mazmorra de tu imaginación
No me reces
Soy sólo un bocaito de ciencia ficción

Las uñas te las clavaron los gatos
Fueron las hormigas las que te arrancaron el labio
El tequila caliente se duchaba contigo en el baño
Y mientras tú pensando,
rezando...

No huelo a manzana fresca
No tengo suaves las piernas
No he rugido en tus oídos
Recuerda cielito
No me reces que no existo
Que no
No me reces
Que no
Que no
Que no existo

No me reces, que no existo
No me reces, no me has visto
Soy el producto infinito de los dragones
De la mazmorra de tu imaginación
No ocupo dos habitaciones
Pa que se duerman tus dragones
Soy sólo tu ciencia ficción
.
.
Pour tes fourmis...

28 abril 2008

FEROZMENTE

En el resorte insaciable de un rizo que lucha a muerte contra el tirabuzón asesino ganamos, perdiendo por el camino trozos de lengua con sabor a delicatessen.
Nos adentramos en la batalla salvaje de arrancarle con las pestañas la ropa a quien lleva demasiada poca, o relativamente demasiada.
Y llamamos al teléfono rojo del enemigo. Clavamos en sus entrañas de nata nuestra espada desde la sala más pequeña de Salamanca. Me dieron un año de tregua y una botella firmada. Fui la reina de los hielos, y tú la fiera que los devoraba.
Sin prisa, con pausa. Nos colamos en la trinchera ganando ojos no tan viejos que miraban a través de una pared. Nos dieron las diez, las cien, las mil balas de risa y hojalata y borramos las marcas de los hombros a golpe de alquimistas y terrazas.
Bebimos sangre y casualidades vertidas en una gorra y compramos todo el brillo que el sol ya no utilizaba. Devastamos mil países inventados y esparcidos a nuestro alrededor.
Finalmente, saboreamos la victoria de salir con más vida que los gatos de esta guerra caliente e improvisada, llena de agujeros por los que se escapaban Córdoba y preguntas, orgasmos y bocetos, medio dedo verde, una taza caliente, los sueños, los ases, el polvo en el viento y las cartas. Esperando ferozmente nuestra próxima batalla.
.
.
.
.
Para una fiera
que anda suelta...

13 abril 2008

LO DE MI BOCA

Puede ser, lo de mi boca, culpa de la lluvia, que deshace las aceras como exceso de acuarela en el puente de los suspiros. Que hayamos tenido el Vaticano entre las piernas y un pacto suicida en un folio excomulgado. ¿Y qué si me describo? ¿Y qué si me desangro? ¿Y qué si exhibo migas descarnadas ante las garras del hambriento? Jineta apocalíptica de jueves a domingo. Y parece ser, que hay un dos por tres en muecas escurridas y sangre edulcorada en el parqué. Y parece ser que quebró la línea de equilibrio en la bolsa de sudor.
Tal vez, lo de mi boca, sea culpa de la lluvia, que disuelve las pisadas con llanto amargo de ceniza. O puede ser culpa de seis frentes enfrentados, avasallándome el costado con su lengua caliente. Es curioso, ya no necesito respirar cada vez que nadie dice que tú, en realidad, es la segunda del plural.




De fondo:
"No abra final para este cuento
de 10 por dos y una me llevo..."

07 abril 2008

MAÑANA LLAMO YO

Llegué como quien tiene un paraíso privado, encerrado en un tapiz rojo que cuelga en la pared. Cerré la puerta de mi apartamento con llave. Vacié todo el aire de mis pulmones lentamente. Dejé los zapatos en la entrada y fui quitándome ropa según iba caminando hacia la habitación. Hacía calor y el sol entraba a borbotones. Bajé un poco las persianas. Sentía el frescor del parqué en la planta de los pies, como hormigas trepándome avenidas musculares. Fui al salón y abrí el armario de madera que está sobre la televisión. Cogí una copa de cristal rojo. Cerré de nuevo el armario y caminé cuatro pasos, hasta la cocina. La llené de vino hasta la línea curva de su relieve que supone dos tercios de su capacidad vital. Volví al salón con la copa en la mano y me solté el pelo. Encendí el portátil. Había llegado el momento. Me senté en el sofá con las piernas extendidas y puse el ordenador encima. Un sorbo de Marqués de Olivara bailó un tango con mi lengua y mis dientes.
Le di al play.





Seis minutos y dos segundos después apagué el móvil. Mañana llamo yo...
Cuatrocientos orgasmos por hoy habían sido suficientes.

30 marzo 2008

LO SIENTO

Quizá deba saber
que sueño más de lo que debiera
con beber el aire
que en su paladar se cuela
Y es tan difícil
no dejar de ser a ratos de piedra
para ser espuma y seda
para ser metacrilato.
Hay quien dice que no quiero
cuerdas en piernas brazos
hay quien dice que no puedo,
que hay latidos caducados,
enjaulados en mi cuarto,
con las nubes en un cuadro
ya cansados, muy cansados...
tan cansados...
Quizá deba saber
que ha dicho el telediario
que el frío nos da una tregua
para que salgan nuestras lenguas
de paseo y a la venta
Que la cuenta se equivoque
porque quizá no le haya dicho
que a mi todo se me rompe
en burbujas de cerveza.
Hay tres sillas vacías
posos posando siluetas
en mis piernas mercancía
y un horizonte que deja caer
eso de que quizá
usted también deba saber
Que no prometo quedarme
Que nunca prometo quedarme
Que lo mío no es quedarme
Que como usted ya sabe
soy mitad de piel
y mitad aire
y a ratos
sólo a ratos
soy de metacrilato.





De fondo: gritos...,
"Desde aquí, desde mi casa
veo la playa vacía
ya lo estaba hace unos días
ahora está llena de lluvia
y tú ahí sigues sin paraguas
sin tu ropa, paseando
como una tarde de julio
pero con frío y tronando
¿se puede saber qué esperas?..."
y más gritos... y algún no te lo tomes al pie de la letra....

23 marzo 2008

VOLAR , MORIR, MATAR


Un dolor punzante en el abdomen le surcó las entrañas y se desplomó en mitad de la calle. Veía inmóvil, desde el suelo, cómo las nubes reptaban suplicando un sorbo de piedad etérea o un trozo de cielo para pasar la noche en el círculo polar.
El dolor avanzaba como rayos de sol, desde el ojo de buey de su ombligo hasta el reino en que cabalgan los pulmones.
El viento revolvía su pelo mientras ella seguía mirando al cielo, notando cómo una manada de bestias corría por su columna vertebral. Se desabrochó la camisa azul y vio en su abdomen bultos que se movían frenéticos. Cogió un trozo de cristal que dormía a su derecha y se hizo un corte desde la horquilla esternal hasta el vientre. Cientos de pájaros empezaron a brotar de su cuerpo, a volar directos al cielo del círculo polar. No volvió a cerrar los ojos, y hay quien dice que las ganas o vuelan o matan o se van.

17 marzo 2008

NO TARDO...

Como los kilos de llamadas para encontrarnos en la estación del Sur, mi nuevo look de francesa y dos voces de enciclopedia enumerando trozos de cuerpo cuyo nombre creíamos no recordar. Como el poplíteo, la arteria pedia, el neuroporo, como un derrame de ganas cerebral. Como el terremoto del exprimidor de naranjas, nuestros pies y sus plantas masticadas, Colón, Cibeles, La mayor, Preciados, los bongos retirados y el humo compartido. Como los tacones negros de charol, mil fotos erótico-festivas, dos locas sin edredón, cabeza con cabeza más allá del allá de las dos. Como los bollos de leche y el trato de reina zamorana, éxtasis por la mañana con jabón de chocolate y barro del mar muerto...
Como cascabeles usurpando las muñecas para no perderlas en brechas de tiempo disipado, un par de mantas finas después de las torrijas con aroma de canela, Transamérica y boca abierta...
Y el estrés como mordiscos de pirañas del Retiro, un secador muerto en el intento, un tiento de lesbianas que daban bastante el pego. Desembocadas en Chueca y su boca de metro...Beber mas que aire de caracol en Libertad 8, salir haciendo eses, claves de sol y cuenta cuentos. Como morir casi en el intento de cenar, y por fin ver el cielo, entrar a hablar en mejicano, las coronitas, las islas con tesoro, bechamel, retratos en el baño y ver aún de tres en tres. Accidente gris en mi vestido, seca-manos, agua y lavabos fulanos. Mil dosis de metro en la vena safena, la sangre en canoa, cola asesina en el Mauna Loa. El morir de un clavel en el pozo de un bolso sin fondo, collar hawaiano, lenguas de gato, volcanes gigantes, el baño dentro de un estanque, cocos pedidos por esos dos que si que saben...
Como carámbanos por Huertas, muertos y muertas con ganas de fiesta, Quijote en el suelo, sus letras y sus retales, muslo de chino en bocadillos viscerales.
Como el chico con aires de ayer y sabor a naranja, un no puedo en el brazo derecho y un efímero recuerdo permanente en el izquierdo, corazón a medias de caramelo, la tuerca de su labio abajo a la derecha.
Como una carretera sin mirar y una mano fría en una espalda, una chica dormida contra la ventana, sueños relativos, heridas en los dedos, enredos nuevos para noches y días festivos.
Alarma el día de las palmas, un ángel sin chaqueta cosiéndome a la espalda los tirantes. Como el chef Alvarado y el billete, la próxima, prometo que cerrado.
Como dos bocadillos improvisados, empacho de parque interminable, gatos, gateras, gomas marrones, muñecas de porcelana, peonzas, rotondas...todo made in el diablo.
Patos como cochinillos que pesan casi setenta kilos, el chico del disco de Revolver siempre amenazado por palomas con el colon dilatado. JFK y su teléfono fijo, besos al por mayor, referencias de Zara Home por catálogo, con ojos marrones claros, camiseta preciosa en tonos a juego y azulados, la niña y su pequeño reloj, y las lágrimas de cine que me debe. Starbucks moca, capuchinos y la tarta que le gusta al chico guapo, pero no tipo ken. Y las tetas de no se quien naturales y nosotras nos quedamos con el de las patadas al cojín y sus glúteos imperiales. Y vosotros a dormir en el sofá.
Como pintarnos los labios en el tetris de un baño. Como tu puntería para preguntar a guiris y la mía para pedir fotos a la decimotercera edad, una nueva especie, la cámara borrosa digital.

Y millones de tickets, servilletas y tapones.
Y ser casi detenidas por bailar en la delincuencia.
Y un cepillo de dientes de emergencia.
Y la chica bonsái.
Y el chico de Vitruvio.
Y su boca de naranja imaginaria.
Y todo un delirio.
Y todo tú.
Y todo yo.
Y todo rojo.
Y todo TODOS nosotros.





A Teresa & padres,
a Jorge, María y compañía,
y a tí, que te debo
más de un beso.
A todos por este fin de semana
frenético e increible.
Gracias y esperadme,
que no tardo...

09 marzo 2008

DIOS DIRÁ

Subes las escaleras rasgando con tu barba de tres días y medio cortinas de humo que dilatan tus pupilas, haciendo que parezcan agujeros negros en edad de crecimiento. Eliges la mesa que está junto al balcón, porque sabes que me gusta perder la mirada en el cielo de la esquina enraizada de Gran Vía. Mientras me quito la cazadora adivinas que seré yo la primera en ir a por un par de cervezas a la barra y mirar uno por uno a los tipos que se crucen en mi camino. Te sientas mientras me alejo, odiando mis putos juegos y el vaivén de mis caderas, y cuentas los pantalones que están pensando en arrancarme los míos. Arrugas con fuerza la caja de vacía de cigarrillos, en un intento desesperado por no gritar mientras te repites a ti mismo que hoy serás tú quien me folle y que mañana dios dirá.

03 marzo 2008

COMO UN PUTO RELOJ



Se ha caído
al suelo
el huésped
de mi ombligo
y ahora
llevo
el alma
colgando
como un maldito
reloj
de bolsillo.



25 febrero 2008

LLÁMALO CLAUSTROFOBIA...



Un grito estremecedor rodó por las escaleras lamiendo la barandilla. Se estrelló contra el suelo del portal, como un sueño derretido en un plato de espejo. Hizo vibrar los cristales de todo el edificio. Estornudaron polvo las grietas famélicas de las paredes y el vello de los brazos de quien pasaba por allí se convirtió en un pelotón de soldados en guardia.
Dos minutos antes me había levantado dándole la espalda y el tiempo suficiente para esfumarse. Como suele ser. Como deber ser. Había contado hasta cien mientas me colgaba el collar que dormía en el suelo, escondido entre la ropa. Cuando me volví él seguía en la cama, mirándome, y un grito estremecedor se cayó de mi garganta.







Fotografía de Aitor Martín

17 febrero 2008

CINCO CONMIGO

Vuélvete loco
cuando nos den las diez
cuando el frío se engarce en tu jersey.
Y no sabrás nada de mí,
me esperarás solito allí con tus fantasmas...

Vuélvete loco,
arráncame sudor embotellado.
Domesticado, duerme en mi salón,
llámame puta y llora un rato.

Si te permites cinco minutos conmigo
masticaré el reloj,
apretaré con la lengua el hierro
del maldito gatillo.

Vuélvete loco
juega con un juguete roto.
Dos cervezas y tres cuellos relamidos,
tan calada a medio tiro...
Garabatos asesinos en el extrarradio.

Si te permites cinco minutos conmigo
masticaré el reloj,
apretaré con la lengua el hierro
del maldito gatillo.

Si te permites cinco minutos conmigo...
Si te permites cinco minutos conmigo,
en el primero vuélvete loco.






Para un muso resentido
que le pone música a las ganas...
si, si...para Henry...

10 febrero 2008

COMO BESTIAS EN CELO

Bailó durante horas como si nada le importase, mientras la noche iba adentrándose en lo más profundo de su propia existencia, allí donde los gatos pardos se confunden con retales de piel en la pared. Se despeinaba contando los ojos ajenos que rondaban su cintura, esquivando dedos que creían ser más listos que la apuesta de sus piernas de tequila.
Estrechó la mano de dos tipos con corbata después de hablar de dinero, tarimas y casualidades y siguió matando bares con la luz de las bombillas hasta el siniestro surrealista de un choque de ojos.
Se ahogó en su Hierro, en sus eses, en el tacto de un chaleco, en el cuero de un collar, en un cuadro de letras, en colores descarnados, en la carne de su cuello. Se rindió a los seis minutos y empezó a tener miedo de no querer dejar de escuchar, de hablar, de estar, de ser, de morder, de respirar...
El sol salía de su guarida mientras caminaban por calles que no conocían, sin importar el trozo de Roma en el que desembocasen. Los camiones descargaban cajas de fruta, los niños cargaban con la mochila, los coches, los perros, los bancos...La ciudad amarilla despertaba frenética y ellos andaban despacio. Él la agarraba del hombro y le acariciaba la cara, ella buscaba el calor de su pecho introduciendo la mano entre dos botones de su cazadora. Mil miradas les fulminaban a cada paso y ellos no podían evitar reírse del reloj y los horarios. Se despidieron con un beso en un portal jugando con la suerte entre los dedos.
A mitad del día el teléfono sonó dos veces. Cuando colgó se quedó sentada en el sofá, con un café en la mano y una sonrisa extraña. Mientras mojaba los labios en el aroma que brotaba de la taza, veía cómo su caja de secretos estaba a punto de explotar, su estómago colgando de un hilo y los caminos raros reproduciéndose como bestias en celo.

31 enero 2008

FALLO DE FÁBRICA


Se miró en el espejo casi sorprendida, preguntándose en qué momento la zona de piel que soportaba el peso de sus gafas había dejado de ofrecer resistencia a eso que llaman gravedad, aún sin saber exactamente lo que era… No supo responder y la tetera sonó como música de fondo.
Quizá nunca había sido diferente. Quizá el blanco y la profundidad de los surcos de su frente eran tan solo un fallo de fábrica. No recordaba…
Apagó la luz del baño y se dirigió hacia la cocina, que cada día parecía reptar más allá del pasillo. Se quedó quieta, mirando la madera cansada de ese armario, siempre lleno de galletas para las visitas, que por fallo de fábrica desaparecieron el mismo día que la gravedad. -¿En que momento habían caducado las galletas?- Otra vez, no supo contestar…






A Teresa, la 3ª del 3ºC,
porque cada vez más
te echo de menos...

25 enero 2008

VEINTE RAZONES


Teorizo acerca del frío aniquilado en el parqué mientras gano batallas de cinco minutos al monstruo del tiempo. Me divorcio de las sábanas y camino descalza por el suelo de mi habitación, esquivando una lucha a muerte entre tacones y muñecas, una guerra civil entre los condones del primer cajón y el ¿cuándo olvidé que tengo diecinueve?...Diecinueve hasta que el reloj marque las ocho.
Me desnudo lentamente en el baño, frente al espejo, escrutando los lunares que me salpican la cara. Cuatro.
Busco nuevas civilizaciones entre los huecos intercostales, océanos de lava bajo mis clavículas. El pelo conquistando la décima vértebra dorsal y sigo igual. La misma estructura de un desastre brutalmente ordenado. Algo más delgada. Algo más adicta a no tener más que una adicción fija.
¿Cuándo enseñé a hablar a las hormigas asesinas? ¿Cuantos ojos muertos tienden sobre las aceras de esta ciudad encantada? ¿Miedo a dejar de estar loca? No gracias, no fumo...
Y el agua de la ducha cae sobre mí, caliente, como un verdugo de las células que ya no dicen nada, mientras las vivas gritan a flor de piel que quieren desayunar trozos de aire.
Son las ocho. Tengo el labio mordido y veinte razones para comerme el mundo.






A tod@s los que siguen
al pie de mi cañón,
dentro de mi vida...

13 enero 2008

MIS PERTENENCIAS


Me miras y te cuento, poeta suicida,
que morir en la partida merece la pena,
que te apuntes a mi juego de mesa y vicio de ruinas.
Porque eso de que el fuego quema
lo dice quien no vive en un incendio...

Tengo para ti un piso de alquiler
en el infierno de mi boca equilibrista,
de indecisa, maldita empedernida,
adicta a tu filosofía de tipo no cualquiera.

Tengo una cafetera con ideas retorcidas,
como el pomo de acceso a mis heridas,
que me pide que vivas en el tercero izquierda,
que me aflojes las tuercas mas de noche que de día.

Deja de fumarte en vano la boquilla.
Tengo el cuello reventado,
una horquilla de sexo indeterminado
apuntando a la diana de tu cámara de mano.

Tengo el ala de tu sombrero cosida
con un haz de navajazos,
síndrome de abstinencia
de tus cañonazos con efectos secundarios.

Me juego el cuello si te pienso
a ratos bisiestos... ¿jugamos?
Desnuda y con los ojos puestos.
Y me pregunto si tienes gato,
si quieres dos...
Me desnudo, me sincero, te digo
que no se exactamente lo que quiero.
Pero quiero.



Pertenencias de él:
http://resonanciasvitales.blogspot.com

De fondo: "Por la borda" de Quique González
¿Cual si no baby?

07 enero 2008

VOLVER

Pasan los días como profecías gitanas susurradas al oído interno y volver vuelve a ser distinto. Volver a volver...y el istmo de tus fauces con mi lengua entrecosida.
Volver a tener el hígado encima de la mesa de cristal y el umbral tragando vodka caramelo en una barra de Varillas. Las medias en el baño de caballeros, otra vez...
En la diana nueve de mis diez anzuelos y uno, hijo de puta, alérgico a las bocas de pez.
Volver...a una cena para media, la chica sin hambre, un polvo para tres, sofá cama verde, semáforo rojo. Birdland Jazz de cuatro a diez entre doctores.
Y le saco un ojo al diablo por volver, y le curo los dolores. Mi secreto esperando en un rincón. Sabina gritando Ruido en el salón y los vecinos llamando a la policía. Virutas de pintura por el suelo. Las miradas del chico de la fruta. Un desnudo dibujado en la pared. Tu desnudo brutalmente perfecto. Lagunas. Gigantes. Moratones en el cuello. Barra libre. El en podio de calibres. Rotuladores amarillos por el suelo. Muerta de sueño. Prácticas en la planta 3, tu labio y su cicatriz cuerpo contra cuerpo.
Y me preguntan que por qué mato por volver...

30 diciembre 2007

INTACTA


A tientas sorbo las gotas de luz blanca que espiran con calma los poros inertes de la persiana. Y mientras encuentro tres trozos de mí en raya. La pereza enganchada en el rosario de la espalda. Una esquina pecando de curva en la calle Argentina. Diciembre casi fragmentado en un espejo de retina. A tientas despierto. Mientras gritas no te muevas, a tientas, disparas. Y yo... a tientas, intacta.



Fotografía de Aitor Martín

17 diciembre 2007

CÓMO LLAMARME...

Hicimos un trato y me has jodido.
A dos centímetros de mi boca.
Antes de que existiese eso que llaman antes.
Después de que las vueltas atrás se mordiesen la cola.
Te lo dije,
cambiaría de nombre.
Prometiste
ni un te quiero.
Como Lisa y Fran.
Como un volcán.
Hicimos un trato y me has jodido
porque ahora no sé
cómo llamarme.

09 diciembre 2007

PARANOIA


Flotaba con los brazos en cruz, con un vestido negro de seda mecido por las olas.
Dibujaba ondas que me rozaban las piernas como medusas negras de gasa, guardianas de mi mente en blanco.
Flotaba mirando el cielo, escuchando el susurro del mar mezclado con el de mi respiración lenta. Cerré los ojos y seguí respirando. Rumor. Susurro. Nada.
Cuando desperté mi pecho empezó a latir deprisa. La corriente me había llevado al norte. Lejos. Nadé agitada hacia la orilla. Salí del agua y empecé a correr descalza por una calle con aire azulado, clavándome en los talones los círculos granates de acera. Corría mientras me perseguían tres hombres vestidos con un uniforme oscuro. Tres policías franceses gritándome a la espalda. Perdía la respiración, girando en esquinas con la planta de los pies masticada. Alguien me agarró del brazo en una curva. Era Javi. ¿Cómo había llegado él a Niza? Huímos hasta una estación. Entramos chocando con la gente. Subí a un tren que me resultaba familiar, un tren que había cogido antes, alguna vez, pero no lo recordaba. Las paredes eran blancas, y una mujer rubia a mi izquierda se sujetaba a la barra metálica del techo. El tren empezó a moverse y Javi me despidió con la mano, desde fuera.
Me acerqué a la mujer y le pregunté por el destino del tren. Me miró, levantó los hombros y volvió la cara. No lo sabía. A los pocos segundos se abrieron las puertas y bajé. Caminé hacia delante sin mirar atrás. Sabía que ya no había nada, que el tren, la mujer, y la vía se habían esfumado.
A la salida la luz artificial creaba un ambiente extraño. En el fondo se dibujaba una recepción acristalada con luces parpadeantes, inquietantes. Cuatro recepcionistas, con blusa blanca y nariz aguileña me ignoraban. Intenté hablar, gritar, pregunté varias veces como podía salir pero no escuchaban, no miraban.
Quedaba poco tiempo y nadie debía enterarse de que me había ido.
Detrás del mostrador había despachos pequeños, con paredes falsas de detective borracho, papeles por el suelo y humo condensado. Un hombre mayor, me hizo un gesto con la mano. Fui hacia él. “Aquí no hay salidas, solo bajadas...”. Me mostró un monitor en el que se veían decenas de pisos y pasillos bajo el suelo. Eran habitaciones oscuras, pequeñas. Iba mostrando diferentes apartados. En un pasillo personas disfrazadas estaban en pie, el amarillo de las telas resaltaba con el negro del suelo. En una habitación cuatro personas con rasgos esquimales se encontraban sentadas entorno a un plato con arroz blanco en el fondo y una cara encima, con sus mismos rasgos y los ojos cerrados. Uno de ellos sujetaba un tenedor. Enfocó otra habitación con una mesa de madera, en la que unos tipos cortaban droga en pasta y unas manos grandes se manchaban de verde.
El hombre del despacho retiró el monitor y me puso una mano en el muslo. Un nudo en el estómago empezó a retorcerse. Di la vuelta y corrí hacia el ascensor. Entré y las puertas de metal se cerrararon a mi espalda. Cerré los ojos. Cuando los abrí dos medusas negras se chocaron contra el techo de mi habitación.





Habéis pasado la noche conmigo...
Soñado hace unos días...
tal y como está escrito.
¿Alguien se atreve a interpretar?

03 diciembre 2007

AMENAZAS

Amenazan con desanidarme,
con inyectarme agujas
sin sangre.
Amenazan con llevarme
clavando...
Salones
calando...
Los tacones me amenazan
hechos polvo,
amenazo con un polvo
con tacones.

26 noviembre 2007

LA ÚLTIMA LECCÍON


Doscientos ojos seguían de un lado a otro su silueta blanca. Caminaba por la madera del aula magna despacio, vocalizando nomenclatura clásica, moviendo sus manos arrugadas de genio viejo. Una eternidad andando y desandando esa misma tarima, con el sonido de fondo de los folios borrachos de anatomía. Con un brillo cegador en la retina al explicar cada surco que adornaba a la máquina perfecta, cada hendidura, cada vena galopando su superficie roja y palpitante, cada válvula sin escape.
Cuando terminó habló de belleza y de amor, de locura y caminos raros. Habló de cumplidos y vidas, de justicia e indignación. Siguió hablando y juró que no se iría sin haber enseñado algo, sin haber visto a quien le había dejado ver.
El silencio le llenó la boca como una copa de vino bueno y se desbrochó la camisa. Se metió la mano en el pecho y dictó una sonrisa con la que terminó la lección, justo antes de caer desplomado al suelo mientras el corazón latía en la tarima de madera.

18 noviembre 2007

REFLEXIÓN CASUAL

Un día de esos que descuelgo

y cuelgo a parte la estructura de mi cuerpo en diagonal.

Descuelgan y se cuelgan por el cuello las ganas de escucharte.

Otra reflexión casual...

Un mundo raro el de los cuentos...

Un enjambre de silencios alquilándome la boca.

Esta boca a medias roja, a medias yo, y a veces rota.

Que lo que tiembla no es la piel y las palabras esqueléticas engañan.

Que los cuentos con grumos ya no cuelan.

Que ya no quedan ni las ganas de follar con quien los cuenta.

Un mundo raro...

Un Jaque Mate seccionando una médula espinal.

Un vendaval paralizado.

Un diplomado CCC en educación y cortesía

“que tal te va la vida, yo corriendo y tan feliz...”.

Un mundo raro...

Un “bisho” que suena a insecticida caducado,

descubrir...como un loco la gravedad,

que después de un par de años has pasado a darme igual,

que ya no hay nada que contar...

Sobresaliente en aprendiz, sujetando el antifaz.

Siete kilos de barniz preguntándote que tal...

Que las palabras esqueléticas engañan y lo que tiembla no es la piel.

Que ya no bailo aguas que no me quitan la sed.

Que hay diablos que creen saber más por diablos...




Game over es Game over

12 noviembre 2007

POR POCO TIEMPO

Le habían encontrado otra vez, mientras caminaba por Gran Vía con dos nidos de ojeras y las manos en los bolsos. La luz del sol se estaba ahogando y la de las farolas cruzaba en ámbar. Le habían encontrado una vez más.
Vio aquellos ojos de marioneta de payaso antiguo que finge ser feliz. Unos ojos vacíos de madera que le buscaban de lunes a domingo.
Le miraban con una cínica sonrisa al otro lado del cristal de la cafetería gritando en silencio:“No puedes escapar de mi...”
El pánico empezó a desbordarle por los poros. Su lengua supuraba miedo infame, y su mente en forma de ese itálica se había inundado en blanco.
La gente empezaba a desaparecer de las aceras y el frío helaba las respiraciones.
Los ojos de madera seguían mirándole fijamente mientras su corazón empezaba a latir dejando a un lado la sincronía, recordándole que su cuerpo ya no era tan joven, que se estaba marchitando...
Empezó
a correr despavorido, antes de que el tipo saliese del bar. Corría buscando la avenida del Sur, chocando con la gente, tirando cosas a su paso, intentando derruir sin conseguirlo rascacielos de menor tamaño por su complejo de lengua de adobe.
Corría sin aliento. Doblaba esquinas que le doblaban. Escapaba sin parar. Mirando. Buscando con pánico al tipo que le perseguía. Seguía corriendo con dolor de bronquios, de vías respiratorias en las que luchaban a muerte la mierda invitada a pasar los días impares y aquella que nacía de su propia naturaleza.
Doblaba esquinas. Se ahogaba. Se envenenaba con lengua sin saliva. Un chorro de sudor migraba por su espalda, reblandecida por la dureza de la huida.
Cruzó un paso de cebra. Chocó con la mujer del abrigo verde. Tropezó con el bordillo rojo rompiéndose un par de dedos de frente. Volvió a correr mirando
atrás. Dando quiebros. Intentando despistar a la sonrisa cínica que corría tras él.
Le pesaban los bolsillos. Puñados de fichas de mezquindad. Restos de mediocridad. Kilos de ese no llegar a la suela de los lobos que aúllan pentagramas. Un rastro de todo a medias, de no ser capaz, de debilidad, de frustración que le carcomía las costuras de los pantalones.
Corría buscando el calor del escondite, para perder el peso añadido de la densidad de la sangre fría, sin descansar la sombra en el suelo. Carrera de fantasmas. Pulso acelerado y otro quiebro. Le había dado esquinazo. Por poco tiempo...
Entró en una pensión sin carteles luminosos, un lugar perfecto para desaparecer, para beber el aburrimiento que brotaba los domingos de su ombligo. Entró como alma que lleva el diablo, o como diablo llevando almas. Pidió una habitación. Cogió del mostrador la llave con el número 100 grabado en corcho. Subió las escaleras haciéndolas crujir, todavía sin aliento, con el pulso acelerado. Abrió la puerta. Echó el cerrojo. Bajó las persianas. Agitado. Se sentó en la cama con la cabeza entre las manos. Mirando al suelo. Cansado.
Cuando levantó la cara vio un espejo colgando enfrente de la cama y reflejada, con la cabeza entre las manos, una marioneta antigua que finge ser feliz.


Corriendo y tan feliz...
Jaque mate
Game over

02 noviembre 2007

A MORDISCOS DE PIRUETA...


Anoche te mordí los caprichos
repletos de verdades
que deseosos gritaban mi nombre
en la profundidad de tus lunares.
Anoche a dentelladas serené tu cuerpo
al ritmo del violín de Sherezhade.
Una y otra vez...
despacio.


Anoche desgarré tus ropas y demás curiosidades
con más pasión
que el duelo de gemidos
y botones contra el suelo.


Ejerce de reina de las nieves,
haz con la nata de tu cuerpo un nido
que yo haré de corredor por tu vientre.


Tu y yo nos fundimos en la anarquía
indomable del universo de tus pecas,
insúltame, sácame de quicio,
que yo haré acrobacias de la lengua mía
sobre tu boca a mordiscos de pirueta.


Anoche el rojo colonizaba tierras de nadie,
tus vicios y mis piruletas
mataron inocentes por un poco de aire.
Y agonizando,
de fondo,
el violín de Sherezhade.


Haz de mi espalda un lienzo,
hambriento...
Mientras te araño, mientras te grito,
píntame un cuento
sin salirte de los bordes de mi cuerpo.


Anoche mis motivos derretidos
se vertían por tus comisuras,
el carmín deshacía las costuras
de los pliegues de tu cuerpo masticado.


Utiliza de cajones mis encías,
susúrrame al oído aquello que decías
mientras el violín siga sonando,
mientras mordiscos de pirueta sigan llenando
el vacío que desahucia mis pupilas.

Muérdeme pronto que mi piel te es adicta,
fíate de dientes de convicta y café,
tu huella se queda en mi como una ristra de tinta,
pero no me pienses vestida el día después.
De lunes sediento de tí por todos los bares,
fundo tu aliento con cruces peatonales.
No me ataques a destiempo, tan adentro...
Ábrete en el pecho los canales, ábreme en silencio, voy subiendo...


Por JL en los afelios y Adicta a cruzar en rojo.

Un placer resonante y vital
desvariar a medias contigo,
coincidir queriendo y sin querer.
Caidas libres sin motivos
a mordiscos de pirueta.
Un placer a medias contigo.
Un placer y un beso rojo...

28 octubre 2007

QUIEN ES QUIEN

Corrías quemando la acera con la planta de los pies. Con los pulmones helados como dos globos suicidas a punto de estallar. A punto de escupir el corazón por la garganta. Corrías arañando el aire con tu barba de tres días y tus ojos de dos mil.
Corría sin fundir los tacones de cazar en la viscosidad de los bordillos. Perdiendo pestañas que se enfrentaban a la dirección del viento de ciudad. Con los labios ardiendo de rabia y los muslos a diez metros de mí.
Aullabas a la libertad de los instintos. Al ansia puta. A los arañazos que se lamen solos. Al poder de los dientes desatados. A las zarpas sin alianza. A los pelos sin lengua y el idioma de sólo dos vocales.
Invocaba al poder de la pistola enganchada en una liga. Al cetro de charol. Al rojo de la sangre de quien corre a cuatro patas. A tu cabeza colgada en mi pared.
Corríamos sin rumbo, sin casa, sin saber. Corríamos sin aliento, sin miedo, ciegos, con ganas de algo, por calles perpendiculares y oscuras. Con la luna llena de bombilla, blanqueándonos la piel y la locura.
Llegamos con las piernas temblando al cruce de tu acera con mi asfalto. Te paraste en seco, clavándote las uñas en las palmas de las manos. Me paré a medio pie de tu nariz. Apreté los dientes, como en un pulso de rocas, soltando escalofríos por la nuca.
Me agarraste de la muñeca sin decir nada, mirándome fijamente a los ojos. Sumaste dos mil diecinueve, y surcos de tres días en la córnea.
Me dejé agarrar y echamos a correr como cuerpos sin alma. Con el reflejo a la velocidad de la luz en los escaparates. Dejamos atrás farolas, hoteles, puertas y ventanas. Respirando fuera de las afueras. Corrimos hacia donde el horizonte no se cose en vertical, y los grillos se rompen las cuerdas vocales.
La luna se fundió en una subida de tensión después de horas alumbrando gemidos.
Amanecimos con rocío en los párpados y un nudo de doble lazo, piernas y brazos.
Tú... arañazos de los que se lamen solos en la espalda y huellas de colmillos en el cuello.
Yo... una bala de plata en el abdomen y ojos de loba sin luna.
Amanecimos preguntándonos de quien sería la cabeza y de quien la pared.

19 octubre 2007

SEXO ESCÉNICO


Encendida cuando apagas la lámpara de pie
Quien se queja del sueldo del perchero
Un kilo de trozos de labio mordido por el suelo
Síndrome de “quiero que sea ayer”

Eres un lobo aullando pentagramas
Hay huelga de ruedas, cama y cabaret
Y yo escapada en el express...

Que puta maravilla los modales de la vida
Se licenció en sacar de quicio y vino bueno
Ganas en botella cosecha del 73, menú del día
Que bien sabe el café, perdido el norte en 1,20

Eres un lobo aullando pentagramas
Hay huelga de ruedas, cama y cabaret
Sexo escénico de ayer
Y yo... hoy en el express

Y no me grabes, me escapé sin neceser
Puedo vivir en una caja de cerillas

Siempre que alguien incendie el cielo
Matando el mono de arañazos formato mp3

Eres un lobo aullando pentagramas
Eres un lobo aullando pentagramas...



Rivas 18-10-07

15 octubre 2007

DESCONOCIDOS

Te miraba fijamente a los ojos, como quien clava un dedo en un bote de miel con la esperanza de encontrar abejas asesinas en el fondo. Buscaba el sabor de los aplausos premiando la credibilidad insolente que nunca me ha costado maquillar, mientras adornaba el silencio con la densidad aceitosa de un cruce de piernas. Tu paciencia caía en picado, al ritmo que entraban en un coma reversible tus ganas de escucharme. El humo del bar difuminaba mi falsa sonrisa y las quinientas colillas del cenicero dejaban en carne viva tus pulmones. El tipo de la barra me miraba, alternándome con la copa de coñac que movía de manera casi imperceptible y la luz de la calle moría poco a poco dando paso a la de las farolas. El reloj marcaba una hora y siete minutos más que la última vez que lo miré, cuando entraste por la puerta y te sentaste enfrente de mí sin decir nada, y ninguno de los dos dejamos la lengua libre, quizá porque nuestras bocas no son mayores de edad.
Mis músculos se movieron llevándome con ellos y la silla se quedó sola. Me abroché el abrigo y rocé tu cara con los labios, como quien besa un aguijón o una casita de naipes.

Mientras apagabas el último cigarrillo me alejaba por la Avenida Italia pensando en todo lo que no decimos desde que nos hicimos desconocidos.

09 octubre 2007

Me pierden los continentes
Remolinos
Lengua ardiente
El silencio a ti te come
Madera
Polo norte
No cambio el contenido
Ya no hay nada que perder
Ni gano nada contigo
Pero juego a Frankenstein
¿Sientes algo humano?
Y yo experimentando...
Te regalo lo vivo si hace falta
Tiendo manos
Esta vez sin carcajada
Y siento los continentes
No te asustes
No reavivo
No es sadomasoquismo
Es sólo archivo
Papeles sin arrugas
Con el mismo contenido
Y sienta bien
Que sé que lees
Cuando te digo
Que lo siento,
Me pierden los continentes
Pero no los contenidos...

01 octubre 2007

"Sabía que vendrías..." ESCRITO EN LA MESILLA

Tendría una visita a las siete. En punto. Ni antes ni después. Llegaría cuando la aguja derretida del reloj del salón apuntase al número de los pecados, cuando los pecados derretidos apuntasen a un número infinito. Sus ventrículos se lo dijeron en Braile. A las siete, él vendría y ella estaría lista.
Se desnudó, como arrancándose un envoltorio artificial, un aislante del tacto que tocaba su cuerpo sin permiso. Tiró con fuerza la ropa interior al suelo. Le esperaría desnuda...
Fue matando una a una las horquillas de su pelo, hasta que una melena oscura cayó en picado al epicentro de su espalda, moviéndose con cada giro, acariciando sus hombros. Libre. Le esperaría despeinada...
Cogió el perfume en forma de manzana, con tapón de plata engañosa, como el nácar engañoso de sus dientes o el azabache engañoso de sus ojos.
Vaporizó manzanas dulces en su nuca, en su escote, en el pliegue de los codos, se frotó las muñecas y se rozó suavemente el ombligo con ellas. Le esperaría oliendo a fruta...
Caminó hacia el espejo del baño y se perfiló los labios en un rojo intenso. Rellenó cada pliegue con carmín masticable.
Bajó levemente las persianas, volviéndose un poco diosa, creando de sus manos la penumbra.
Encendió siete velas, que colocó delicadamente, señalando el camino hacia su dormitorio y dejó entreabierta la puerta de la calle. Siete menos cinco.
Escribió una nota que dejó en la mesilla y se tumbó en la cama impregnando las sábanas suaves con el aroma de su cuerpo, taladrando el colchón con su pulso galopante, disolviendo el silencio con los gritos de sus ventrículos en Braile.
El fallo cardíaco llegó a las siete en punto, abrió la puerta y el aroma a fruta fresca le acompañó mientras seguía un camino de velas...

24 septiembre 2007

A RATOS


Me apeteces a ratos,
intercalado tú y tu pecho
entre el silencio taquigráfico de mi sexo
y el gemido de los buitres
que viven en mi alféizar.
Me apeteces a ratos
infinitos,
circulares...



Fotografía de Aitor Martín

17 septiembre 2007

CAÓTICA YO

Caótica yo, cuando entendí que el caos no era amor
Porque me descoloca el olor de tu cosmos, ese sabor
Caótica cuando entiendo que el caos lo llevo yo
En la cabeza, en la puta cabeza...
Caótica, sentada en la estación mientras llueve
Y un remolino de disección aprieta y se mueve
Y lluevo yo, y no sé, y no sé, y no sé...
Caótica de camino, te leo, te releo, sonrío...
Y los carteles me alquilan en las paredes
Salgo y entro en ciencia-ficción, en hoteles
Caótica yo porque el volante me viene grande
Porque las princesas bacanas prefieren flotarse
Porque ahora me siento más tonta, más sola
Caótica yo porque no sé, no sé, no sé...
Porque me escuece el labio y hoy no me he peinado
Por querer controlar, analizar lo que no debo
Por masticar en mil trozos lo que se traga entero
No lo cambio, porque así está bien aunque dé miedo
Caótica yo con el ombligo de almohada
Caótica yo con tu voz a la espalda
Caótica yo con besos en el cuello
Caótica yo, estúpida sin argumentos
Y no quiero
Hoy no mastico
No lo pienso
Es más fácil
Cerrar los ojos
Dormirte cerca
A cuatro brazos
No lo pienso
Hoy no mastico
Cerrar los ojos
Deja que pase
Caótica yo...
Deja que pase

09 septiembre 2007

TE SIENTO AQUÍ


-Odio el sonido del viento que se cuela por las rendijas de la ventana. Parece silbar, gritar que la madera está descolorida, cansada, que se muere por un sorbo de pintura.
¿Es posible que con el tiempo el eco haya crecido?
En cambio las malditas gardenias están secas, casi tanto como yo.

-¿Por qué ya no me miras a los ojos? Estás ausente. Me ignoras.

-Y no es por no pintarlas.
¿Cuántas cucharadas de azúcar le he puesto al café? Últimamente estoy como drogada, no se lo que hago
.

-Tengo frío.

- El café, el café lo cura todo.

-¿Hace cuánto que no hacemos el amor?

-Dos años, dos años insípidos, vacíos. Parece mentira como pasa el tiempo;
y sin embargo las paredes me engullen lentamente, las horas me mastican las ganas, lo de dentro se me muere poco a poco...

-Tengo frío.

-Creo, creo que debería cambiar las cortinas. Un poco de azul le iría bien; como un mar Muerto en la cocina, como mirar olas mientras el estúpido café pierde grados, al mismo ritmo que mi piel pierde tersura, al ritmo que el mantel blanco de la mesa amarillea... Quizá debería dejar de usar lejía. Creo que hay un producto nuevo.

-Nunca te lo he dicho, pero te extraño. Te quiero.

-Dos años, sí, dos años, dos kilos de cenizas, y una urna encima de la mesa del salón.
Dos malditos años hablando sola en la cocina, mientras tomo el café de las cuatro, y sin embargo te siento aquí.

03 septiembre 2007

DESNUDA Y QUIETA

Después de arañar con saña los rincones asfaltados
De vender, de subastar el cariño inocuo que me dan
Después de morder cien corazones para desayunar
Respiración entrecortada, lengua absurda de cristal...
Desnuda y quieta...
Desnuda y quieta...
Y no es más puta la que busca compañía a toda costa
En pliegues de charol, de lata, de latón, bajo la vía
Y no es más puta muerte súbita que intoxicación de vida
El frío no me mata, es el maldito viento en diagonal
Perros vagabundos con dientes de metal de doble filo
Vendiéndonos la nuca, inyectando cicuta en el gotero
Y un te quiero en el tintero para no gastar ni huella digital
Mi yugular a prueba de bomba, de terrorismo personal
Epidemia de poesía sin poeta, lengua absurda de cristal
Desnuda y quieta...
Desnuda y quieta...

27 agosto 2007

RECOVECO



Muerdo un recoveco donde duermen las serpientes de tu pelo
Dale cuerda con tequila
Deja a los mastines de mis muelas que se peguen dos festines
Dale cuerda a la deriva
Que yo pongo bata blanca y las hormigas despistadas, asesinas
Dale cuerda al hormigueo
Que nos vemos en cielos de camas sucias, en mis versos...

23 agosto 2007

ESE PARA TI

Miró tres veces. Tocó. Cogió la roja.
-“Haría trasbordo”- pensó... –“del cuello al sofá y del sofá al suelo...” - Y la dejó colgada del gancho de metal, balanceándose, con la etiqueta mirando hacia abajo, como si fuese una prolongación de su jugosa ambigüedad...
Sí, era roja y de mujer, pero seguramente me agobiaría, me ahogaría y en vez de trasbordo se suicidaría directamente contra el suelo del hall...
Sonrió y siguió caminando por los pasillos brillantes de aquella tienda de ropa con luces estrafalarias y música demasiado alta. Tan alta que crispa, como cuando el de atrás hace ruidos continuados con los dedos en la mesa de un bar cualquiera.
Volvió a sonreír y pensó en copas de vino. Aunque el vino solo no le hiciese mucha gracia y prefiriese las mezclas de maceta y bomba atómica dulzona. En cambio le apeteció una copa, fría y grande, que se burlara de su mano y el carmín se quedara en el borde, tan callando...
Caminaba pensando y sin pensar acariciando de refilón las prendas colgadas en sus perchas, en su aparente y plástica armonía, adivinando las texturas...
Suave, algodón...no tanto...¿licra?, lentejuelas, terciopelo... con ese repelús que le producía el terciopelo...
Y ella siempre directa al rojo como si de feromonas se tratase.
No encontró el vestido que siempre buscaba, quizá porque ya de antemano sabía que no iba dejarse coger, o simplemente porque solo existía en su imaginación... Pero uno le miró desde una percha solitaria con cara de ¿jugamos?
Solo había uno. Talla S. Perfecto. –“Tiene mangas...las mangas son amigas de octubre...”-
Ese de suerte, de salmón, de salamandra...y siguió pensando palabras que empezaran por su talla mientras caminaba despacio hacia el probador, con el vestido entre las manos. Pensaba y pensaba, haciendo una más de esas cosas tontas que suele hacer cuando no quiere que haya nada mejor que hacer... como sumar los números de las matrículas de los coches, como recolectar miradas, como poner el despertador a las siete para apagarlo, darse media vuelta, suspirar feliz y levantarse a las doce o a las dos, o no levantarse y respirar tan hondo y tan lento que los mosquitos que sobrevivesen a sus ataques pensaran que estaba medio muerta.
Ese de sin vergüenza. Se miró al espejo y se rió un poco mientras se desabrochaba el botón del pantalón. Siempre me ha encantado el ruido que hacen los vaqueros cuando como por descuido caen al suelo, pero sin ello...
No le encantaba lo asfixiantemente pequeño del retináculo geométrico, tan iluminado...
Será que siempre prefirió la belleza de las sombras irregulares y el cerebro de Gaudí...
Se quitó la camiseta con sus mangas cortas de princesa, (aunque ella no lo era, ni quería serlo...), camiseta blanca, tan blanca que se peleaba con el color café con leche que había robado en la Barceloneta en un furgón parecido al del Dioni”...
¿El del Dioni? Volvió a reír...más fuerte...pensando que estar loca es tan divertido...
Se introdujo con cierta pena en el vestido por eso de perder la libertad que da la piel desnuda y se ató el lazo en la mitad de la espalda, como un ecuador de quita y pon.
-“Algo hippie, algo corto, tiene algo. Me lo quedo.”-
Se lo quitó otra vez con pena porque los vaqueros amenazaban aún más, con esposas para muslos y tobillos.
Ese de sudando...-“putos focos!”
Corrió la cortina y salió despeinada, un poco más bruja, como siempre que abandonaba algún probador...
Al salir dejó el cubo blanco sin perchas, porque odiaba encontrárselas, colapsando los ganchos de la pared y porque en el fondo era un poco buena...
La música volvió a crisparle las pestañas y volvió a sonreír imaginando un móvil volando por la ventana de un banco...
Ese de silvestre...¿silvestre? Porque el vestido tenía algo verde...sonrisa...
Frunció 30 grados el ceño con cierta resignación y se plantó en la cola, que parecía la de un perro hiperactivo al que no se la habían logrado cortar de pequeño...
Pero era la última y siempre le gustó eso de ver sin ser vista. Colección de espaldas de todas las marcas y modelos...
-“Efectivo? Tarjeta? Efectivo? Joder que indecisa...-
Ese de :¿soportable yo? No, no....
Sonrisa...Que banco será? Servired espero, que las comisiones no me hacen juego con el vestido... Efectivo...
Regaló una de esas sonrisas que regala, como una ONG ambulante, a los dependientes que llevan escrito en la frente “mal día”... quizás no, pero quizás algo alivia...
Y volvió a desandar los pasillos brillantes, canturreando, como una niña pequeña y feliz con cromos nuevos de angelitos y bebes, un poco tonta pero contenta...
Se dio media vuelta antes de salir para guiñarle un ojo a la corbata roja que seguía esperando no se qué en su gancho de metal...
En la calle overboocking , de ese que a ella le encanta, que le pierde entre las calles y la gente, preguntando a la gente por las calles y a las calles por la gente. Tarareando ese de salitre, de ese que se me ha colado en el bikini y del que no me quiero despedir, porque me hace compañía cuando el mar está callado, y la brisa dormida, y no hay pisadas entorno a mi cara provocando ese ruido de arena rozándose, como cuando tienes el oído pegado a la toalla...
Esa ese de sonido que me encanta...
-“Ya está. Pimientos rellenos de queso jamón y piña." -Aunque la piña se la sacó de la manga porque le encanta mezclar dulce y salado.- Ya sé que receta te voy a enseñar...”
Llegó al final de la calle y esperó a que el muñeco verde se esfumase.
Sonrió una vez más porque se sintió capaz de morder una yugular o dos por una copa de vino medio llena, mitad de Coca Cola, y un chorrito de chupito de melón...
Sonrió durante más tiempo de la cuenta, mordiéndose el labio de abajo para no soltar una carcajada y pensó, no sé si en alto o en bajo: “Ese, sí, ese... de un par sibaritas...“



19 agosto 2007

CASI PERFECTO

Los huecos color crema quedaron reducidos a zonas restringidas para la mayoría de los tactos.
El canela había colonizado todo lo que el sol rozó sin permiso y con cuidado. Había ganado la batalla y ahora brillaba con el brillo con el que sólo sabe la piel mojada, cuando el agua de mar resbala por caminos sin asfaltar, cambiando de opinión y dirección en cada curva...
La arena de la playa gemía a mi paso y los restos de conchas molidas retozaban enviando destellos, como despidiéndose de un viaje sin vuelta.
El agua helada despertaba los dedos de mis pies y la brisa sacaba a pasear un par de rizos castaños que chocaban muriendo en la mitad de mi espalda para luego volver a levantar el vuelo...
Era una cala en forma de luna, pequeña y desierta, con una especie de cabo rocoso infiltrándose en el mar.
Las rocas negras hacían dibujos que invitaban a seguir, a saltar, clavando los pies para llegar un poco más allá, donde el agua choca indignada, espumada...como nata montada en una tableta rota de chocolate negro.
Él estaba sentado...con los ojos color mar perdidos en un punto infinito que dividía el horizonte en dos mitades. Un punto que se mudó a mi ombligo.
Mechones de pelo rubio alborotado seguían órdenes del viento y el salitre en sus hombros parecía oro en polvo.
Me senté a su lado sin decir nada. Después encima. Después debajo.
El sol descendía al mismo ritmo que su mano en mi espalda, que su boca en mi cara y sus dedos en los pliegues de mi cuello.
Su respiración agitada fue perdiendo fuerza poco a poco, como a mi me gusta...como el gas en una botella de cava, hasta que simplemente dejó de respirar.
Me levanté sin decir nada, atusándome el pelo con los dedos, mientras le miraba rendido en la arena, mientras pensaba que hubiera sido perfecto si tantas horas fuera del agua no le hubiesen matado.
Hubiera sido perfecto si las escamas de su hermosa cola hubiesen hecho juego con el color de mi ropa interior.

11 agosto 2007

ALERGIA AL GRIS

Viviendo a saltos
de polo a polo en una pila...
Definitivamente...
alergia al gris.

07 agosto 2007

90% DE CORCHO

Un pellizco más de espanto no es pa' tanto tonto...
Que es como si nada..., que no es insulto,
que es descripción innominada...
a las cuatro de la mañana y sin tequila
y yo sentadita en la cama.
Tan absurdo que la desgracia me hace gracia...
Y un: Ja! en el espejo,
y dos, y tres, y cuatro,
que de muñeca de trapo nada, monada.
Y yo, tan educada...
Y tú, tan pinocho...
10% lana de lobo, 90 de corcho.
Que la desgracia de lo absurdo ¿Sabes?
Me hace tanta gracia...
Que lo bueno se quedó haciendo bolillos,
como la carne que hay entre los dedos,
muriendo sin crecer en el intento...
Y Almodóvar caído de culo en el suelo.
Que sí...que sí...que muy sincero...y yo muy rubia...
Agua de geranio hasta las seis y cuarto,
y sonrisas de vendedor de enciclopedias,
y el alivio de lo absurdo ya no a medias...
Que esto del espanto no es pa' tanto,
que me río y ya no hay río ni riachuelos.
Alguna que otra cara de mochuelo con pata coja de ego...
¿Te mordí? Lo siento. Bueno, no... ¿Tú sí?

05 agosto 2007

EN LAS RAMBLAS...

Se abre la veda de caza de ojos
en las Ramblas y en mi boca
los antojos se visten de praliné rojo y café…
Y la cafetera, en los tobillos, a dos cuarenta
por una carretera de espalda y piernas,
sin mano en el freno,
sin freno en las manos…
Y el calor bebido en los rellanos
invitando a colchón y compañía,
baldosas lascivas, inyección de sangría,
maleta cosida en el bolso del pantalón…
Colocón de miradas en vena de Rambla,
baile sin salón, tacones gastados…
Talones malcriados de usar y tirar,
paladar de casa real, dientes republicanos…
Y en las Ramblas cruzando…
Y las Ramblas sudando conmigo…
Y las ramblas retozando en rojo…
Y en las ramblas caza de ojos…
En las Ramblas órdago y envido...

22 julio 2007

LAS DAMAS PRIMERO


La bombilla del baño agonizaba en código Morse. Parpadeaba a ritmo de marcapasos a punto de explotar, intercalando luz ictérica y tinieblas sobre la piel de mis hombros.
El suelo estaba helado y hambriento y el lavabo me lanzaba miradas asesinas y alaridos por la presión que ejercían mis manos en su boca.
La cuchilla tenía voz propia y unos labios rojos sonreían de manera intermitente al otro lado del espejo.
Unos ojos negros, en busca y captura, amenazando el infinito...
La cuchilla tarareaba una nana que me inundaba los oídos.
Los labios cínicos eran sólo marionetas con hilos cosidos a las comisuras.
El metal se colocó entre mis dedos, y hablaron el mismo idioma...
-¿Donde?
-En la izquierda.
Un hilo de sangre dibujó lagunas en el suelo.
El techo me miró en horizontal.
La bombilla expiró su último aliento y me dejó pasar diciendo:
Las damas primero...

15 julio 2007

PUZZLE



A ratos se contraen los hilos
que atraviesan los tejidos
de piel viva en mi cintura.
A ratos mi caricatura
flota encima del colchón.
A ratos carne de cañón,
vendiendo verso o beso,
con lengua de contrabando.
Doble fondo en el cajón
de los sueños raros.
A ratos huelo a café,
y no llevo nada debajo.
A ratos descolocada
como una pieza de puzzle barato.
A ratos sístole y touché,
diástole y labio de trapo,
sangre potable, sílaba rota,
vivo deseo, muerto de infarto.
A ratos desorientada
como una pieza de puzzle barato.

Fotografía de Aitor Martín
A Aitor por los cafés con Baileys,
por los kilos de paciencia,
por lo mucho que me muevo...
porque es un placer posar contigo.


07 julio 2007

LO HICE


Podría haber vuelto desnuda a casa.
La avenida estaba tan sofocantemente desierta que los únicos ojos perdidos en mi espalda eran los de las farolas. Su luz anaranjada jugaba al claroscuro desbordando los recovecos que dibujaban mis clavículas, al aire, gracias a un vestido vacío de tirantes. Un vestido de largura regulable, de cuarto menguante que había llegado al límite de la palabra muslo, al inicio de la palabra multa. Un vestido con el bajo cosido a la carótida interna.
Podría haber vuelto desnuda a casa porque a esas horas de la madrugada las almas duermen con nocturnidad y alevosía, pero solo me quité los tacones y las ganas.
La acera templada era una especie de antídoto para el dolor de pies y el de ombligo insatisfecho...
El termómetro de la esquina dijo 29, yo le contesté:” No gracias, ya tengo…”
El cielo tenía un color extraño, hipnotizante, dictador, que me obligaba a ir cada vez más lento, posando las pupilas en el arte abstracto de las nubes, que tanto me excita… en las hojas de los árboles y su danza inquietante, adictiva…
Un mechón me hacía cosquillas en la nuca, me sisaba esa marca de sonrisa que monopolizaste hace doscientos días, y que ya no está en el mercado, por tu afición a poner fecha caducidad a los orgasmos.
Podría haberle dado mi verdadero número de teléfono al tipo de aquel bar, después del largo rato que pasaron sus labios escondidos entre los músculos de mi cuello, pero no quise...
Y habría vuelto a casa acompañada, pero no quiero...

Porque me gusta demasiado el decorado… ser la protagonista de una escena típica de película mala de terror americano, en la que la chica vuelve sola a casa enseñando más trozo de pierna de la exigida por el guión, (que no por el guionista), esa escena en la que se oyen pasos, ella mira hacia atrás, sale el monstruo y se la come. O la protagonista de una buena película española, en la que aparecería un tipo con mirada diferente, fumando un cigarrillo, se acercaría y me diría dos líneas hablando de Freud y siete de Dalí que desencadenarían gemidos el resto de la noche en alguna habitación de hotel, con desayuno incluido de trozos de piel, y mermelada de melocotón, con un mensaje de pintalabios en el espejo del baño y salida furtiva de puntillas por mi parte, sin que se despierte el tipo que envió Almodóvar...
Podría haber vuelto desnuda a casa, de hecho, lo hice...

30 junio 2007

DIFERENTE

Busco algo diferente a indiferencia...
Cansada...ya cansada...de ojos de alterne, copa fácil caducados antes de que un rato cuente cuatro letras...
Cansada...de bocas saturadas de cumplidos hechos vale en una esquina de McDonalds...
Algo diferente a indiferencia cuando muerda un labio, cuando los verbos dejen de ser tristes, cuando tenga ganas de renunciar a las ganas que te tengo...
Y me pinto las uñas de rojo para pensarme lo que toco, porque no quiero que gane el color carne cuando sólo estoy con nadie.
Y el tacto de la manta, el lápiz que se piensa ombligo de mi mano.
Joder!.. busco algo diferente a indiferencia, y no lo encuentro en monstruos de azulejo blanco y espejos de ver doble...
Y no lo encuentro en cafés descafeinados luchando cuerpo a cuerpo contra cuellos retorcidos de cerveza, ni en un sofá de ele minúscula y divorciada...
El tiempo se escapa arrastrando sus caderas agridulces...
Las horas merengadas resultaron ser publicidad engañosa...
Si me duermo despierto indiferente...
Si muero... ¿muere la indiferencia?

23 junio 2007

COLGANDO



El día del juicio final
cambiaron
el hábitat natural
de mi cuerpo
por una eternidad
matando el vértigo
en el pomo de tu puerta.
El día del juicio final
ambas decidimos
morir
colgando...

17 junio 2007

EL PESO DEL ARTE

Nunca me dejas pintar, porque prefieres pintarme.
Colocas estratégica y delicadamente cada pedazo de mi cuerpo en ese sillón rojo, en una armonía que roza sin querer con lo divino. Me colocas cada dedo, cada pierna, cada gesto, y cada vergüenza... Me colocas de manera que mi piel se funde y se pierde en los pliegues de la tela roja, que a pasado a ser uno de mis órganos vitales.
Te separas y me miras satisfecho con esa sonrisa entre pícara y malvada, diciendo que la ropa no está hecha para mí, que usarla es un pecado capital y que un día de estos iré al infierno…
Le pones la guinda a tu obra en forma de manzana equilibrista, en una curva en mi cadera, colocas una suicida indecisa y temblorosa a la que más tarde pegarás un bocado, porque te encanta el pecado…
Mis ojos y el blanco del lienzo se pelean a muerte por la posesión de tu mirada. Dos a uno. Tres a dos. Pierdo yo. La revancha…
El aire se emborracha de un olor intenso a óleo. Las cortinas se marean. Y los latidos en mi pecho crecen de forma exponencial, como los intentos de suicidio de la fruta, que se tambalea cada vez que recuerdo respirar.
El muro del caballete hace que parezcas un caballero andante y yo, al otro lado, una princesa exhibicionista.
Las pinceladas cortan el aire y la respiración, la digestión a trozos.

Mezclas colores ajenos, inventas texturas que tienen sabor propio, deslizas el pincel y la mirada cuesta abajo en mis rodillas…
Mezclas, pintas, respiro, la manzana tiembla, respiro, mezclas, el aire se condensa, pienso, piensas, miras, miro…
Se chocan ojos de la misma especie, con las mismas ganas... El pincel accidenta estrepitosamente con el suelo, dejando una mancha de su sangre aceitosa en el parqué. Y empieza el arte. Y la morena del lienzo me mira con odio porque he vuelto a ganar, porque has vuelto a dejarla a medias...
Castigas al sillón con el peso de tu cuerpo, con tus 27 puntos cardinales, que nunca me parecen demasiados...
Te despojas del pecado capital de la camisa y de todo lo demás. Das un empujón definitivo a la manzana indecisa que acaba saltando al vacío. Me sacas de la armonía preestablecida y me introduces en otra de la que no quiero salir, porque me vuelven loca tus cuadros en movimiento circular.

Me taladras el doble fondo de los ojos, haciéndome agujeros por los que se me escapa lo que pienso. Y tus dedos hacen turismo en mi pelo. Y gritas, y respiro, y grito y respiras y el sillón gime como rezando su última plegaria. Aunque sabe que no será la última vez que el peso del arte haga crujir su esqueleto de madera.

11 junio 2007

SILENCIO DE GÉNERO

Todo en silencio.
Calma.
Un flujo de brisa salía de sus labios rosados.
Él la miraba hipnotizado, odiando el ángulo perfecto que formaba el embozo de la sábana con su pecho.
-"¡Puta!", pensaba... "Las putas también duermen."-
Silencio.

Él la miraba fijamente y la sangre golpeaba en sus sienes como perros rabiosos. Borbotones de veneno le obstruían parte de la aorta y ese trozo de cerebro que nos hace medio humanos. Un puñado de sudor en cada mano.
-"Te gusta el morado puta, lo sé…"-
Silencio.
La brisa seguía saliendo de sus labios carnosos.
Se acercó con paso de lobo y respiración asfixiantemente entrecortada. Rompió de un zarpazo la armonía de su cama y el tirante fino de su hombro quedó desintegrado.
Grito.
Agudo, ahogado, inexistente.
Latidos.
Notó cada músculo caliente de su cuello en la palma de las manos, revolviéndose como gusanos.
Arañazos.
-"¡Zorra!"-.
Y sus ojos de princesa intentaron irse a vivir fuera. El morado corría usurpando sus labios... Las lágrimas muertas de pánico en la almohada.
Calma.
Ya no hay brisa.
Silencio...
Las cinco y cuarto.
-¿Vivir sin ti, puta?-.
Gatillo.
Todo en silencio.

02 junio 2007

08:30


Es entonces cuando la muerte súbita me arranca la piel de la nuca.
Se me cuela en la garganta trenzando tres cuerdas vocales corruptas y me hace añicos el cristal de la retina…
Bucea en mis pulmones encharcados…
Habla a gritos, rasgando trozos de tímpano desgastado, matándome el silencio y sumando la locura que restaba en la esquina de la lengua, en un rincón entre mis piernas…
Me oprime con los dientes las entrañas, masticándome la calma, girando a la derecha cuando llega a la cintura...
Pinta lazos con mi tubo digestivo, envenenado de paciencia...
Se encarama a las puntas de mis venas haciendo que toquen el suelo, que jueguen con ruletas de fuego en su boca taciturna, tan vacía de vida…
Y es entonces… cuando la muerte súbita me acompaña hasta la cama… y me susurra:
“Hasta mañana, yo sólo trabajo de día…”

27 mayo 2007

SUTURAS




Dos a cada lado…
Tanto yo como el espejo pensando
que era un punto más en la lista de defectos,
tan perfectamente imperfecta...
Y toda una vida sin saberlo...
Un adjetivo posesivo más llevado a cuestas,
dándonos la espalda...
Un vestigio de alma inquieta,
jugando con los pies en el alféizar,
mirando nunca al suelo y viceversa,
guiñando siempre un ojo a las alturas…
Porque tuvimos alas,
tan cosidas a la espalda,
que aún nos quedan las suturas...

21 mayo 2007

ESTÚPIDOS PECES


Eres como una maldita sala de espera. Tienes, como tal, las paredes del abdomen desteñidas por dentro de un blanco estridente, no se bien si por el paso de los años o por la lejía que destila tu esófago...Tu regazo se me clava entre la séptima y la octava costilla, porque es una incómoda silla de sala de espera. Un regazo de metal, sicodélico y vanguardista... salpicado estratégicamente de aristas, obra de un tal Belcebú. Conviertes el tic tac en una saeta macabra mientras los peces de tu acuario danzan sumergidos en ron con limón. Y las cortinas, impregnadas de un olor indiferente, describen semicírculos al compás que marca el ventilador, ya casi obstruido por el polvo que acumulan tus lacrimales. El revistero del fondo está empachado de macedonia de papel couché y restos de periódicos de ayer...
Eres una maldita sala de espera y yo su absurdo epicentro.
Si cierro los ojos aún puedo verte...viajas desde la cama hacia la puerta, desnudo y vulnerable, un poco más demacrado, más viejo que la última vez...Mueves la pequeña calva que te ha nacido en el sureste de la barba para preguntarme cómo quiero el café (como si en verdad me importase) "cortado"... me informas de que le vas a echar una cucharada y media de azúcar (como a ti te gusta) y te diriges decidido a bajar a la cocina colocándote algo de ropa...
Dibujo y desdibujo ovillos en tus sábanas hasta que sube por las escaleras el aroma del café recién hecho. Me enfundo en una sudadera XL que cuelga de una silla y que me cubre sin esfuerzo medio muslo. Doy dos vueltas a cada manga, tienes los brazos largos... mientras me coloco el pelo en el espejo pienso que afortunadamente nuestras ojeras no son de la misma especie...
El suelo está frío, las escaleras...aún templadas...
Del café cortado a despedida de estación y de la estación al epicentro de silencio congelado...Abro los ojos y vuelvo a esta puta sala, las paredes blancas me taladran las pupilas. No sé qué espero. No sé si hay algo que esperar...Cada diez tic tac pregunto a los peces dónde está la salida, pero es inútil...El cristal de tu acuario es muy grueso...y los peces no saben hablar.

14 mayo 2007

YA NO

Disociándome en las ramas de la entrada a lo profundo,
gritando...que no quede nada que palpite, que viva mas de un segundo y caminen los pasos sin mí.

De susurros desgarrados,de ese vado permanente en tu vida, en tu mente...
Del aforo limitado de mis sueños, que duermen de día y de noche no viven, de tu boca de caverna, de los locos que se cuelan entredichos, entre dientes, entremedias, entre mis medias, entre lo que hay entre...
Ya no encuentro, ya no busco, ya no resumo a la gente...



ATENTO

Atento...
sobresale...
sobre el suelo,
sobre el tacto del sendero.
Sobrevivo,
sobredosis...
Bajo el sueño el inframundo,
el infrasuelo,
un sobre cerrado sin sello...
Mi infracielo,
sobrellevo,
a ratos... inframuero
Atento...

DOCE MENOS DIEZ

Rojo...oscuro...profundo...
tarado,
siete menos cuarto,
cuento doce menos diez en este cuarto.
Rojo...ya mas claro...
me quedo hipnotizada,
son siete los agujeros negros de tu espalda.
Rojo...y son casi las ocho...
el frío se me clava en las entrañas
me acerco...
Claro, cada vez mas claro...
subes y bajas la mano...
Nueve y suena ahogada una sirena,
los fantasmas se nos cuelan en el fondo de las piernas.
Abro, cierro, ya te has ido,
la ropa sigue acordándose del ruido.
La luz del ascensor sigue hablando sola...


FILIAS

Fobias de filia y duende,
fobias de serpiente con falda y sin medias,
que coño de miedos en las uñas
que sin dedos
hurgan en piernas
que viajan, viven, duermen en asfalto de sexos,
seguramente asegurados...
de haber vendido el seguro...
Puta,
hija de puta fobia,
cuando apareces de urgencias y te ríes de lo absurdo,
cuando mezclas alcohol y tu ciencia.

FIESTA EN LOS BOLSILLOS


Las luces de la calle son algo más odiosas cuando te abren con embudo las pupilas.
Las baldosas amarillas se engarzan en los talones surcando el límite entre el amor y la cordura...
Y esa fiesta en mis bolsillos resultó ser funeral amortiguado con sábanas rojas. Hay veces...en que el dolor de cabeza es en realidad el de corazón codificado...
Y esa fiesta de disfraz en mis bolsillos...uno para cada ojo y para cada día.
Y esa fiesta en mi cara de muecas que resbalan sin motivo o por pereza de sumarlos.
Tanta excursión a las mejillas de lágrimas huecas...
Tantos dias muertos por el síndrome de la siesta...
Tantos cadáveres en los bolsillos que no supieron donde era la fiesta...